Por Bridget Hoffmann y María Paula Medina Pulido 

Un nuevo coronavirus está arrasando el mundo y, como una de sus consecuencias, la contaminación del aire de muchos lugares está disminuyendo. Considere el caso de Chile.

El 3 de marzo, Chile anunció su primer caso confirmado de COVID-19El 18 de marzo, declaró un estado de catástrofe, y para el 25 de marzo, el número de casos confirmados en el país había superado los 1.000, con casi el 60% de los casos presentados en la región Metropolitana de Santiago. En un intento por frenar la propagación del virus, los gobiernos nacionales y locales han cerrado escuelas y fomentado el teletrabajo. Cines, restaurantes, bares y clubes han cerrado también y el 22 de marzo, entró en vigor un toque de queda nocturno. Desde el 26 de marzo, siete comunas del área Metropolitana de Santiago se encuentran bajo cuarentena obligatoria.

Estas restricciones han alterado la vida cotidiana de las personas y han detenido la mayor parte de la actividad económica. Pero, en las últimas semanas, Santiago también ha experimentado una disminución constante del monóxido de carbono (CO), que está relacionado con el tráfico de vehículos, entre otras causas (véase la figura 1). Los residentes, al parecer, han estado disminuyendo sus desplazamientos, probablemente debido a preocupaciones por el coronavirus en las últimas semanas, y ahora están cumpliendo con nuevas restricciones de movilización.

Figura 1: Monóxido de carbono diario en 2020 relativo a 2010-2019

Monóxido de carbono diario en 2020 relativo a 2010-2019

Todas las estaciones de monitoreo de la calidad del aire – Región Metropolitana de Santiago

Fuente: Cálculos del BID en base al Sistema de Información Nacional de Calidad del Aire (SINCA) de Chile

El material particulado, relacionado con el tráfico vehicular, la industria y la manufactura, entre otras fuentes, también ha estado disminuyendo durante este período de tiempo. Tanto el PM2,5 como el PM10 han mostrado una tendencia a la baja (véase la figura 2), lo que indica que la actividad económica ha caído desde principios de marzo.

Figura 2: Material particulado diario en 2020 relativo a 2010-2019

All air quality monitoring stations – Santiago Metropolitan Area

Material particulado diario en 2020 relativo a 2010-2019

Fuente: Cálculos del BID en base al Sistema de Información Nacional de Calidad del Aire (SINCA) de Chile

Desde una perspectiva ambiental, esto no es motivo de celebración en sí mismo. Tan pronto como la vida vuelva a la normalidad, los niveles de contaminación del aire probablemente volverán a los niveles anteriores. Pero aun así sigue siendo una buena noticia. Los altos niveles de contaminación del aire están asociados con el aumento de ingresos hospitalarios por enfermedades cardiovasculares y respiratorias. En Santiago, por ejemplo, se ha demostrado que la contaminación del aire aumenta el número de visitas debido a síntomas respiratorios leves y fuertes en más de un 10% y un 7%, respectivamente, en algunos grupos de edad. También se ha demostrado que algunos contaminantes del aire aumentan la probabilidad de hospitalización debido a complicaciones de la diabetes.

Por lo tanto, una menor contaminación del aire, especialmente durante los próximos meses, cuando la contaminación del aire alcanza típicamente niveles peligrosos, significa menos episodios de enfermedad. Esto libera clínicas médicas, suministros y personal que tanto se necesitan para los pacientes con coronavirus. Y aunque estos representan una fracción de los recursos que se necesitarán en última instancia, todavía podrían marcar una diferencia.

El coronavirus representa una amenaza única para la salud y el bienestar de los chilenos, así como para cientos de millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, al menos a corto plazo, la reducción de la contaminación debida a la disminución en la movilización y en la actividad económica puede ayudar a algunas personas a respirar mejor.

*Este texto se publicó originalmente en el blog del BID