Por Uriel Naum Ávila*

La pandemia de Covid-19 está provocando una auténtica revolución comercial y de logística en todo el mundo, impulsada por una demanda de e-commerce nunca antes vista en el planeta que, a la par, ha provocado una fuerte presión a las cadenas de suministros y de servicios de entrega a domicilio.

En medio de la emergencia sanitaria, las empresas de logística, globales y regionales, están volteando a ver a la última milla (el momento en el que el paquete llega, finalmente, a la puerta del cliente) como una verdadera oportunidad que les traerá beneficios a corto y a largo plazos; más aún porque en el caso de Centroamérica, la importancia logística de la región es crucial para Latinoamérica.

Puerto Cortés, Puerto Castilla y Puerto San Lorenzo en Honduras, considerados en conjunto como los más importantes de la región, y el aeropuerto de Tucumen, en Panamá, conocido como el Hub de las Américas, son la columna vertebral de la logística centroamericana. 

Sólo en los puertos hondureños se mueven más de 900 mil contenedores de 20 pies cada uno de mercancías y productos diversos, entre ellos, textiles, agrícolas y manufacturas varias.

La centroamericana, se trata de una región con potencial logístico muy importante, por ejemplo, el valor de las exportaciones brutas de bienes y servicios de Panamá, Costa Rica, Honduras, Guatemala y República Dominicana asciende a casi 46 mil millones de dólares anuales, de acuerdo con el documento “Potencial Dinamizador de las Exportaciones en Centroamérica y RD”, elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

La misma CEPAL explica en su estudio “Perspectiva del Comercio Internacional de América Latina y el Caribe 2019”, que los costos logísticos son un factor que inciden en el acortamiento de las cadenas de valor, pues éstos han dejado de reducirse.

El organismo apunta que “los avances tecnológicos están repercutiendo de diversas formas en el comercio y, dada la intensidad de la revolución digital en curso, sus efectos sobre el tamaño y la composición de éste resultan muy difíciles de prever. Por una parte, ciertas tecnologías están reduciendo los costos de las transacciones transfronterizas; un ejemplo son las plataformas digitales que facilitan el encuentro entre oferentes y demandantes. La Organización Mundial de Comercio (OMC) prevé que estas plataformas podrían aumentar el comercio de bienes en 2 puntos porcentuales en comparación con un escenario base.

Adicionalmente, en un informe publicado en enero pasado sobre “El futuro del ecosistema de la última milla”,  el Foro Económico Mundial anticipaba que la demanda de entregas de última milla crecería 78% a nivel mundial para 2030. Sin embargo, y dado el contexto que vivimos actualmente, ese crecimiento podría acelerarse. 

En este contexto la tecnología sale al paso para mejorar y apoyar la demanda de entregas de última milla, existen por ejemplo 3 soluciones que muchas empresas en el mundo aplican ya para resolver la logística en tiempos de COVID-19. Una de ellas son los Lockers inteligentes creados con el fin de que los compradores en línea puedan recibir sus paquetes de forma automática y segura en un locker inteligente cercano a su hogar. 

Esta solución es muy común en países como China o Estados Unidos; en el caso de la región ya existen compañías que ofrecen este tipo de servicios, por ejemplo Lok, la primera red de lockers inteligentes en Mesoamérica. 

Otras dos soluciones tienen que ver con drones y es ahora cuando su uso podría extenderse en todo el mundo para realizar entregas seguras de alimentos, medicamentos o material médico; por último están los vehículos autónomos: se estima que para 2030 la circulación de estos vehículos aumentará 36% en las 100 ciudades más importantes del mundo. Todas ellas son tecnologías que beneficiarán al comprador final para recibir sus mercancías y serán cada vez más útiles en tiempos de pandemias. 

*Periodista de negocios de Latam

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