Por Sofía Calderón

La preferencia por el material impreso me hizo dar media vuelta aquí, en mi nuevo lugar de trabajo y encontrar en el librero los últimos tres estudios globales de tendencias en organización y capital humano de Deloitte, saqué de inmediato el reporte del 2018 con el título “El Auge de la Empresa Social” y recordé bien que cuando iniciamos la divulgación de ese informe fue difícil aclarar el concepto a cabalidad y diferenciarlo de la definición conocida de Responsabilidad Social Empresarial.

Dos años después, abro el informe y me sorprendo en sobre manera, porque quizá es justo ahora, en el contexto actual que mejor se explica el giro hacia la Empresa Social y que puede reflexionarse de forma más tangible alrededor del mismo porque engloba lo que realmente estamos esperando de las organizaciones hoy en día: Escuchar atentamente el entorno y reaccionar no solo para preservar el retorno a la inversión y la liquidez, si no también, proteger activamente a sus colaboradores y entorno.

En aquel entonces la definición también explicaba que la Empresa Social iba más allá de la responsabilidad social y era básicamente, porque anticipaba que existirían cambios no menores impulsados por la cuarta revolución industrial y que consecuentemente existiría una importante reconfiguración en el ecosistema laboral. Lo que claramente no pronosticaba ese informe, era la rapidez con la cual esa transformación iba a tener que darse. De hecho, esta tendencia de impacto social y ciudadanía no figuraba si quiera en las principales cinco prioridades de los líderes empresariales de ese año.

En ese informe la tendencia hacia alusión a un cuestionamiento clave: si las empresas se miraran objetivamente en un espejo ¿se sentirían bien con lo que ven? ¿Es ese reflejo consistente con lo que el entorno y la sociedad están requiriendo? Y si bien es cierto, y en ese momento se profundizo en la importancia del buen accionar por navegarse en entornos de extrema transparencia, en la actualidad con la dinámica impuesta por Covid, el llamado es aún más crítico, las condiciones mucho más áridas y por supuesto las acciones mucho más visibles.

Y es que la pandemia además de la emergencia sanitaria, impuso a las organizaciones un aterrizaje forzoso a nuevos modelos de trabajo y evidentemente una fuerte presión por transformarse abruptamente y buscar estructuras más livianas. Para Latinoamérica son ampliamente conocidas y alarmantes las cifras en reducción de jornadas de trabajo y de destrucción de puestos de trabajo, pero sumadas a estas se están develando importantes retrocesos en materia social. Tanto así, que en algunos países de la región se ha evidenciado un importante incremento en casos de violencia domestica producto del confinamiento y se estima que estamos retrocediendo una década en materia de inserción laboral femenina. A esto cabe mencionar que en las últimas semanas los hechos antirracistas y el miedo generalizado han trastocado aún más el panorama.

Ahora bien, ante estos augurios es trascendental expandir a individuos y sector público, el ya aludido concepto de Empresa u Organización Social, porque una de las pocas certezas es que estamos en un momento crucial y que la forma en la cual respondamos moldeará el futuro y marcará el legado para la sociedad.

Alrededor de ese pensamiento constructivo existen varios giros en nomenclatura que pueden adoptarse y como lo explica la neurociencia pueden ayudar a programarse positivamente:

  • El primero de ellos es que existe evidencia que sustenta que más que estar presenciando una crisis, estamos ante una transformación económica. Los patrones de consumo están cambiando y algunos sectores golpeados se están reconfigurando, en el sector alimenticio por ejemplo las preferencias están decantando por la producción local y el servicio de entrega en casa con mayor personalización.
  • Segundo, escuchamos hablar de forma generalizada del “regreso al trabajo”, yo diría que en esta época no hemos dejado de producir y que el termino correcto sería generar valor, no importa desde donde estemos.
  • Tercera anotación en consumo y no menos importante, estamos en el mejor momento para fidelizar, hablo de blindar clientes y fortalecer encadenamientos, pero sobre todo de procurar esa cercanía y conexión real con las piezas de cualquiera que sea el encadenamiento, dicho lo anterior es notorio como todos están mucho más dispuestos a adaptarse y a negociar.

Así como estos tres, puede haber muchas otras “acciones” sujetas a análisis y que pueden decodificarse y re-plantearse en positivo. Hacer uso de la meta-cognición es justamente eso: reflexionar sobre los procesos de pensamiento y la forma en la cual controlamos el aprendizaje y generamos un estado de resultados de lecciones obtenidas.

Las organizaciones y empresas sin duda juegan un papel fundamental en la transición hacia la etapa de recuperación y por supuesto están llamadas a ese reboot o reinicio para transformar su giro de negocio impulsar la innovación, procurar bienestar y desarrollar un nuevo genoma en sus colaboradores. Sin embargo, no son las únicas invocadas a ser propositivas e influenciar positivamente a otros actores, somos todos, cada uno de nosotros puede permear su entorno, tomar mayor consciencia social y pulir ese reflejo.

Sofía Calderón es socia líder de Consultoría en Capital Humano de Deloitte para Latinoamérica.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.