El Salvador deberá evolucionar hasta convertirse en un hub de alta eficiencia que incluya servicios de valor agregado, para lo que deberá sacar provecho a su ubicación privilegiada, su mano de obra a costo accesible y su infraestructura para el transporte terrestre, marítimo y aéreo.

“Tenemos un hub de aeropuertos que ahorita obviamente está parado [debido al Covid-19], pero que en general es parte de una cadena multimodal que pudiéramos promover”, explica Jorge Andrés Hasbún, presidente de la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador (Camarasal).

Sin embargo, para que el hub sea una realidad será necesario llevar a cabo ciertas inversiones como un tren que conecte los puertos de Acajutla, que está funcionando al 100%, con el de La Unión, que fue construido hace aproximadamente 10 años.

Ahonda que el país cuenta con una planicie costera que permite tener centros logísticos, de distribución y de crosshipping (envíos) bastante eficientes, al igual que carreteras que conectan con el Atlántico: “Es decir, podemos hablar de que de alguna manera ya existe un canal seco en la región”.

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Además de eso, es factible llevar a cabo transformaciones a las mercaderías, de modo que lleguen barcos desde Asia y otros destinos para ser reordenados en El Salvador y luego realizar despachos parciales ya sea hacia el Atlántico o el Pacífico, puntualiza.

“Más que nada estábamos evaluando que había una gran posibilidad de hacer lo que llaman en Estados Unidos el picking and packing, es decir, tú traes un contenedor con una gran cantidad de mercadería y puede haber un servicio logístico acá que separe ese contenedor: uno para Guatemala, otro para Honduras, dos para El Salvador, y así sucesivamente”, explica el directivo de la Camarasal.

El valor agregado cobra importancia en Centroamérica, debido a que es un mercado relativamente fragmentado y pequeño en comparación con la escala global. Por lo tanto, esta estrategia permitiría que una gran variedad de productos llegue en las cantidades necesarias a cada uno de los países”, cita Hasbún.

“Hay competencia [con los demás países de la región], pero la diferenciación no sólo debe venir de que sea más económica la mano de obra, sino de que se pueda tener productividad en la operación del personal, y que no tengás que hacer inversiones innecesarias, pues pueden ya existir, como es el caso de las carreteras“, concluye.