Por Ernesto Sanabria*

Cuando a finales de febrero el presidente Nayib Bukele anunció que se prohibía la entrada de ciudadanos chinos, surcoreanos e italianos, muchos dijeron que estaba exagerando. Conforme pasaron los días, las prohibiciones de extranjeros fueron aumentando hasta que se anunció el cierre del aeropuerto internacional San Óscar Arnulfo Romero.

El presidente comprendió de inmediato que solo era cuestión de tiempo para que llegara a El Salvador, gracias a la profunda conectividad global. Desde Wuhan, en la provincia de Hubei, el coronavirus se diseminó por el mundo. A través de viajeros de negocios. A través de turistas chinos que llegaron a Italia de vacaciones y contagiaron a muchos más. Pero a El Salvador no llegaron tan rápido.

Atrasar la llegada del virus al país proporcionaba tiempo valioso para poder prepararnos mejor. Para conocer cómo otros habían enfrentado el problema y para aprovisionarse de lo necesario para enfrentar la crisis mundial. Muchos en El Salvador, sobre todo la clase política, no lo entendían y trataban de hacer cálculos electorales de cada medida o actuaban bajo presión de poderes económicos. Sin embargo, la enérgica postura del presidente Bukele logró que, aunque no con la velocidad requerida, se aprobaran primeros los decretos de emergencia y estado de excepción y luego las sucesivas leyes que apoyan diversas áreas puntuales.

Te invitamos a leer: Bukele ordena al Ejército aislar una localidad costera

El #QuédateEnCasa se convirtió en un estribillo incesante del gobierno. La empresa privada reaccionó con recelo cuando se anunció que los mayores de 60 años y enfermos crónicos debían dejar sus puestos de trabajo. Y se preocupó más a medida que las restricciones fueron avanzando. Desde reducir las aglomeraciones de gente a 200 personas, 75, 50 y, finalmente, suspenderlas.

Sin embargo, muchos buenos empresarios supieron desde el primer momento que la pandemia no la íbamos a vencer separados y entregaron ayuda a los centros de contención a donde fueron llevados salvadoreños que regresaron al país procedentes de naciones con altas tasas de contagio. Han colaborado acomodando instalaciones, poniendo televisores e incluso wifi, además de alimentación. Ha sido una verdadera oleada de solidaridad.

Al mismo tiempo, se garantizó el comercio nacional e intrarregional, manteniendo abiertas las aduanas. El cierre del aeropuerto no incluyó a los aviones de carga, que siguen trayendo importaciones, así como los vuelos humanitarios ni de mantenimiento, que siguen llegando a la pista en Comalapa.

Vía terrestre se ha mantenido el paso de camiones con alimentos, previa revisión de los motoristas, sin permitir el ingreso de nadie más. La Dirección General de Migración junto con la Policía y el Ejército han mantenido control de todos los puntos de acceso al territorio y ha detectado a muchos salvadoreños que querían evadir la cuarentena obligatoria para todos los nacionales procedentes del extranjero. Han sido cientos de capturas. De hecho, el primer caso positivo de covid-19 se dio en un hombre que había entrado por un “punto ciego”, es decir, por una brecha en la frontera.

Velocidad contra el coronavirus

La ciudad donde vivía, Metapán, en el occidente del país, estuvo 48 horas bajo cordón sanitario. Sin embargo, de los 62 casos hasta ahora detectados en el país, solo seis han sido mediante transmisión local. El resto es de personas que contrajeron el virus en un viaje al exterior, pero que, gracias a la rápida respuesta gubernamental, estaban en centros de contención.

En una crisis sin precedentes como la que estamos viviendo, actuar rápido cuenta. No siempre, como ha dicho el presidente, se tomarán las mejores decisiones, pero ante un virus que en cuestión de semanas ha paralizado la economía mundial no se pueden realizar estudios previos, profundos y exhaustivos. Hay que actuar pronto. Y con una respuesta eficaz, tal como El Salvador lo ha demostrado.

*Ernesto Sanabria es Secretario de Prensa de la Presidencia de la República de El Salvador

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.