Por Nuria Marín Raventós*

Además de los efectos en la salud y economía de los países, el Covid-19 ha impactado en la geopolítica global, no sólo convirtiéndose en una dimensión adicional de la “guerra comercial” entre Estados Unidos y China, sino también evidenciando la pérdida de liderazgo del país americano, mostrando las divisiones internas en la Unión Europea y su impacto por la pobre toma de decisiones. Al escribir esta columna, China se perfila como líder incuestionable de la geopolítica humanitaria.

La historia revelará en su verdadera dimensión las deficiencias y falta de transparencia del gobierno chino en el manejo del Covid-19, sobre sus prácticas restrictivas, si existen muertes no contabilizadas y el nivel de malestar de la población. Empero lo anterior, China ha hecho importantes esfuerzos, como la imposición de la mayor cuarentena en la historia, así como la meteórica construcción de hospitales para lograr la contención del virus, dándole a otros países valioso tiempo que algunos aprovecharon y otros dolorosamente no.

Ante la disminución de nuevos casos en China, tanto el presidente Xi Jinping y fundaciones de importantes empresarios chinos, como Jack Ma y Ren Zhengfei, presidentes de Alibaba y Huawei, respectivamente, han enviado implementos médicos a diferentes regiones (Asia, Medio Oriente, Europa y América Latina).

La Fundación Jack Ma ha prometido un paquete de ayuda a cada uno de los 54 países africanos, conformado por 20,000 kits de prueba, 100,000 máscaras y 1,000 batas sanitarias; en tanto, Zhengfei le donó a España un millón de mascarillas y equipo sanitario.

Italia, uno de los países más afectados por el Covid-19, ha visto cómo las ayudas provenientes de China han llegado antes que la de cualquier otro país. Mascarillas, batas y 300 efectivos médicos llegaron a apoyar los esfuerzos del gobierno en esta batalla contra la muerte. El agradecimiento italiano es indubitable: “nunca lo olvidaremos.” El presidente Xi, aprovecha y liga dichas iniciativas a la Nueva Ruta de la Seda.

Francia, España y Serbia han recibido una pronta respuesta china, mientras en la UE se debate el llamado de los países del sur (España, Italia, Francia, Grecia y Portugal) por un “Nuevo Plan Marshall” [como en la post guerra], y la posición de Holanda y Alemania para que cada país asuma su plan de contención. Al final, ha privado una opción intermedia: el uso del MEDE, un fondo comunitario creado para el rescate financiero.

Las relaciones trasatlánticas tampoco están en su mejor momento. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tomó la medida unilateral e inconsulta de suspender los vuelos hacia y desde la Unión Europea, una nueva muestra de la filosofía: “Estados Unidos primero.”

El liderazgo estadounidense ha estado ausente, así como la dupla con China que operó con éxito en la crisis financiera de 2008 y la contención del Ébola en 2014. China actúa como el gran benefactor, mientras el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, en la reunión virtual con el G7, se concentró en señalar una “campaña de desinformación” de China a la que se sumó después el primer ministro británico Boris Johnson.

En marzo, el presidente Xi Jinping llamó a Trump ofreciendo ayuda con sus lecciones aprendidas, e hizo un llamado a la mejora de las relaciones bilaterales, a lo que el presidente reaccionó positivamente. Esperamos que este espíritu colaborativo sobrepase las divisiones iniciales, pues el tsunami de secuelas sociales y económicas que vendrá requerirá de un frente global unido y fortalecido.

* Empresaria y analista
Twitter: @Nuria_MarinR

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