Por Paulina Campos Villaseñor

Los pronósticos económicos para América Latina no son favorables. Con una caída en la economía regional estimada en -5.3%, la CEPAL estima que la pandemia del COVID-19 llevará a la región a su mayor contracción de la actividad económica en la historia contemporánea. La región de América Latina se ha caracterizado por generar un crecimiento económico relativamente bajo en los últimos años, con un crecimiento promedio de 0.4% entre 2014 y 2019. Este crecimiento es especialmente bajo, cuando se compara con el crecimiento de otras economías emergentes, especialmente en Asia, que crecen a tasas promedio anual de 6-7%.

La pandemia del Covid-19 ha afectado a las economías de la región tanto por la contracción del mercado externo, como por la caída del mercado interno. Del lado externo, la reducción de la demanda por exportaciones, la caída de precios de materias primas (i.e. petróleo y productos agrícolas) y una menor demanda por turismo han contribuido de forma importante a esta reducción. Las remesas han tenido un comportamiento diferente, que en algunos casos ha ayudado a mitigar parcialmente los efectos de un entorno externo desfavorable. Por ejemplo: en México durante el primer trimestre del año se registró un crecimiento en las remesas de 35.8%, lo que también estuvo relacionado a la depreciación del tipo de cambio.

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En términos de mercado interno, la afectación a la pequeña y mediana empresa y los índices crecientes de desempleo ya registran efectos negativos en los ingresos de las familias, lo que contribuye a acentuar las desigualdades y a presionar aún más lo índices de pobreza al alza. La capacidad con la que los gobiernos diseñen rutas regionales de reapertura estratégica de los sectores y subsectores que más contribuyen a la economía en términos de empleo, valor económico, potencial exportador, y que, al mismo tiempo, registren el menor riesgo sectorial, será crucial para evitar la destrucción de las cadenas de valor (1).

Los gobiernos deberán también de identificar los sectores y subsectores con mayor potencial recaudatorio y menor riesgo sectorial, con el fin de diseñar rutas de reapertura que no comprometan la flexibilidad fiscal y la capacidad de pago de la deuda. Una estrategia de reactivación económica requiere de la identificación de los riesgos de cada sector para minimizar la probabilidad de repunte, la interrelación entre las cadenas de proveeduría, así como la evaluación del valor que genera cada sector de forma directa o indirecta.

*Líder Covid-19 del Tecnológico de Monterrey

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