La crisis generada por el COVID-19 trajo un ‘golpe’ económico para Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador), el cual es la caída en las remesas a partir del mes de marzo, lo que implica graves riesgos como a las economías de estos país, debido a que muchos los envíos provienen de Estados Unidos.

“El envío de remesas ya se está viendo afectado. Será un shock muy fuerte. Estados Unidos se ha constituido en el epicentro mundial de la epidemia, con una mayor paralización de la actividad económica en los sectores de servicios (hotelería, restaurantes, etc.) donde trabajan la mayoría de centroamericanos que residen ahí”, explica el doctor en Economía, Carlos Acevedo.

Una muestra de la importancia de las remesas es que en 2018 Centroamérica recibió más de 22,000 millones de dólares por remesas. Estos recursos son muy importantes en El Salvador donde equivalen a 21.4% de su PIB; Honduras, 20.0%; y Guatemala, 12.0%.

La recuperación de los flujos de remesas está determinada por la reactivación económica de Estados Unidos y de los otros países de donde provienen las remesas que recibe Centroamérica, explica Acevedo.

“Si, como lo ha estimado la Fed, la reactivación de Estados Unidos pasará por una fase de ‘confinamiento intermitente’ que puede durar entre 12 y 18 meses, hasta que se halle una vacuna o un tratamiento efectivo contra el SARS-CoV-2, los envíos de remesas se verán también ralentizados durante todo ese período”. 

Para Jershem David Casasola del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales, el impacto dependerá de qué tan rápido se recupere la actividad económica en Estados Unidos, en especial el desempleo latino.

Una gran caída en 2020

Para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), los flujos de remesas hacia América Latina y el Caribe se contraerían entre un 10 y un 15 por ciento en 2020 y podrían pasar entre 4 y 8 años para que retomen el monto alcanzado en 2019.

El Dr. Acevedo considera que los flujos anuales de remesas al Triángulo Norte en 2020 caerán en torno a un 20% con respecto a los recibidos en 2019. “En montos absolutos, esto representaría una caída de unos 4,300 mdd para los tres países”,agrega. 

Es importante mencionar que Centroamérica es una importante región expulsora de personas, con 4.4 millones de emigrantes en 2017, los cuales representan más del 9% de su población. Los emigrantes centroamericanos residen, en su mayoría, en Estados Unidos.

Casasola señala que los gobiernos deben asegurar una red de protección social para familias vulnerable, quiénes dependen enteramente de las remesas para subsistir debido a que quién migró es la única fuente generadora de ingreso. “En el mediano plazo, facilitar instancias de capacitación para que algunos integrantes de las familias puedan generar ingresos propios”, agregó.

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