Por Uriel Naum Avila*

La pandemia de Covid 19 ha puesto a prueba a los sistemas políticos y económicos del mundo y ha despertado muchas tentaciones antidemocráticas y hasta dictatoriales, a tal grado que cuando se regrese a la normalidad (lo cual ocurrirá hasta que exista y se distribuya ampliamente en el mundo una vacuna y/o cura contra el coronavirus), habrá cambiado la concepción de muchas cosas que hoy se dan por sentadas.

Eduardo Rosales, internacionalista, profesor investigador de la UNAM, sostiene la hipótesis de que la pandemia de Covid-19 no representa en sí misma una amenaza a la democracia, pero sí se ha constituido en una herramienta, en un instrumento, “en un pretexto para tomar medidas de corte autoritario”.

Y antes de explicar lo que pasa en Latinoamérica, el especialista cuenta sobre lo que llama el ejemplo ideal para explicar su hipótesis: el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, del partido nacionalista húngaro, ha visto en el Covid–19 una ventana de oportunidad para avanzar en un proyecto autoritario.

Se aprovecha de que su partido, con mayoría absoluta en el congreso, aprobó una ley para gobernar con decretos y sin plazos de término. “Diré dos ejemplos: existe una ley que penaliza con cinco años de prisión a aquellos que propaguen noticias falsas sobre la pandemia, pero aquí la pregunta es, ¿quién califica si es falsa o no una noticia?, pues el mismo gobierno; cuidado entonces si se difunde una cifra no oficial porque se termina en la cárcel”.

El internacionalista se refirió a otra medida que se ha tomado en Hungría a raíz de la pandemia: ocho años de prisión a quien contagie a alguien de este coronavirus si rompió la cuarentena, “pero no dice nada si esto fue accidental o si fue un asintomático quien contagió a otra persona”.

Al mismo tiempo se aplazaron ciertos procesos electorales, referendos etc. “Dicen que hasta que pase la contingencia, y eso será nadie sabe con exactitud cuándo, y es ahí donde vienen los cuestionamientos sobre cómo una crisis sanitaria puede ser utilizada para limitar los derechos fundamentales o los derechos humanos positivizados, es decir, ya convertidos en leyes”.

Adicionalmente a esto, fenómenos como el de la pandemia sirven para obtener rentabilidad político-electoral y lanzar cortinas de humo para distraer a la opinión pública de temas importantes.

En Latinoamérica encontramos casos como el de Brasil y su presidente Jair Bolsonaro, quién ya lleva dos renuncias en el ministerio de salud desde que iniciaron con la pandemia, Luiz Henrique Mendetta, amigo personal de Bolsonaro, y Nelson Teich, sustituto de Mendetta, ambos por insistir en adoptar medidas sanitarias recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) o por no apoyar un tratamiento específico. En su lugar se quedó de manera interina el general del ejército Eduardo Pazuello, quien obedece ciegamente las órdenes del presidente.

“La intención es continuar con la militarización de todo el gabinete presidencial, de todas las carteras superiores del gobierno; entonces vemos cómo el COVID-19 es aprovechado para favorecer proyectos como el de Bolsonaro”, apunta el académico de la UNAM.

El presidente Bolsonaro incita a salir a la calle y a retomar la vida normal en una medida evidentemente de corte populista que se transferirá en votos y que aparentemente con ello ayuda a la economía, pero los resultados son que Brasil se está convirtiendo en el nuevo epicentro de la pandemia en el continente, con un alza muy grande en el número de contagios y de fallecimientos.

La pandemia abre una caja de Pandora porque permite exacerbar expresiones como la xenofobia, como en el caso particular de Estados Unidos contra China, quien llama al SarsCov 2 como el “virus chino”.

“Entonces tenemos que so pretexto de la pandemia, se exacerba el populismo, el aislacionismo y la xenofobia, además de que hace ver la insensatez y la ineptitud de muchos gobiernos; se toma como pretexto para retomar frentes de batalla geopolíticos como China contra Estados Unidos”.

Argentina es otro ejemplo, establece cuarentenas y restricciones tan severas, que hacen recordar los tiempos de la dictadura; sin tomar en cuenta la intensidad de las medidas que revivieron las heridas de esa época, “vemos entonces dos extremos, el brasileño y el argentino, ambos con sociedades con altos índices de pobreza e informalidad”.

Colombia es otro ejemplo. “A raíz de la ola de saqueos que han ocurrido, se ha prestado a tomar medidas de seguridad que no se veían desde hace dos o tres décadas”. Y ni hablar del caso de El Salvador, donde militares tomaron el Congreso por estar en desacuerdo con una iniciativa presupuestal del presidente Nayib Bukele en un tema de seguridad, justo días antes de que iniciara la pandemia en ese país.

El Covid-19 también es un pretexto perfecto que impulsa la corrupción, muy peligrosa en los países latinoamericanos con una cultura de nula o poca transparencia. Ahora se desvían grandes cantidades de recursos para comprar instrumental y equipo médico, solo esperemos se haga con total rendición de cuentas, porque de lo contrario sería otro elemento que atente directamente contra las incipientes democracias de la región.

*El autor es periodista de negocios

Twitter:Unaum

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.