Por Urías Gamarro

En 20 años, el país reporta un ingreso de US$95 mil 637 millones y está muy cerca de alcanzar los cien mil millones, una cifra histórica en la balanza de pagos que solo registra las divisas.

Para los especialistas, el principal indicador con que se puede medir la migración en los últimos 20 años son los envíos que despachan los migrantes a sus familiares.

Tanto las remesas como la migración vienen registrando un crecimiento exponencial, pero dadas las condiciones actuales anticipan que podría haber una reducción.

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Las autoridades han oficializado que se proyecta una caída en el ingreso de remesas, y los analistas confirman que podría haber un menor flujo migratorio.

En el marco del Día Internacional de las Remesas que se celebra cada 16 de junio, Guatemala figura como un jugador importante en la región latinoamericana, y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), exhorta a los Gobiernos a que declaren la prestación de servicios de remesa como un servicio esencial en tiempos de crisis.

Grandes ingresos

El dinero que envían los connacionales en su mayoría residentes en los Estados Unidos cobró una mayor relevancia luego de la crisis económica mundial en el 2008 y 2009, aunque desde el 2000 el al 31 de mayo último el ingreso es sostenido marcando cifras históricas.

Por ejemplo, en el 2000 las divisas contabilizadas fueron US$563.4 millones y al 2019 el monto fue de US$10 mil 508 millones, lo que representa un crecimiento de 1,765%, o sea 18 veces más de esa cantidad.

Las estadísticas revelan que el crecimiento es lineal en estas dos décadas.

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Hasta el pasado 4 de junio, el ingreso por remesas es de US$4 mil 56.6 millones y registra una caída del 2% con respecto al mismo período del año pasado, que para las autoridades y analistas el indicador es bajo aún.  Pero solo esa cantidad recibida a mayo fue casi el total del 2010, según las cifras.

Para este año se proyecta una caída del 9% por un ingreso estimado de US$9 mil 562 millones.

Combinación potencializadora

Pedro Pablo Solares, asesor de la iniciativa Puente Norte Migraciones, afirmó que estar cerca a los cien mil millones de dólares en remesas en dos décadas es un indicador de que la población guatemalteca salió a los Estados Unidos “huyendo de sus lugares donde no existe un futuro económico y de insertarse de participar en la economía más grande del mundo, lo que es una combinación potencializadora”.

Puramente en el aspecto económico, se aprecian dos caras: la expulsora por la falta de oportunidades económicas, y la otra de atracción por tratarse de la más grandes que abre espacios de trabajo para personas con escasos niveles de educación.

También incide la falta de condiciones de desarrollo y no solo las razones económicas.

Por otro lado, las emergencias causadas por los efectos naturales en particular el impacto del huracán Mitch en 1998, la tormenta Stan en 2005 y la tormenta Ágatha en 2010, motivaron la migración masiva en época del 2000 al 2010.

“En el 2000 el inicio de la gran migración fue post Mitch”, remarcó el consultor migratorio.

“Quién hubiera dicho que hace 20 o 30 años los lugares más abandonados del país tendrían una inyección directa de cien mil millones de dólares, estamos hablando de una cantidad de dinero que nunca podría llegar”, remarcó Solares.

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Beneficios a la economía

Para el economista Juan Alberto González Jacobo, experto en temas territoriales, las remesas en una escala conservadora benefician entre seis a nueve millones de personas directa e indirectamente en Guatemala.

Otros impactos económicos son la contribución a la estabilidad del tipo de cambio y el consumo que genera la adquisición de bienes y servicios, herramientas que se convierten en ingresos fiscales como el IVA doméstico.

“Hay efectos múltiples como una inyección de sangre para todo el sistema circulatorio económico del país”, puntualizó.

Ciclo

González Jacobo precisó que, como todo ciclo económico, las remesas este año dejarán de crecer y comenzarán a caer tal como se observó en mayo último, pero habrá que darles el seguimiento para determinar cuándo se recuperarán, indicó.

Esa situación dependerá de la evolución de la economía de los Estados Unidos, cuando los migrantes recuperen sus niveles de gasto, estabilizarse y regularizar sus envíos a Guatemala para reducir ese impacto negativo.

Esa reducción de ingresos podría significar menores niveles de consumo, menos recaudación tributaria, menor contribución para estabilizar el tipo de cambio, hasta empobrecimiento.

No hubo aprovechamiento

Solares opinó que fue evidente que en estos 20 años el ingreso de las remesas no fue ordenada, y se desaprovechó una oportunidad única de ingreso de recursos, sobre todo para los lugares más vulnerables del país en áreas como salud o educación.

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“Se desaprovechó el comportamiento de esas remesas para poder capitalizarlo en fuentes de desarrollo para la población”, aseveró el especialista.

Sostuvo que no hay una solo política pública o plan para medir de una manera ordenada el ingreso de remesas para plantear posibilidades que se puede hacer a partir de las divisas.

Citó el caso de México, en donde hay programas de inversión conjunta entre sector público, privado y la población migrante para desarrollar proyectos.

Juan Luis Carbajal, secretario ejecutivo de la Pastoral de Movilidad Humana, sugirió que se pueden implementar este tipo de proyectos sociales o comunitarios, ya sea estatales, departamentales o municipales, en los cuales los migrantes participen con una inversión de un dólar se inviertan otros dos con el presupuesto.

*En alianza con Prensa Libre

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