Por Ronaldo Arce*

La pandemia del Covid-19 ha puesto de manifiesto las debilidades de los procesos de integración globales y regionales debido a que la movilidad de personas entre diferentes regiones, a la que nos hemos acostumbrado, facilitó la transmisión de la enfermedad. En el plano de los negocios, algunas cadenas de valor vieron sus suministros interrumpidos a causa de los cierres comerciales impuestos en los diferentes países, con los consecuentes efectos sobre la producción.

Además, la concentración geográfica de la producción industrial y la falta de capacidades locales para producir rápidamente han sido señaladas como uno de los motivos de la falta de suministros médicos a la que se enfrentan los sistemas de salud del mundo. En resumen, el proceso de globalización no ha salido bien librado de la pandemia.

Sin embargo, ante un problema internacional hemos asumido respuestas de corte local y con diferencias significativas entre los países. Esto representa un triunfo para las corrientes nacionalistas y aislacionistas que durante los últimos años han surgido con mayor fortaleza a lo largo del mundo. En este sentido, un abordaje coordinado del problema pudo haber facilitado en alguna medida la contención del virus y la inminente recesión que se nos avecina.

En Centroamérica no hemos escapado de esta realidad. Las medidas de salud pública tomadas por las naciones van desde cuarentenas estrictas hasta simples recomendaciones de higiene personal, lo que refleja que al menos en estos temas el nivel de integración es bajo.

En el campo económico, muchas de las medidas tomadas por los países también son locales, diferentes y sin un alto grado de toma de decisiones conjuntas. El único que parece haber funcionado con relativo éxito es el proceso de integración comercial, dado que los flujos de transporte de carga terrestre se han mantenido operando con relativa normalidad, lo que ha permitido que las mercaderías sigan moviéndose a lo largo de la región, hecho que es indispensable para el abastecimiento de productos, tanto alimenticios como higiénicos, en los estantes de los supermercados.

El éxito logrado por la integración comercial hasta este momento enfrentará nuevos desafíos. Existen voces que llaman a la necesidad de acercar los centros de producción a los lugares de consumo, lo que podría brindarnos una oportunidad de atraer inversión extranjera, pero también el riesgo de que se nos vaya la que ya hemos logrado.

La competitividad de los países será clave para estas decisiones, pero si ofrecemos una región competitiva, con un mercado donde las mercancías, los insumos y las cadenas de valor estén coordinados, nuestras posibilidades de éxito serán mayores.

Superar algunos cuellos de botella que enfrentamos en nuestra integración es una condición necesaria pero no suficiente; también requerimos un enfoque en la excelencia de las empresas y la inclusión de los grupos tradicionalmente relegados, lo que nos permitiría ampliar el tamaño del negocio, pero mejor aún, lograr una mayor calidad de vida en nuestros países.

La era post-Covid creará oportunidades para el fortalecimiento de las empresas regionales y el surgimiento de nuevas, es posible que se incentive la producción local de bienes que actualmente importamos, pero no debemos caer en los errores del pasado, así que esta promoción no debe basarse en la protección arancelaria, sino en la calidad y productividad de las empresas, de forma tal que más bien tengan oportunidades de competir y ser líderes fuera de la región.

* Investigador del CLACDS / INCAE

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