Por Xavier Pires

La pandemia del COVID-19 está siendo un verdadero examen en cuanto a la eficacia de las diferentes estrategias que utilizan los países para hacer frente a la misma. Desde que inició a finales del pasado año en la región de Wuhan, en China, algunos países han querido anticiparse al daño con diferentes acciones que quizás no han sido tan exitosas como se habría deseado, otros han aprendido de esas naciones y han podido rectificar algunas de esas estrategias y muchos otros han tomado medidas totalmente diferentes obteniendo resultados dispares.

Desde China hasta Italia y España, pasando por Estados Unidos, Brasil o México, hemos visto las diferentes formas de frenar a un enemigo común, y aunque todavía es pronto para saber cuál es la manera más acertada, poco a poco se puede vislumbrar la hoja de ruta de cada nación.

Pero, ¿y cómo está siendo la estrategia de las empresas? ¿Cuál es la mejor táctica en estos tiempos de crisis?

Las compañías que están logrando ganarse el favor de la población son aquellas que realizan acciones desde el propósito, no desde la donación puntual, sino poniendo su negocio al servicio de la situación de una manera ágil. Algunos ejemplos muy claros los estamos viendo actualmente en España con dos grandes compañías. Por un lado, la adaptación de las líneas de montaje de SEAT para la elaboración de respiradores para los centros hospitalarios. Según un comunicado de la empresa automovilística, este proyecto fue posible gracias a la colaboración solidaria de sus empleados, quienes cambiaron su lugar habitual de trabajo para ensamblar los respiradores donde antes montaban partes del modelo León, y todo esto en un tiempo récord de una semana. Por otro lado, Inditex, el holding textil que agrupa marcas como Zara, ha apoyado al gobierno español ofreciendo toda su fuerza logística para trasladar material sanitario y textil desde China gracias a la cadena de distribución que existe entre el gigante asiático y la empresa de Amancio Ortega, aparte de la donación de más de 300.000 mascarillas para la lucha contra esta pandemia.

Asimismo, muchísimas cadenas hoteleras han puesto a disposición de las autoridades sanitarias sus hoteles, ahora sin huéspedes, para utilizarlos como lugares de confinamiento para enfermos de coronavirus bajo la supervisión de personal sanitario, y así liberar la capacidad hospitalaria, debido a la carencia de muchas camas en los hospitales en esta situación extrema.

Pero no solo las grandes empresas pueden marcar la diferencia en estos momentos. Todas las compañías, por pequeñas que sean, deben tener una visión de colaboración en todos los ámbitos, no tanto para reconocimiento, sino como una forma de proteger el negocio a futuro. Es por eso que algunas iniciativas pueden ir desde el apoyo de los taxistas transportando médicos gratuitamente a sus domicilios; restaurantes que proporcionen comida a precios económicos a profesionales de la sanidad, el orden u otros sectores de primera necesidad como personal de supermercados; centros culturales que ofrezcan sus servicios online gratuitamente, así como centros de educación que impartan seminarios que normalmente son de pago pero sin costo vía online… Evidentemente, toda estrategia que trace cualquier compañía debe ir acompañada de un plan de comunicación que informe de toda iniciativa que se realice y que sume a la gestión de las relaciones gubernamentales, empresariales y, obviamente, a toda la ciudadanía.

«Las epidemias han tenido más influencia que los gobiernos en el devenir de nuestra historia», sentenció George Bernard Shaw a finales del siglo XIX. Y cuánta razón tenía el ganador del Nobel de Literatura por Pigmalión. No en vano, la pandemia del COVID-19, ya es considerada como la peor crisis global desde la Segunda Guerra Mundial. Esperemos que llegue a su fin lo más pronto posible. Y que toda la población, con el apoyo de los gobiernos y del sector privado, podamos, por fin, cantar victoria.

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