Por Ana Lucía Ola

La estrategia descansa en hacer una evaluación diagnóstica a los estudiantes al momento de reanudarse el ciclo escolar, para conocer cuánto conocimiento lograron alcanzar durante la cuarentena, qué áreas deben fortalecerse y el punto de partida para retomar el proceso de aprendizaje.

La educación a nivel secundaria y diversificado de la mayoría de la población guatemalteca descansa en el sector privado, con el 49% de jóvenes inscritos. De esa cuenta, cobra relevancia que se vigile la implementación de dicha prueba para garantizar un mejor desempeño educativo en este grupo de estudiantes.

“Esta evaluación consiste en que el docente de cada área haga una valoración del trabajo de los estudiantes durante el período de la emergencia y allí poder hacer una planificación de cómo pueden continuar el aprendizaje y lograr la consolidación de las competencias que se han establecido”, refiere Héctor Cermeño, viceministro de Educación.

Será dejar momentáneamente los exámenes y las notas a las que tanto alumnos como docentes estaban acostumbrados, y por esta ocasión evaluar por competencias, según las destrezas y conocimientos que se alcanzaron durante esta pausa del ciclo escolar, dijo Diana Brown, presidenta de la Asociación de Colegios Privados de Guatemala.

La dinámica, según Brown, debería de ser pareja en todos los colegios, sin embargo, no puede hacerse una evaluación estandarizada tomando en cuenta que no todos los estudiantes tuvieron las mismas oportunidades para retomar las clases a distancia, ya que no puede darse por sentado que todos tienen acceso a las plataformas virtuales o al servicio de internet.

“El espíritu de la prueba es detectar hasta dónde llegaron de acuerdo a la planificación realizada al comienzo del año, a qué paso se llegó y dónde deberíamos estar. Ahora bien, si no lo lograran (los alumnos) tampoco es su culpa, es de ver dónde quedó corta la educación virtual en lugar de la presencial”, agrega.

Este período de confinamiento vino a cambiar el proceso educativo, según la presidenta de la asociación, y deja en evidencia la necesidad de tener una educación híbrida, que combine lo presencial con lo virtual, pero, además que la calificación en las evaluaciones ya no tendría tanto peso como antes: “será difícil decir usted pierde, esta es una situación atípica, tienen que haber una ponderación, pero no tiene que ser absoluta”.

Bajo esa premisa, desde los colegios privados podría plantearse que la promoción de estudiantes para este ciclo no sea por punteo sino por competencias, pero es algo que aún debe discutirse.

Un primer paso

Desde el punto de vista pedagógico hacer una evaluación diagnóstica es una opción y buena salida para comenzar la recuperación de este ciclo escolar que se vio interrumpido por la cuarentena, como medida para evitar la propagación del covid-19.

Marcela Pereira, directora del Departamento de Educación, de la Universidad Rafael Landívar, señala que una evaluación por competencias es lo más recomendable.

“Si caemos en la evaluación por contenidos estamos cayendo en la educación de años atrás, deberíamos evaluar por competencias a niveles mucho más multidimensionales”, agrega.

Hace hincapié de que antes es necesario que cada establecimiento educativo tenga bien definidos los indicadores de logro que se pretenden alcanzar en cada material, durante este tiempo de cuarentena. Una ventaja es que estos indicadores y las competencias están plasmados en el Currículo Nacional Base.

A esto, Brown añade que se debe “ser muy flexibles con las ponderaciones”, pues tanto estudiantes como maestros están aprendiendo nuevas maneras de recibir y de impartir el conocimiento. “No se le puede castigar a un niño si no logró el aprendizaje, porque los retos en cada casa son diferentes”, agrega.

Pero la evaluación diagnóstica es una primera parte del proceso, a criterio de Bienvenido Argueta, doctor en Educación y Estudios Culturales por la Universidad de Ohio, EE.UU, y miembro de Instituto de Investigaciones Educativas de la Universidad de San Carlos.

Detrás de esta se debe realizar una evaluación formativa, que permite establecer cómo los estudiantes van generando condiciones de aprendizaje y si tienen algunas fallas las puedan corregir durante el proceso. Luego se requiere de la evaluación sumativa, esta es la que permite establecer un punteo, para tomar la decisión si el estudiante pasa o no de grado.

“Lo más conveniente es hacer una evaluación diagnóstica para establecer cómo le darán seguimiento al proceso de aprendizaje de los estudiantes, pero esto es solo una evaluación que al final de cuentas tiene que remitir a las otras evaluaciones, para emitir un juicio sobre el nivel de rendimiento o logro de los estudiantes, y establecer si promovió o no”, dice Argueta.

El también ex Ministro de Educación, recomienda que ante esta suspensión de clases inesperada se extienda el ciclo escolar, y se establezca qué aprendizaje son los más esenciales y fundamentales para que el estudiante adquiera, y enfocarse en ellos.

Para Pereira esta cuarentena es un parteaguas, un buen momento para que los maestros reflexionen sobre que deben actualizarse pedagógicamente. “Los docentes que están bien formados son al final capaces de responder a la inmediatez cuando surgen este tipo de improvistos”.

*En alianza con Prensa Libre