Por Uriel Naum Ávila*

Centroamérica tiene, por su puesto, muchas más fortalezas que debilidades para hacer negocios y llevarlos a buen puerto. Poco a poco se ha ido eliminando de la región esa vieja idea de poca transparencia y corrupción que se tenía hace relativamente poco tiempo.

Hay que recordar que los grandes grupos empresariales de Centroamérica son familiares, por ello su proceso de adopción de buenas prácticas fue relativamente más fácil y rápido, acelerando con ello su profesionalización de la mano de reformas económicas y tratados de libre comercio trascendentales para la región.

Había que diferenciar, además, la asincronía que tuvieron los países centroamericanos al momento de entrar a la etapa de libre comercio, competitividad, legalidad, etc., debido principalmente a conflictos sociales y políticos ampliamente conocidos de estos países.

El compromiso empresarial y la búsqueda de nuevos mercados se sustenta en la unión regional, que es como ven a al Istmo desde el exterior. Sí, a pesar de las diferencias entre unos y otros países, la imagen que se tiene de Centroamérica es la de países que comparten más similitudes que contrastes.

Los hombres de negocios centroamericanos han aprendido bien del pasado. Los conflictos a los que nos referíamos les han despertado un instinto que no se ve en otras partes del mundo. Tienen un radar muy desarrollado al momento de elegir socios y negocios. Y si antes les costaba salir de sus fronteras a buscar nuevos negocios, las nuevas generaciones de empresarios tienen en su ADN el arriesgarse a incursionar en otros negocios más allá de sus fronteras.

De igual forma, ese instinto los ha llevado a no alarmarse ante situaciones difíciles, como la actual pandemia de Covid-19; a tomar las mejores decisiones en medio de la tormenta, y a diversificar y distribuir de manera adecuada inversiones y negocios; a no poner, como se dice en la región, “todos los huevos en una misma canasta”.

Han sabido adaptarse a los grandes cambios globales, de formas de producción, de tendencias de consumo y de tecnología; solo miremos la maquila en Honduras por ejemplo y la manera en que algunas empresas están adoptando la automatización. Ello los ha llevado también a ver más allá en el tiempo y en el espacio con estrategias de largo alcance, a comenzar a palpar la Cuarta Revolución Industrial.

No hace mucho que se pensaba y se veía que los niveles de innovación, en particular en los países del Triángulo Norte (Guatemala, El Salvador y Honduras), eran muy bajos; sin embargo, los grandes grupos económicos de la región han servido de motor en este tema, y países como Costa Rica y Panamá se han mantenido desde hace cinco años, por lo menos, entre más innovadores de la región de acuerdo a la versión más reciente del Global Innovation Index, en el que Costa Rica ocupa el lugar 55, a la par de México y Chile.

Falta mucho por hacer, es cierto. Los retos son grandes debido a la pandemia y a una realidad compleja en la región. Sin embargo, las fortalezas aquí descritas de los empresarios centroamericanos para hacer negocios y levantarse, incluso, de sus propias cenizas, podría hacer que la región salga bien librada de la crisis y, si se lo proponen, hasta sorprendan.

*Periodista de negocios en Latam

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