Por Esther Riveroll

Las escenas de la pandemia de coronavirus (COVID-19) en el mundo me recordaron a aquellas referencias que hacían algunas personas a películas en donde surgían virus en algunas regiones asiáticas, y que al paso de los días se extendían por el mundo acabando con la población de diversos países.

Sólo entonces me pregunté: ¿qué tanto hay de cierto en esos pasajes de ciencia ficción? ¿Será necesario que, ante el avance del coronavirus o de cualquier otra epidemia como el SARS o el AH1N1, se detengan todas las actividades, aunque eso implique poner en riesgo a cualquier economía?

No concebí un escenario similar, pues, aunque no elegimos cuándo o de qué enfermarnos, tenemos en la tecnología a un gran aliado que garantiza nuestra capacidad para informarnos, realizar trámites, hacer compras e incluso tener acceso a servicios médicos gracias a la aplicación que se ha hecho de sistemas de Inteligencia Artificial (IA), de Internet de las Cosas (IoT), Realidad Aumentada (AR) y Realidad Virtual (VR), el Cómputo en la Nube, el Blockchain y la Robótica, además de poder realizar conferencias virtuales y trabajar desde casa.

En los últimos días, la crisis por el coronavirus forzó a los mandatarios de Centroamérica a reunirse de manera virtual y por teleconferencia para evaluar la problemática en la región, donde se pactaron acuerdos para la colaboración entre los países, de manera que se identifiquen casos sospechosos en las fronteras y se fortalezca la comunicación entre las naciones para atender la emergencia.

Las contribuciones de las tecnologías para atender esta pandemia son evidentes: algunas fueron desarrolladas en los últimos años con otros fines y sólo se han adaptado a esta crisis sanitaria, mientras que otras han emergido de forma creativa.

Hablando del aprovechamiento de las tecnologías existentes, los aeropuertos ya emplean cámaras térmicas como herramienta no invasiva para facilitar imágenes de las emisiones infrarrojas de cada uno de los cuerpos de los pasajeros que abordan o descienden de los vuelos, para así detectar uno de los síntomas del COVID-19: la fiebre.

En aquellos países en que se ha solicitado el aislamiento de la sociedad, los drones han sido de gran utilidad para el traslado de paquetes y medicamentos sin que se fomente el contacto humano.

Y aunque ya hemos observado el uso de Robótica e IA aplicadas en los negocios, en la búsqueda de alternativas para contener y frenar los contagios se han generado robots con fines de desinfección de zonas de alto riesgo de contagio y otros más para repartir comida dentro de los hospitales en donde se atienden a personas en cuarentena.

Otra tecnología de gran utilidad es la de las telecomunicaciones, al facilitar la generación de videollamadas con fines médicos, acción conocida como telemedicina, ya sea para brindar consultas a distancia, o para monitorear de forma constante a pacientes que han ingresado a un centro médico.

Y no podemos dejar de lado al teletrabajo y los esquemas de home office, donde la tecnología permite hacerlos de la misma forma como si estuvieras en la oficina, para  disminuir el contacto humano y evitar contagios.

No siempre hace falta crear cosas nuevas, sino que basta con aplicar conocimientos antiguos a contextos novedosos. Estoy segura de que algunas soluciones se mantendrán, pues bien lo dijo Charles Darwin: “Quien sobrevive no es el más fuerte ni el más inteligente, sino el que se adapta mejor”.

Esther Riveroll es fundadora y directora general de Alldatum Business

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