DW: Estamos en medio de una pandemia. ¿Qué es lo que más le preocupa de cómo está cambiando el mundo?

Yuval Noah Harari: Creo que el mayor peligro no es el virus en sí. La humanidad tiene todo el conocimiento científico y las herramientas tecnológicas para superar el virus. El problema realmente grande son nuestros propios demonios internos, nuestro propio odio, codicia e ignorancia. Da temor ver que la gente no está reaccionando con solidaridad mundial ante esta crisis, sino con odio.

Sin embargo, espero que seamos capaces de desarrollar nuestra compasión para ayudar a las personas necesitadas. Y que desarrollemos nuestra capacidad de reconocer la verdad y no creer en teorías de conspiración.

Nos enfrentamos a la elección entre la vigilancia totalitaria y el empoderamiento de los ciudadanos. Si no tenemos cuidado, la epidemia podría marcar un hito en la historia de la vigilancia. ¿Pero cómo se puede tener cuidado con algo que está fuera de nuestro control?

No está completamente fuera de nuestro control, al menos en una democracia. La gente vota por determinados políticos y partidos que hacen las políticas. Así que tenemos algún control sobre el sistema político. Incluso sin tener elecciones ahora, los políticos están respondiendo a la presión pública.

Si la gente está aterrorizada por la epidemia y quiere un líder fuerte que tome el control, entonces es mucho más fácil para un dictador hacer exactamente eso. Si, al contrario, el político recibe el rechazo de la ciudadanía cuando este llega demasiado lejos, entonces se pueden evitar giros peligrosos.

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¿Cómo saber en quién confiar?

Primero, contamos con experiencia. Si tenemos políticos que nos han estado mintiendo durante años, tenemos menos razones para confiar en ellos en esta emergencia. Segundo, podemos hacer preguntas sobre las teorías que la gente está repitiendo. Si a alguien se le ocurre una teoría conspirativa sobre el origen y la propagación del coronavirus, hay que pedirle a esta persona que explique qué es un virus y cómo causa la enfermedad. Si la persona no tiene ninguna idea, significa que no tiene ningún conocimiento científico básico. No se necesita un doctorado en biología. Pero sí necesitas un entendimiento científico básico de todas estas cosas.

En los últimos años, hemos visto a varios políticos populistas atacar la ciencia, diciendo que los científicos son una élite remota desconectada de la gente, diciendo que cosas como el cambio climático son solo un engaño. A estos no les deberíamos creer. Pero en este momento de crisis en todo el mundo, vemos que la gente confía en la ciencia más que en cualquier otra cosa.

Muchos países están implementando mecanismos de vigilancia virtual para evitar la propagación del virus. ¿Cómo se pueden controlar estos mecanismos?

Cada vez que se aumente la vigilancia a los ciudadanos, se debería ir a la par con una mayor vigilancia al gobierno. En esta crisis, los gobiernos están gastando mucho dinero. En EE.UU., dos billones de dólares. En Alemania, cientos de miles de millones de euros, y así sucesivamente. Como ciudadano, quiero saber quién toma las decisiones y a dónde va el dinero: ¿se está utilizando el dinero para rescatar a grandes empresas que estaban ya en problemas antes de la epidemia tras decisiones equivocadas de sus directivos? ¿O se está usando el dinero para ayudar a los pequeños negocios, restaurantes o tiendas?

Si un gobierno está tan ansioso por tener más vigilancia, la vigilancia debe ir en ambos sentidos. Y si el gobierno dice que esto es demasiado complicado, no podemos abrir todas las transacciones financieras, entonces tenemos que contestar: “No, no es demasiado complicado. De la misma manera que pueden crear un enorme sistema de vigilancia para ver a dónde vamos cada día, debería ser tan fácil crear un sistema que muestre lo que se está haciendo con el dinero de nuestros impuestos”.

Foto: Pixabay

¿Eso funciona distribuyendo el poder y no dejando que se acumule en una persona o una autoridad?

Exactamente. Una idea con la que la gente está probando es queriendo alertar a los que han estado cerca de un paciente con coronavirus. Hay dos maneras de hacerlo: Una forma es tener una autoridad central que reúna información sobre todos, y luego descubra que una persona ha estado cerca de alguien que tiene COVID-19 y sea advertido. Otro método es que los teléfonos se comuniquen directamente, uno con el otro, sin ninguna autoridad central que reúna toda la información. Si paso cerca de alguien que tiene COVID-19, los dos teléfonos, el suyo y el mío, solo se comunican entre ellos y recibo la alerta. Así, ninguna autoridad central reúne toda esta información y sigue a todo el mundo.

¿Esta crisis le hace repensar su imagen de los humanos en el siglo XXI?

No lo sabemos, porque depende de las decisiones que tomemos ahora. El peligro de una clase sin ocupación está, en realidad, aumentando dramáticamente debido a la actual crisis económica. Ahora vemos un aumento en la tecnología, que los robots y las computadoras reemplazan a la gente en más y más trabajos en esta crisis, porque la gente está encerrada en sus casas, y la gente puede infectarse, pero los robots no. Podríamos ver que los gobiernos decidan trasladar ciertas industrias a sus países en lugar de depender de las fábricas de otros lugares. Así que podríamos ver, tanto por la automatización como por la “desglobalización”, que, especialmente los países en desarrollo que dependen de la mano de obra barata, de repente tengan una enorme e inútil clase de personas que han perdido sus trabajos porque estos trabajos han sido automatizados o trasladados a otro lugar.

Y esto también puede suceder dentro de los países ricos. Esta crisis está causando tremendos cambios en el mercado laboral. La gente trabaja desde casa. La gente trabaja en línea. Si no tenemos cuidado, podría resultar en el colapso del trabajo organizado, al menos en algunos sectores de la industria.

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¿Cómo resumirán los historiadores en el futuro este momento?

Creo que los futuros historiadores verán esto como un punto de inflexión en la historia del siglo XXI. Pero qué camino tomemos depende de nuestras decisiones. No es inevitable.

El historiador Yuval Noah Harari es profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén y autor de los libros Sapiens: De animales a Dioses, Homo Deus: Breve historia del mañana y 21 lecciones para el siglo XXI. Su empresa de impacto social Sapienship donó un millón de dólares a la Organización Mundial de la Salud tras la decisión del presidente de EE.UU. de retener la financiación.

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