Por Rosalinda Ballesteros

Sólo hay una forma de salir fortalecidos de la pandemia: no perder el rumbo personal ni colectivo y ser todo lo positivo que podamos.

No nos engañemos. Nos hallamos en medio de una tragedia global que rebasa nuestros límites. Cada uno de nosotros conocemos alguna historia cercana, del amigo, del vecino, que nos devela la crueldad de la pandemia: el que fue despedido, el que no tiene ingresos suficientes, el que debe trabajar en condiciones de gran riesgo, el que tiene un enfermo o quien ya perdió a un ser querido.

Para colmo, la pandemia nos ha dejado sin la posibilidad de abrazarnos y besarnos para aliviar tanto desconsuelo.

Transitamos por un evento traumático del que no sólo debemos aspirar a superarlo, sino el imponernos el reto de salir más fuertes, con mayor experiencia y sabiduría.

Uno de mis propósitos personales y profesionales, y de los colegas con los que tengo el placer de trabajar en el Instituto de Ciencias de la Felicidad, es ayudar a la gente y a las organizaciones a aplicar la psicología positiva en sus vidas. Es la disciplina que busca replicar las condiciones que hacen sentir bien a una persona y que la harán obtener lo mejor de sí, tanto en salud, satisfacción o conocimientos, como en productividad. Ayuda al florecimiento del ser humano.

Pero ¿cómo ser positivo en este momento? Ese es el reto: la pandemia no puede detener nuestro propósito de vida. Sí puede obligarnos a tomar diferentes caminos, a dilatar la llegada de ciertos planes; con buena suerte, nos brindará atajos, pero el secreto es hacernos amigos del estrés y usarlo a nuestro favor.

En tiempos normales, los especialistas en psicología positiva recomendamos buscar y provocar esas experiencias que nos llenan de alegría y atacar nuestra realidad con una actitud optimista. En esta tragedia, debemos ser doblemente responsables y no perder el objetivo. Hay que reconocer las dificultades del momento, sentir el miedo o el enojo, pero también apreciar en nuestra intimidad, y compartir con los demás, esos instantes de gratitud y emociones positivas, por pequeños que sean van a hacer una diferencia en nuestra balanza emocional.

Podemos hacer felices a los demás y a nosotros mismos hasta en los momentos más difíciles, no todos los días son buenos, pero seguro hay pequeñas cosas buenas todos los días.

Otra de las recomendaciones que hacemos, y que forman parte de lo que llamamos ecosistema de bienestar, es construir relaciones positivas, lo cual nos permite tener una red de apoyo; aquellos amigos, colegas, que nos impulsan y que nos hacen sentir queridos y valorados. Ahora en plena pandemia es urgente reconocer el valor del otro y mantener el contacto ya sea por medio de videollamadas o el medio que nos parezca más cómodo y efectivo. Hay que pensar en aquellos que son más vulnerables y se encuentran más aislados. En la medida de lo posible, debemos llevarles noticias positivas, comentar libros, música, películas y reconocerles su labor. Pensemos en la familia, los amigos, pero también en los compañeros de trabajo.

Escucharlos es fundamental, dejar que se desahoguen, sin juzgar ni contrariar sus sentimientos; mirándolos y abriendo nuestro corazón.

Te estoy invitando a ser positivo y realista: la pandemia nos brinda la oportunidad de evaluar nuestras metas y, si es necesario, reestablecerlas, ya sea mientras pasa la cuarentena o de manera definitiva. Nos da una perspectiva distinta que nos permite preguntarnos si nuestros objetivos aún son relevantes o si se nos presentan algunos otros que nos son atractivos y que podemos adoptar en lo que retomamos el camino.

Se trata de poner manos a la obra en las decisiones que consideramos esenciales para alcanzar nuestra felicidad. Si no estamos satisfechos con lo que pasa, algo tenemos que hacer para sentirnos mejor. Es momento de volver a mirar la ruta, trazarla nuevamente y construir el camino.

No dejes de sentirte entusiasta en la medida de la circunstancia, no olvides que a la más negra de las noches siempre le sucede un amanecer.

Rosalinda Ballesteros es directora del Instituto de Ciencias de la Felicidad, Universidad Tecmilenio.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.