Por Rosa María Bolaños Y Natiana Gándara

Para algunas de actividades laborales han surgido con el tiempo certificaciones que permiten mayor reconocimiento de parte de empresas o de quienes las demandan.

Entre los oficios más demandados por los guatemaltecos están los de mantenimiento para sistemas de motos, automóviles, máquinas y equipo y diseño, instalación y operación de sistemas eléctricos y electrónicos, como los electricistas, técnicos en electricidad y electrónica.

También tienen alta demanda los servicios de esteticismo y estilismo como cultores de belleza, esteticista, estilista, peluquero y ocupaciones particulares de la belleza, así como los relacionados con la gastronomía —cocinero, panadero, repostero y administradores—.

En los últimos años creció la demanda de ocupaciones relativas a las tecnologías de Información y Comunicación (TIC), que incluyen operadores, programadores, analistas, redes y animadores, comentó Édgar Barrios, jefe de la División Técnica del Instituto Técnico de Capacitación y Productividad (Intecap), que ha creado, en algunos casos, y adoptado, en otros, los procesos para certificar muchas de estas actividades, en varios tipos.

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La certificación de empresa o conjunta se lleva a cabo bajo las normativas internas y contextuales de las organizaciones que solicitan el acompañamiento del Intecap. Se evalúa y certifica la competencia laboral de los puestos estratégicos de la organización que lo requirió y el certificado tiene validez solo para la empresa. La sectorial aplica a empresas aglutinadas en sectores económicos. Esta evalúa la competencia o capacidad laboral de las personas con base en estándares nacionales establecidos con un sector productivo específico.

La certificación internacional está vinculada, principalmente, con las TIC. En esta clasificación, el Intecap se convierte en el centro evaluador que facilita a los interesados el acceso a las evaluaciones en respuesta a estándares internacionales.

En tanto, la externa está vinculada con las ocupaciones, evalúa las capacidades de una persona con base en el pénsum de las carreras ocupacionales del Intecap y son evaluaciones por suficiencia.

En su plan estratégico, el Intecap tiene prevista la atención a sectores emergentes y fortalecer la formación a distancia, el empleo de la flexibilidad como herramienta de trabajo y ampliar la certificación laboral a más sectores. Estos proyectos mostraban avances, pero la crisis por el covid-19 obligará a acelerar los procesos para incorporar en la formación ocupacional la capacitación para el trabajo y certificación laboral en las nuevas demandas o condiciones para la busca y permanencia del empleo, por cuenta propia o en dependencia, expuso Barrios.

A continuación, tres historias de éxito de personas que se han certificado en el Intecap. Esto les ha abierto puertas en diferentes lugares.

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Reconocimiento internacional

Ricardo Antonio Méndez Waldthausen tiene 24 años. Posee estudios universitarios que le han abierto posibilidades, pero las certificaciones que ha obtenido por medio del Intecap le han ayudado en su ámbito laboral y profesional.

Empezó en el 2012 y ahora cuenta con nueve certificaciones, cuatro de las cuales son internacionales, relacionadas con la compañía Cisco, enfocadas a redes y computadoras; otras dos, a seguridad de sistemas, dos más en servidores para empresas y de Word y Excel en nivel normal y experto.

Considera que las que más le han ayudado son las relacionadas con técnico de redes, pero con las de Excel obtuvo su primer trabajo.

Vive en San Diego, California, Estados Unidos, en donde labora desde hace tres años. En la actualidad trabaja en seguridad de sistemas informáticos para una empresa.

En ese país le han validado las certificaciones y le ayudaron a que le avalaran la mitad de la carrera universitaria. Ahora estudia la Licenciatura en Tecnologías de la Información. En Guatemala había cursado varios semestres en la universidad.

“Una ventaja de tener ese tipo de certificaciones para el ámbito laboral es que los acreedores te ven con ojos diferentes porque avalan tu conocimiento sobre un tema específico”, manifestó, y señaló que algunas certificaciones son en inglés, para lo cual también inició varios cursos de ese idioma en Intecap.

Espíritu de perseverancia

Nelly Marroquín, de 49 años, es madre de dos hijos. Luego de haber sido deportada de EE. UU. vivió adversidades que ha superado.

Marroquín vivió en Estados Unidos durante dos años y trabajó en un restaurante de comida que se llama Púchicas, un nombre muy chapín, según expresó.

Calificó su experiencia laboral como enriquecedora porque tuvo la oportunidad de conocer a personas de diferentes países y tuvo el privilegio de aprender y enseñar la gastronomía guatemalteca.

La falta de un permiso laboral y papeles obligaron a la guatemalteca a regresar al país. Al principio, confesó, se sintió triste y frustrada de haber regresado y aseguró que es un proceso por el que todas las personas retornadas pasan, pero lo importante era no rendirse.

Cuando regresó al país la abordó una organización que le habló de Fundación Avina y el proyecto de Inclusión Laboral de Migrantes Retornados a Guatemala, cuyo objetivo es facilitar la vinculación laboral de estas personas a través de la certificación de las competencias laborales adquiridas en Estados Unidos, en los sectores de construcción y gastronomía.

Esa fue la puerta que le abrió a Nelly la oportunidad de certificarse en cocina en el Intecap, específicamente sobre gastronomía en platillo cotidiano, y ahora puede optar a un trabajo digno.

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Operaciones portuarias

Mario Humberto Calderón empezó a trabajar con maquinaria a los 12 años, luego en transporte pesado de carga, servicio de transporte de pasajeros extraurbano pulman y servicio urbano. Tuvo la oportunidad de cursar estudios de Derecho.

Después pasó a trabajar a la Portuaria Santo Tomás de Castilla, en Izabal y allí surgió la posibilidad de recibir cursos en los cuales aprendía cosas nuevas y reforzaba otras, con lo que lograba que le certificaran los conocimientos empíricos que había obtenido.

“Anteriormente lo aprendíamos de forma empírica, ahora ya con una metodología para hacer las cosas”, cuenta Calderón.

La primera certificación que obtuvo fue para operador de montacargas de hasta 10 toneladas, luego cabezal portuario, cabezal convencional dentro de puertos y portacontenedores y montacargas de más peso —con capacidad de 20 toneladas en adelante—, y también grúas.

Con el tiempo se hizo capacitador en la portuaria e instructor del Intecap, para lo cual ha llevado un proceso de preparación. Renunció este año a sus labores pero espera continuar como instructor.

Comentó que poco a poco las mujeres se han incorporado a las labores portuarias y hay operadoras de montacarga y cabezal portuario. Ellas también son certificadas y tienen otros estudios de diversificado o universitarios. “También se abren ventanas para trabajo a las mujeres”, manifestó.

*En alianza con Prensa Libre

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