Por Liliana Flamenco.

Interesada en escribir sobre la salud mental-como muchos otros- durante la pandemia, leí la siguiente frase:“El Salvador es uno de los países que más pierde años de vida saludable por enfermedades de salud mental en América Latina”,como parte de una investigación en el portal de la fundación Continúa, fundación para la salud mental integral.

La frase parece tan aplicada, que me atrevo a decir que en El Salvador nunca se le ha apostado a la salud mental, pese a ser una nación tan vulnerable. Aun nos curamos las heridas de una guerra civil, vivimos represión, sufrimos terremotos, huracanes, violencia, y ahora, a la lista le agregamos, el nuevo CORONAVIRUS.

El Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la Organización Mundial para la Salud (OMS), considera que “los efectos de la pandemia en la salud mental están siendo sumamente preocupantes. El aislamiento social, el miedo al contagio y el fallecimiento de familiares se ven agravados por la angustia que causa la pérdida de ingresos, y a menudo, de empleos”.

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Se han publicado informes que indican que es una realidad el aumento de los síntomas de depresión y de ansiedad en varios países. El Salvador forma parte de ese grupo, lo confirmé con uno de los profesionales en salud mental que atiende una de las líneas telefónicas del Policlínico Arce del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), que brinda primeros auxilios psicológicos desde el pasado 15 de abril (El Salvador estaba en cuarentena obligatoria desde el 21 de marzo) a raíz de la emergencia por la pandemia.

En esa dependencia de la autónoma de salud, el equipo que atiende consultas por salud mental son 12, pero hoy por hoy algunos están hospitalizados por el COVID-19.

“La gente está demasiado preocupada, consultan por ansiedad, depresión y trastorno del sueño. El numero de llamadas es variado, a veces son 5, 10, 20, y entre esas, algunas las transferimos a psiquiatría porque requieren de medicamento”, profesional de la salud del Policlínico Arce.

El COVID-19, no solo ha afectado a la población que ha permanecido en confinamiento, según la OMS, hay algunos grupos poblacionales que pueden ser incluso más propensos a sufrir malestar psicológico generado por la pandemia, los profesionales sanitarios de primera línea se están enfrentando a una sobre carga de trabajo, al riesgo de contagio y a la necesidad de tomar decisiones de vida o muerte.

En China, se han notificado tasas elevadas de depresión (50%), ansiedad (45%) e insomnio (34%) en el personal sanitario y, en Canadá, el 47% de los profesionales de la salud  han dicho que necesitan apoyo psicológico.

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En El Salvador, el Ministerio de Salud, en apoyo de la ONG ACISAM (Asociación de capacitación e investigación para la salud mental) y UNICEF, pusieron a disposición la Línea Solidaria, dirigida únicamente al personal de salud pública, para brindar apoyo emocional, acompañamiento psicosocial, y confidencialidad con profesionales de la salud mental.

Llamé a Línea Solidaria, al otro lado del teléfono contesto un profesional de la salud mental, que no pertenece a la red de salud pública, dijo que las llamadas que había recibido en sus turnos, eran por diversos casos, agobio, discriminación, sobrecarga de trabajo, muertes de seres queridos por Covid-19, miedo al contagio suyo y de sus familias por la amenaza de trabajar en situación de riesgo, y otros testimoniales que en lo personal, al igual que las anteriores, me causaron mucha impotencia, tristeza y frustración.

“A una enfermera, en el parqueo donde estaciona su vehículo, sus vecinos le pincharon 3 veces las llantas, a otra promotora de salud, los vecinos ya no le permitieron ingresar a la comunidad, a otro compañero de salud que dio positivo, fue su familia quien resulto ser discriminada por los vecinos, y otros tres, por intentos de suicidio”. Puntualizó el Profesional de la salud mental, Línea Solidaria.

La llamada de otra enfermera, a la Línea solidaria, expresaba que no soportaba más la sobrecarga laboral, como las de su misma familia, después de su turno llega a casa a continuar con otras tareas, las del hogar y las del estudio de sus hijos, como ella hay muchas. Me llama la atención la realidad diferenciada que existe en el impacto respecto a la sobrecarga de estrés en cuestión de igualdad de géneros.Y surge inevitablemente la pregunta: ¿Qué hace el Estado para disminuir el impacto de estas situaciones? ¿Basta con un bono de 150 dólares al personal de salud, por ejemplo?

El profesional de Línea solidaria concuerda en que hay que prepararse para los traumas que vienen  después que se “normalice” la situación, la pregunta es ¿cómo?, si durante décadas El Salvador ha tenido patrones aprendidos  educados a través de la represión, creyendo que solo así se es obediente, y ponía el ejemplo del miedo.

“La manera de manipular a las personas es el miedo que nos encajona y limita, el miedo es una reacción normal frente a una amenaza natural, pero durante esta pandemia ha sido una forma de controlar y ejercer el poder, no se está alimentando una convivencia positiva, integradora, saludable”. Puntualizó el psicólogo.

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Profesionales en salud mental, públicos y privados, coinciden en que el estado debe trabajar más en estrategias que prevengan un deterioro físico social emocional, tal y como lo dice la Ley de Salud en El Salvador, aprobada en el mes de julio de 2017, “La presente Ley tiene como objeto garantizar el derecho a la protección de la salud mental de las personas, desde su prevención, promoción, atención, restablecimiento y rehabilitación en las diferentes etapas de su desarrollo, asegurando un enfoque de derechos humanos.

Para la reconocida psicóloga y psicoterapeuta, Gloria Dada, los impactos emocionales serán grandes, porque desde antes de la pandemia ya existía una población vulnerable, agrega que “cualquier persona medianamente funcional, se esfuerza por conseguir estabilidad en la vida y ahora todo está paralizado, rutinas, hobbies,  interacción familiar, amistades, todo lo que te da estabilidad se ha visto amenazado,  y eso para el ser humano tiene un impacto terrible”, por eso, sugiere que debería hacerse una campaña de concientización.

“Una campaña para que la gente pueda reconocer e identificar que lo que está viviendo puede traer repercusiones en su salud mental, la gente se traumatiza, se deprime y no se da ni cuenta, sigue adelante. ¿Cómo vas a pedir ayuda si no sabes que la necesitas y que la mereces? Aprender a reconocer nuestro estado de salud mental emocional para aprender a reconocer que necesitas ayuda y además donde buscarla, el sistema de salud no va a dar abasto para brindar atención psicológica, pues hay que buscar otras alternativas”, Gloria Dada, psicóloga y psicoterapeuta.

Y es que, al no tratar la salud mental no solo pierde la persona que necesita la ayuda, sino también, el mismo país, las personas pierden productividad, su bienestar y por consecuencia su desarrollo humano, reduciendo la calidad de vida.

De acuerdo con un informe sobre políticas acerca de la COVID-19 y la salud mental publicado  por las Naciones Unidas, la pandemia de COVID-19 está poniendo de manifiesto la necesidad de aumentar urgentemente la inversión en servicios de salud mental si el mundo no se quiere arriesgar a que se produzca un aumento drástico de las enfermedades psíquicas.

Según la OMS,  El Salvador únicamente destina el 1.1% de su presupuesto al área de salud mental, pese a la recomendación que hace entre el 5% y 15%. Ojalá y esta pandemia deje lecciones que provoquen el cambio en los sistemas precarios de salud; en el caso de El Salvador, dándole prioridad a la atención mental, que evidentemente hace falta, y que además, se involucre el aspecto educativo, que sigue siendo una deuda, para que como sociedad, compartamos una preocupación informada y no de pánico, que genera divisiones y violencia invisibilizada.

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