Lilian Tejeda

Ángel González ha sido sastre toda su vida. Desde muy joven la costura es su medio de sustento. Desde que se estableció en el distrito municipal Villa Sombrero, provincia Peravia, hace cerca de 27 años, su sastrería ha sido su único medio de ingresos.

Al principio el negocio era próspero, Ángel se convirtió en un reconocido sastre de la zona. Pero con el pasar de los años fue decayendo debido al auge de las pacas y otros negocios que permiten conseguir ropa con facilidad. La gente ya casi no manda a hacer ropa a la medida.

“La sastrería ha caído bastante porque tú sabes que ahora traen muchas pacas de fuera y aparece mucha ropa barata y buena. Uno lo que vive mayormente es arreglando ropas pero eso no es factible”, afirma.

La decadencia de las sastrerías ha sido tan significativa que Ángel ha llegado a pensar que los sastres van a desaparecer.

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Siempre se reinventa  

Ángel explica que a pesar de esta situación él siempre trata de innovar porque le gusta su oficio y se resiste a dejar caer su negocio. Por eso cuando comenzó el “boom” de las chacabanas él aprendió a hacerlas, aunque su fuerte siempre ha sido la confección de camisas normales, pantalones, uniformes, entre otras prendas de vestir.

Ante la propagación de la pandemia provocada por el más reciente coronavirus, la COVID-19, que obliga a la gente a usar mascarillas, Ángel vio una nueva oportunidad y de inmediato buscó la forma de aprender a hacer esta prenda que por lo visto será un atuendo que la gente tendrá que usar por mucho tiempo.

“Yo me metí a Youtube y me puse a practicar, hice un par de muestras según iban explicando…Ahí todo se aprende”, explica.

Desde entonces Ángel está haciendo entre 50 y 80 mascarillas por día de diversos tamaños, diseños y colores. Vende alrededor de 40 diariamente desde RD$65, RD$75 hasta RD$85.

Dice que todavía esto no le genera grandes beneficios porque apenas está comenzando, pero al menos le genera ingresos para cubrir algunos de sus gastos durante la crisis económica ocasionada por la paralización de la mayoría de las actividades económicas en el país para controlar la propagación del virus.

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“Nosotros estamos comenzando, quien sabe si después me dedico sólo a hacer eso aunque no me gustaría porque lo que uno quiere es que esto pase”, afirma el propietario de D` Ángel Alta Costura.

Toda la familia se integra al negocio

Ángel explica que sus hijos y su esposa se han integrado al proceso de confección, promoción y venta de las mascarillas.

“Ellos son un buen soporte. Ellos son los que hacen el movimiento de las ventas. Todos hacemos algo. Lo hacemos en familia”, destaca.

Sus hijos, Ángel y Yuleika, hacen una intensa promoción a través de las redes sociales y se encargan de la distribución. Se encargan de llevar pedidos a Santo Domingo, San José de Ocoa y tienen planes de ir también a Santiago.

 “Aquí todos hacemos algo. Yo me encargo de la logística, de anotar los pedidos, si falta algo para cortar lo corto, papi y Ángel se encargan de coser, mami corta los bordes de la mascarillas…”, explica Yuleika.

Yuleika también ayuda a seleccionar las telas para que sean acorde al gusto las mujeres y jóvenes como ella, pues dice que hay gente que le gusta combinar las mascarillas con la ropa.

La joven, quien es estudiante de término de medicina, explica que las mascarillas son elaboradas con cuatro capas, incluyendo una capa intermedia con un tejido tipo filtro similar a las mascarillas quirúrgicas. Indica que ellos les hacen varias pruebas para comprobar que hacen el trabajo de protección.

“Yo compro telas especialmente que sirven para eso y fabricamos unas mascarillas de calidad”, destaca Ángel.

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Al igual que Ángel sastres y modistas de la capital y otras partes del país se han dedicado a hacer mascarillas para vender ante la alta demanda debido a la propagación de la COVID-19 en el país, pues según los expertos en salud taparse la boca es uno de los métodos más eficaces para controlar el contagio de esta enfermedad.

*En alianza con Listín Diario