Por Norbert Monfort*

Si tuviésemos que gestionar en este futuro inmediato certezas, los directivos ideales serían los androides o los robots. Sin embargo, dada la incertidumbre que vivimos y viviremos necesitamos líderes que sepan gestionar esta situación.

Sabíamos que los nuevos puestos de trabajo, aquellos que todavía no existían, tarde o temprano llegarían, que las empresas que podrían durar en el tiempo serían las que fueran capaces de adaptarse a los cambios inesperados de manera ágil, aquellas que identifican oportunidades en momentos de crisis, las que son capaces de ajustar su propuesta de valor a las necesidades de la sociedad, a las necesidades que cambian cada instante. 

Lo que no sabíamos es que llegaría tan pronto y de un modo tan horrible. Tristemente cada generación aprende con lo que le toca vivir y no con lo que vivieron otros o con aquello que otros nos aconsejan. Somos así y necesitamos, tal como nos comentaba John Kotter, una sensación de urgencia para el cambio.

El Covid-19 está adelantando el trabajo del futuro, como la digitalización y el home office, con más incertidumbre que nunca y con unas necesidades específicas que ayer no eran una prioridad.

Este trabajo del futuro se basa en la confianza y en la descentralización… en la autorresponsabilidad. Siento ser tan asertivo, pero creo que nos toca a los directivos darnos cuenta de que hemos confiado muy poco en nuestra gente y que la mayoría de ellos, ahora, nos están demostrando que son mejores trabajadores que nosotros los directivos. En tiempos de engaño decir la verdad es un acto revolucionario.

En estos momentos cualquier tonto puede decir que estamos en una profunda crisis, no es ningún mérito ni es un gurú por ello. Lo realmente crítico es ser capaz de detectar las crisis cuando están en estado embrionario, pero nuestra arrogancia no nos lo ha permitido.

Creo que en Europa y Estados Unidos hemos sido prepotentes y no hemos sabido gestionar la situación como y cuando era necesario. Por supuesto que cualquier medida tomada antes de un evento de emergencia puede parecer exagerada y si es después siempre parecerá insuficiente.

Estoy convencido de que Latinoamérica y Centroamérica harán las cosas mejor, dado que han podido aprender de nuestros errores, tanto en la gestión de la crisis, como en el post-Covid-19. Ninguna carrera se gana en la primera curva, pero si puede perderse en ella.

Hasta ahora éramos buenos resolviendo problemas que se basaban en temas técnicos o científicos, estábamos aprendiendo a gestionar conflictos entendidos como diferencias de intereses, pero ahora hemos de aprender a gestionar dilemas, puesto que todo es incertidumbre.

En una vida y en un mundo perfecto podríamos tomar decisiones perfectas, en este mundo nos toca tomar decisiones reales y siempre, sin toda la información disponible, este es nuestro tablero de ajedrez y así hemos de jugar esta partida.

Para ello, es clave dejar de solamente mirar lo que ocurre, para analizarlo. Tenemos que romper barreras mentales y prepararnos en equipo para reinventar lo que hacemos y cómo lo hacemos. Es necesario enfrentarnos a esta situación con intención y acciones enfocadas a liderar la crisis más allá de gestionarla. 

Y, sobre todo, prestar mucha atención para aprender unos de otros. Oímos drama, caos y crisis a todos los niveles, pero muchos equipos están demostrando tener más coordinación, empatía y capacidad para tomar decisiones ágiles como nunca antes lo habían hecho.

En este sentido, una frase de Charles Handy nos dio la respuesta a nuestras actuales preguntas: “lo más apasionante del futuro es que podemos crearlo”.

*CEO de Monfort Ambient Management y profesor del ESADE
@MonfortNorbert

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