Por Minra Gutiérrez

El sueño de la integración del Istmo aún está lejano, debido a que factores como la migración, las protestas sociales y los crecientes déficits fiscales, así como la falta de voluntad política, que representa el mayor obstáculo, imposibilitan que pueda concretarse.

A esto hay que agregar la emergencia sanitaria por el Covid-19, que requerirá mecanismos para impulsar la reactivación gradual de las economías nacionales y la regional, de modo que los países de esta zona puedan presentarse como un bloque competitivo y eficaz.

“La integración no es una opción, es imprescindible para el futuro de Centroamérica. No es concebible que Centroamérica pueda ser exitosa en el nuevo siglo si carece de unidad”, señala Luis Solís Rivera en el texto Centroamérica 2020: La integración regional y los desafíos de sus relaciones externas.

Pero la falta de voluntad política por parte de los Estados centroamericanos en distintos momentos históricos del proceso ha sido evidente, lo cual debilita la capacidad supranacional del sistema implementado para crear este bloque, y en consecuencia el grado particular y tipo de autoridad que están dispuestos a trasladar a las distintas organizaciones que lo rigen, opina Josette Altmann-Borbón, secretaria general de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

Para la especialista, esta falta de voluntad se expresa en la subordinación de la agenda regional a las prioridades nacionales, y en el abandono del manifiesto del proceso de integración debido al cambio en los grupos de poder de la región después de 1990.

“Sin voluntades políticas nacionales y regionales claras y comprometidas, acometer desafíos tan complejos como los que hoy enfrenta Centroamérica será muy difícil, si no imposible”, enfatiza.

Anaisabel Prera, presidenta de la Fundación Esquipulas para la Paz, Democracia, Desarrollo e Integración, indica que se cuenta con un buen entramado jurídico, pero ha faltado voluntad política decidida para avanzar: “No hemos podido construir un imaginario de ciudadanía centroamericana que pueda ser capaz de soportar estas veleidades de la política y la economía a las que siempre vamos a estar sometidos”.

Pero a decir de Vinicio Cerezo, secretario general del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), una de las ventajas de agruparse es que se crea un sistema que permite funcionar a pesar de las diferencias políticas, porque hay muchos acuerdos que son aceptados y siguen siéndolo por los países a pesar de las diferencias ideológicas, y en eso se basa el restablecimiento del diálogo político.

El papel del ente integrador
El SICA ha sido uno de los procesos de integración regional con mayor permanencia en América Latina y el Caribe y ha logrado algunos progresos en la institucionalidad regional.

Uno de los mayores avances de la integración centroamericana se puede medir desde el regionalismo abierto, el cual es un elemento central de la política comercial de la región, que la ha distinguido de otros procesos similares iniciados en Latinoamérica, menciona Altmann-Borbón.

Ejemplo de ello ha sido su vinculación como mecanismo de diálogo político y promotor de cooperación internacional para la región, la cual se ha logrado con aliados estratégicos como la Unión Europea, países asiáticos como China, Corea y Japón, además de Canadá, Estados Unidos y México, con quienes se ha logrado establecer acuerdos, programas y proyectos que han fortalecido temas prioritarios para la región como son seguridad, migración, medioambiente y gestión del riesgo, al igual que apoyo a grupos vulnerables.

La secretaria general de la Flacso apunta que las dinámicas internacionales nos recuerdan que los procesos de regionalismo deben ir más allá de los elementos económicos y comerciales: “Hoy la agenda regional sólo puede abordarse a partir de una aproximación multidimensional, abarcando factores institucionales, legales, financieros y de procedimiento”.

Desde el punto de vista de Prera, es el área económica la que registra mayores avances, puesto que los países del Istmo son entre ellos el segundo socio comercial después de Estados Unidos: “El comercio lleva una dinámica propia, aunque desde luego aún existen piezas que deben encajar para que la economía centroamericana realmente alcance su gran potencial, como en el caso de la agilización de movilidad
de mercancías”.

Otra de las áreas con mayores avances es la de medioambiente, cambio climático y gestión de riesgo, donde se ha trabajado en la actualización de la Estrategia Regional de Cambio Climático (ERCC) y su Plan de Implementación Intersectorial 2018-2022. Entre los logros alcanzados en 2018 destacan la protección de la biodiversidad, el mejoramiento de los servicios ecosistémicos y el fomento de las energías renovables y la eficiencia energética.

Actualmente el SICA impulsa el Plan de Desarrollo Centroamérica y República Dominicana 2020-2040, como un componente esencial para la integración regional: “El plan pretende iniciar un proceso de transformación física, pero también una visión más social, más vinculante, más preocupada por la gente”, indica Cerezo.

Y es que en este momento la región requiere centrar los esfuerzos en la ciudadanía centroamericana: “Alcanzamos la paz armada y la política, pero nos falta la paz social que es la que está haciendo crisis y es el gran desafío de este momento”, opina Prera.

La reciente caída en los indicadores de apoyo a la democracia y frecuentes protestas sociales sugieren que los sistemas políticos no están logrando dar respuestas satisfactorias a las expectativas de bienestar y desarrollo de los centroamericanos, puntualiza Altmann-Borbón.

Además, los crecientes déficits fiscales ponen en riesgo el equilibrio económico y limitan la capacidad para enfrentar la acción de poderosos actores del crimen organizado, un problema que afecta a todos los países, aunque con diferente intensidad.

De acuerdo con el secretario del SICA, la inseguridad de los países conduce a la necesidad de entablar acuerdos, porque la pelea ya no es ideológica, ni de construcción de una sociedad de diferentes características, sino que la delincuencia, que es transnacional, obliga a coordinarse para tres tipos de controles: el crimen organizado, el tráfico de armas y el lavado de dinero. 

Migración, el gran pendiente
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en el reporte Logros y desafíos de la integración centroamericana, señala un conjunto de problemáticas en el tema migratorio que se deberían atender a corto plazo.

Entre ellas, la situación de los niños migrantes no acompañados, la migración irregular, las deportaciones, las normativas discrecionales, el acceso de los migrantes a la protección social y la portabilidad de derechos. Ante esta crisis migratoria que la región ha experimentado en los últimos años, el SICA ha implementado el Plan de Acción para la Atención Integral de las Migraciones (PAIM-SICA).

Entre sus 12 ejes estratégicos destacan: gobernanza migratoria de forma integral, migración laboral, desarrollo socioeconómico, gestión de la movilidad humana derivada de desastres, protección de personas refugiadas, y manejo integral de crisis migratorias. 

Altmann-Borbón asevera que es necesario continuar impulsando el trabajo articulado e interinstitucional entre las distintas entidades a nivel regional, nacional y local, y contar con mecanismos para el intercambio de información entre las instancias responsables, de tal manera que se cuente con datos reales y actualizados para la atención de los eventos migratorios.

Asimismo, el papel de la cooperación internacional también es esencial para establecer los mecanismos de asistencia y manejo integral del fenómeno de la migración: “Vamos a hablar con México, con los Estados Unidos; tenemos que convencer a los americanos de que el dilema de la migración no es seguridad, sino desarrollo”, afirma Cerezo.

Por su parte, Anaisabel Prera, de Esquipulas, advierte que es primordial contar con políticas regionales educativas y de salud integradas, además de respetar el derecho a la libre movilidad de los seres humanos. La violencia y la pobreza son los detonantes para esta migración no controlada, por lo que es necesaria una posición única frente a esta movilización: “Tenemos que llegar a las raíces de las causas por las cuales se genera esta movilidad masiva, y no sólo atajar las consecuencias”.

Estragos de la pandemia
Ante la emergencia sanitaria derivada del Covid-19, el panorama de la región se verá drásticamente afectado.

Para complementar los esfuerzos nacionales para la prevención, contención y tratamiento de la pandemia, el SICA puso en marcha el Plan de Contingencia Regional, que contempla en una primera fase acciones y medidas en las áreas de salud y gestión del riesgo; comercio y finanzas; y seguridad, justicia y migración. El plan involucra también la asistencia económica del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) que aprobó un aumento de 8 millones de dólares (mdd) en el Fondo
de Emergencia.

Los estragos de esta crisis no se pueden medir sólo a nivel regional sino que debe abarcarse el plano mundial, ya que los principales socios estratégicos de la región centroamericana serán seriamente afectados y esto redundará en importantes consecuencias, las cuales ya se están sintiendo especialmente en el sector turismo, una importante fuente de ingreso económico para varios países de la región, explica Altmann-Borbón.

La especialista agrega que es necesario que el proceso de integración centroamericana se plantee como un mecanismo de coordinación interinstitucional operativo y eficaz, que refleje las ventajas competitivas de la zona.

Para que esto suceda es necesario considerar factores como la estabilización macroeconómica de cada país, el perfeccionamiento de una zona de libre comercio centroamericana, el establecimiento de un arancel externo común, la modernización de las aduanas, el mejoramiento de la infraestructura regional, las inversiones, el financiamiento y la coordinación, armonización y ejecución de una política conjunta de las relaciones comerciales externas.

La unión centroamericana en su papel de articuladora económica geográfica puede representar un factor importante para la promoción del desarrollo de los países involucrados: “El proceso de integración como mecanismo de diálogo político y comercial es necesario para que la región se presente como un bloque competitivo y eficaz ante un mundo cada vez más interconectado, donde predomina la globalización de los procesos comerciales y sociales”, concluye Altmann-Borbón.