Por Uriel Naum*

En los últimos años el periodismo negocios ha hecho propio el tema de la importancia de las mujeres en los puestos clave de las organizaciones, pero el Covid-19 vino a recordar que no es solamente en las empresas donde hay mucho por hacer en temas de inclusión y equidad, sino en el propio núcleo familiar.

Desde México hasta Argentina se viene reportando desde marzo pasado la manera en que se incrementa la violencia familiar contra las mujeres. En México, por ejemplo, la violencia intrafamiliar creció 120% desde que se anunció la emergencia del Covid-19 a la fecha, de acuerdo con información de la Secretaría de Gobernación (basada en llamadas de auxilio reportadas al sistema de atención 911). El 66% se trataría de violencia física y 24% psicológica.

En Argentina, las denuncias por violencia de género durante la cuarentena por la pandemia aumentaron 40%, y se cuentan alrededor de 20 feminicidios en ese mismo lapso de tiempo. Un dato revelador: en 45% de los casos el asesino fue su pareja.

Los motivos de este incremento de violencia contra las mujeres que recorre Latinoamérica se adjudica al confinamiento de las personas como medida de protección contra la pandemia, pero se relaciona directamente al alcoholismo de hombres, a la frustración económica y a la incertidumbre laboral. Dos aspectos más a considerar. La reducción de la actividad económica afecta en primera instancia a las trabajadoras informales y al mismo tiempo induce a una mayor migración irregular de las mujeres y niñas, generando con ello mayores riesgos de protección asociados como la trata.

“Para muchos, permanecer a salvo consiste en cerrar puertas y ventanas, y evitar lugares peligrosos. Para otros, no hay escapatoria, porque la amenaza de la violencia está detrás de esas puertas, oculta a los ojos de los demás”, apuntaba tiempo atrás la exdirectora de la OMS, la noruega Gro Harlem Brundtland.

Como el Covid, la violencia contra mujeres es silencioso, solo que de ésta no se escapa, como menciona Gro Harlem, guardándose en el hogar, por el contrario, se vuelve más peligroso en cuanto más tiempo las mujeres pasan en él.

Al igual que la pandemia que se enfrenta, el Estado debe considerar a la violencia familiar parte de la agenda primordial a atender. Es relevante tener datos disponibles, más refugios y protocolos específicos; además, organismos como ONU Mujeres sugieren “apoyar a las organizaciones y redes de mujeres, y capacitar a la policía en este trabajo”.

Me detengo en este último punto, al considerarlo fundamental. Hace aproximadamente 10 años me invitaron a participar en una investigación de protocolos a las mujeres violentadas en una provincia de México. El estudio arrojó varias situaciones, como el hecho de que, por ejemplo, las mujeres que habían sido violadas muchas veces eran atendidas por policías hombres inmediatamente después del acto de violencia, y no por mujeres (generando mayor daño psicológico a las mujeres, pues lo que menos desean es que se les acerque un hombre en ese momento). Las mujeres agredidas no eran acompañadas hasta el ministerio público por la policía ni ésta se esperaba a regresarlas a una casa de resguardo. Y si se informaba telefónicamente de que una mujer estaba siendo agredida en su hogar, la policía se limitaba a tocar la puerta, y si el agresor decía que no pasaba nada, simplemente la policía se iba.

En países europeos, a diferencia de Latinoamérica, existen protocolos muy importantes en el tema de trato a las mujeres violentadas que bien podrían ser replicables o adaptables a la realidad latinoamericana, pero para ello el Estado tiene que poner manos a la obra y ver esta situación como una emergencia que hay que atender ya (el coronavirus puede disminuir sus efectos después del día 40, la violencia familiar genera daños a la familia de por vida).

Recordemos una cosa: la violencia que se ejerce contra las mujeres en el hogar no solo afecta a ellas, sino también a los niños y niñas que pueden estar presentes en esas situaciones. Si esas generaciones son por las que los gobiernos dicen trabajar más, deberían mostrar más preocupación por su futuro, a partir de cuidarlas en el presente.

*El autor es periodista de negocios de Latam

Twitter: unaum

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.