EFE.- Nicaragua no es la misma desde el levantamiento popular contra el presidente Daniel Ortega de abril de 2018, así lo demuestran al menos diez aspectos sociales, económicos, políticos, culturales y tecnológicos, que cambiaron desde entonces.

CONFORMISMO SOCIAL

Los nicaragüenses ya no son conformistas. Los jóvenes hoy no solamente miran youtubers en sus teléfonos y los adultos no siempre callan, especialmente si se trata de una decisión gubernamental. Hoy la protesta para hacerse escuchar es muy bien valorada en Nicaragua.

Antes de la llamada “insurrección cívica” de 2018, que Ortega califica de “golpe de Estado fallido“, los nicaragüenses, hartos de las luchas por el poder, políticos corruptos, pactos entre cúpulas y autoridades abusivas, se dedicaban a sus problemas inmediatos. Evitaban hablar de política.

ESTABILIDAD ECONÓMICA

En términos económicos el siglo XXI había sido bondadoso con Nicaragua, y Ortega presumía de que, bajo su Gobierno, el PIB mantenía un ritmo de crecimiento superior al 4,5 %. Tras el estallido social, la economía nicaragüense cayó en un -4 % en 2018 y un -3,9 % en 2019, según datos del Banco Central.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), que estimaba una caída de -5,7 % en 2020, corrigió la misma a un -6% por los efectos del COVID-19.

SEGURIDAD CIUDADANA

Con una tasa de homicidios de 6 por cada 100.000 habitantes y una tasa de robos de 71,5 por cada 100.000 habitantes, Nicaragua estaba entre los países más seguros de Latinoamérica, hasta 2018, cuando los ataques armados de la Policía Nacional y “paramilitares” contra las protestas antigubernamentales dejaron cientos de muertos en las calles, entre abril y julio de ese año.

Defensores de los derechos humanos señalan “ejecuciones selectivas” contra más de un centenar de campesinos y decenas de opositores. Hay quejas de que, mientras la Policía protege a supuestos delincuentes y vigila posibles protestas, los crímenes aumentan, especialmente los feminicidios.

SANDINISMO

A lo que antes era el “sandinismo“, hoy le llaman “orteguismo” en Nicaragua. Esto debido a la espantada dentro del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que causó la ruptura entre los valores del héroe nacional Augusto C. Sandino y los de Ortega.

FUTURO POLÍTICO

Hasta abril de 2018 en Nicaragua se daba por hecho que la familia Ortega Murillo gobernaría por generaciones, siguiendo el ejemplo de la dictadura de los Somoza.

La cantidad de opositores asesinados y “presos políticos” desde entonces, el acelerado deterioro del liderazgo de Ortega, y las sanciones económicas internacionales a su esposa, la primera dama Rosario Murillo, y a su hijo Laureano, afectaron dichas posibilidades.

RESTRICCIONES CONSTITUCIONALES

Desde antes de la pandemia, en Nicaragua había restricciones para reuniones de opositores en espacios públicos, caminatas en grupos, y expresar rechazo contra Ortega o su familia, hacerlo ha llevado a miles a prisión, donde todavía permanecen más de 70 personas.

Varios medios de comunicación independientes fueron clausurados, cerca de un centenar de periodistas huyeron al exilio, al igual que otros 100.000 nicaragüenses.

Estados Unidos califica esto como una política de “exilio, cárcel o muerte”.

SÍMBOLOS NACIONALES

Desde el levantamiento contra Ortega en Nicaragua hay una estricta prohibición de honras a los símbolos. Hay persona condenadas a varios años de cárcel por alzar la bandera o entonar el himno del país. Lanzar globos o vestir con los colores azul y blanco puede ser motivo de detención.

POLARIZACIÓN

De la cultura de tolerancia establecida por la expresidenta Violeta Barrios de Chamorro (1990-1997) no queda nada. Para los sandinistas cualquier persona que rechace a Ortega merece “plomo”, es decir, la muerte.

A su vez, los “azul y blanco” (opositores) denominan “sapos” (serviles) a los seguidores de Ortega, y los ven como personas violentas, poco educadas, y peligrosas.

VIDA NOCTURNA

Aunque incluso bajo la pandemia de COVID-19 algunos bares siguen siendo visitados en Nicaragua, la vida nocturna ya no es la misma. En los últimos dos años el sector turismo ha perdido cerca de 800 millones de dólares en ingresos. Las mesas no se llenan como antes.

TELÉFONOS INTELIGENTES

La “insurrección de abril” no se habría dado sin los teléfonos inteligentes, por lo que hoy son vistos por las autoridades como un arma peligrosa. Ahora no solamente los jóvenes documentan los abusos de poder, también los adultos los usan para denunciar, hacer reclamos sociales o comprobar noticias falsas.