Por Diego Echegoyen Rivera*

Después de la cuarentena no vendrá la normalidad. Será una sociedad diferente la que resurgirá, esto no es un presagio producto del confinamiento que la gran mayoría está obligada a soportar en esta época de pandemia, ni corresponde con la reconstrucción de las relaciones sociales; esos son males menores y aspectos puramente domésticos. La situación en la que nos ha colocado esta crisis representa un antes y un después. No es pesimismo, son previsiones incomodas, pero reales.

Los cambios y el impacto que viene aún no se presentan ante nosotros. Todavía estamos en el medio del terremoto, y las placas tectónicas no cesan su movimiento, pero esas transformaciones se manifestarán. Los especialistas aún siguen prospectando el futuro, pero es inminente que tocará todo lo conocido:  el modelo de negocios, la gestión del poder, el comercio y la economía global; vamos a experimentar nuevos comportamientos, nuevos actores, nuevos fenómenos.

Hay que aceptar que todo cambió para siempre. Las nuevas generaciones nunca se vieron en una fila guardando medidas de distanciamiento y anti contagio, para hacer la compra en un supermercado. Los parques, los cines y las calles se han con vertido en lugares vetados para experimentar la movilidad y la libertad. Toda la humanidad se ha visto a merced del miedo colectivo, con temor a propios y extraños. Nada será y nada puede volver a ser igual.

La economía global sufre un revés dramático, los sectores más vulnerables, cuales primeras víctimas en un frente de guerra, son las aerolíneas, los destinos y su industria alrededor y los hoteles, es decir, el turismo al completo. En cambio, los nuevos negocios enfocados en el comercio digital y los stocks electrónicos, han revalidado su apuesta por ser las nuevas banderas en la economía del futuro. La gestión en la nube y el teletrabajo han no lograron sobresaliente, pero su protagonismo se intensificará.

Una crisis es la mejor oportunidad para reinventarse, una máxima que no necesariamente aplica a la política. En el pasado reciente los sistemas de gobierno, y en especial las democracias, han experimentado amenazas a su propia naturaleza; dificultad tras aprieto pusieron a prueba la fortaleza de las instituciones, la legitimidad y la capacidad de respuesta del Estado ante las necesidades y expectativas de los ciudadanos. La experticia política, como germen del poder, estaba cambiando.

Pero esa velocidad no era la óptima. La pandemia ha acelerado el deseo de metamorfosis sobre el liderazgo público, ha puesto en relieve a presidentes tenaces, ha derrumbado las predicciones de los “amantes de mitos” y ha develado la realidad conforme han pasado los días; ha diezmado los sistemas de salud, tanto en las grandes potencias, como en los países en desarrollo. Ha puesto a prueba a los líderes y a sus instituciones. La gestión pública, el uso de la influencia y el sistema político serán puestos a revisión de manera permanente.

América latina resiste al Coronavirus en un panorama que venía marcado por el hartazgo. La realidad preexistente se compone de pobreza, desigualdad y corrupción, que combinada con el falso relato de la “década de América Latina”, es el reto mayúsculo cuya respuesta no debemos postergar. Tarde o temprano habrá que volver la vista a la plana que veníamos escribiendo. Afortunadamente nos queda el optimismo y la adaptación al cambio, como una de nuestras principales características.

Las cifras alarmantes de desempleo y cierre de negocios causará una importante erosión social que debilitará cualquier red de apoyo o estado de bienestar. El modelo de fabricación, distribución y stock será un gran aprendizaje para las empresas. Hay muchas lecciones para el futuro, pero la principal se refiere a la capacidad de las personas y las organizaciones a la adaptación. La época de la inmediatez tiene un apellido: incertidumbre. Todo cambio para siempre.

*Consultor en Asuntos Públicos y Comunicación Política.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.