Por James P. Scriven, Rogerio Basso y Therese Turner-Jones 

Desde el comienzo de la pandemia mundial, los viajes internacionales se han visto interrumpidos, lo que ha resultado en extensos cierres comerciales, desempleo y un efecto colosal en toda la cadena de valor del turismo. Las empresas atraviesan agudas dificultades financieras. Esperar a que se reabran las fronteras y que regrese la demanda no es una opción.

Esta pandemia ha creado una situación sin precedentes. Después de experimentar una disminución del 4,0% en las llegadas internacionales en 2009 tras la crisis financiera global, el sector turístico se recuperó rápidamente en 2010 y registró un crecimiento del 6,6%, una muestra de su resiliencia. Esta vez, el impacto del golpe a raíz del COVID-19 es más profundo y diferente en su naturaleza. Según la Organización Mundial del Turismo de la ONU, las llegadas de turismo internacional ya han disminuido en un 22% hasta marzo, y los escenarios actuales sugieren una disminución del 58% al 78% en 2020, lo que hace que la magnitud de esta crisis sea mayor que cualquier shock anterior.

Muchos países del Caribe dependen en gran medida del turismo y la contribución económica al PIB representa el 15,5% para la región y hasta el 50% para ciertos países como Bahamas. A pesar de tener una base sólida en 2019, con un récord de 31,5 millones de visitantes y los mayores ingresos por habitación disponible (RevPAR), la región sigue siendo frágil. Cuenta con una cadena de suministro altamente fragmentada y parcialmente informal con medios limitados para resistir un cierre prolongado. La acción rápida del gobierno puede proteger y aliviar el impacto financiero y humanitario para estos actores de la industria más pequeños pero importantes.

La recuperación de esta crisis requiere el apoyo específico del sector por parte de los gobiernos, ya que el sector privado no puede hacerlo solo.

Varios gobiernos, como Bahamas, Barbados y Jamaica, entre otros, ya han puesto en marcha programas de protección de cheques de pago para mitigar el impacto en las personas más vulnerables. Aun cuando se trata de acciones en la dirección correcta, estas son iniciativas a corto plazo. Además, estos programas suelen tener un amplio alcance y no están dirigidos específicamente al turismo. Los requisitos a mediano y largo plazo para la reconstrucción de una industria maltratada y compleja siguen sin abordarse, lo que obligará a los gobiernos a explorar formas adicionales de apoyar al sector privado.

Dado que la mayoría de los establecimientos turísticos están operando con ingresos significativamente reducidos y, en algunos casos, sin ingresos, resulta crítico preservar la liquidez.

El camino hacia la recuperación

En primer lugar, el sector público puede mejorar la liquidez corporativa al ayudar a las empresas del sector a reducir sus costos y gastos operativos. Esto puede venir en forma de desgravación fiscal temporal, desplegando programas de estímulo salarial particularmente a empleados de la industria e incentivando al sistema bancario a otorgar flexibilidad a los préstamos existentes y ofrecer nuevas líneas de crédito. Proporcionar capital de trabajo a todo el sector, a medida que las empresas se preparan a reabrir será fundamental, ya que los operadores han gastado muchas reservas de efectivo durante el prolongado cierre.

La clave para la recuperación en el Caribe, o más bien la reconstrucción para ser más precisos, será proporcionar las bases para que las empresas sigan siendo solventes, para que los empleados despedidos sean recontratados a medida que la demanda regrese. Sin el apoyo específico del sector, la desafortunada realidad es que algunas empresas no sobrevivirán, poniendo en riesgo una parte de los más de 2,4 millones de empleos turísticos en la región.

En segundo lugar, es clave implementar protocolos de bioseguridad para restablecer la demanda de viajeros domésticos e internacionales. Esta es una crisis de confianza que disminuirá progresivamente a medida que el contagio disminuya debido a las alternativas de tratamiento y, con suerte, una vacuna. Hasta entonces, los gobiernos deben demostrar liderazgo en la implementación rápida y efectiva de protocolos estandarizados para proteger a sus ciudadanos y visitantes.

El enfoque debe estar en asegurar que todo el circuito turístico, desde aeropuertos hasta taxis, hoteles, restaurantes, atracciones turísticas, proveedores y todos los empleados directos e indirectos intermedios, cumpla con estos protocolos. Los estándares deben ser de naturaleza global para establecer una barra de seguridad y comodidad mínima pero dinámica para que puedan reaccionar y adaptarse a las cambiantes condiciones de salud con el tiempo.

A medida que navegamos en un entorno incierto, aumenta la urgencia de apoyo gubernamental al sector turístico en el Caribe. Las empresas están ansiosas por reabrir sus puertas, pero necesitan un salvavidas, ya que la magnitud de esta crisis es simplemente demasiado grande como para que puedan superarla por sí solas. Este podría ser el camino a seguir: cuando los sectores público y privado trabajan juntos, la suma será mayor que las partes.

*Este texto se publicó originalmente en Blog de BID