Winston Churchill, ex primer ministro británico y uno de los líderes más trascendentes en el siglo XX, sabiamente afirmó: “Nunca se debe de desaprovechar una buena crisis”. Y qué mejor manera de convertir una crisis en oportunidad, que el construir sociedades que le reconozcan a las mujeres el ejercicio pleno de sus derechos en igualdad.

En palabras de la canciller alemana, Angela Merkel, el Covid-19 representa la peor crisis después de la Segunda Guerra Mundial, y en las de Kristalina Georgieva, directora Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), se trata de la peor crisis económica y financiera después de la Gran Depresión de 1929. ¿Y quiénes están en la primera línea de defensa?: las mujeres.

Globalmente siete de cada 10 profesionales de la salud son mujeres, en América Latina ese número se incrementa a un 87%. En los ministerios de salud, trabajadoras sociales, doctoras, enfermeras y auxiliares son el gran ejército responsable de la prevención y atención de la población contagiada. Pese a su importancia y su alta exposición al contagio, muchas de ellas no han recibido los equipos mínimos de protección, de ahí que no es de extrañar las altas cifras de casos positivos.

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Si en los hospitales y centros sanitarios son importantes, las mujeres en los hogares han asumido una línea de protección vital, asumiendo responsabilidades adicionales a una ya abultada carga. Antes del Covid-19, estudios del uso del tiempo mostraban cómo las mujeres destinaban el triple de horas en relación con los hombres al trabajo no remunerado (por ejemplo, da constancia de ello el Estudio del Uso del Tiempo 2017, en Costa Rica).

Aunque son preliminares, estudios realizados durante la pandemia muestran la falta de apoyo a las madres solteras, y cómo la proporción de mujeres dedicadas al cuidado y la educación de los niños y adolescentes ha recaído en una proporción de 1 a 10 en ellas, y existen cinco veces más madres solteras que padres solteros asumiendo responsabilidades (revista Time, 12 marzo de 2020).

En tiempos del Covid-19, el cuidado cobra una nueva dimensión y responsabilidad, no sólo en la incorporación y en la sobrecarga de implementar las medidas preventivas, sino también porque las mujeres han asumido en mayor proporción que los hombres el cuidado de los adultos mayores (abastecimiento y protección), así como de los contagiados que no requieren de internamiento.

Así cae abajo el mito de que las labores de las mujeres son menos importantes y de ahí la menor remuneración que éstas han percibido por igual labor que los hombres. Por otra parte, se evidencia cómo las sociedades deben evolucionar a un sistema solidario de cuidados.

Buenos resultados

Por otra parte, resulta interesante destacar cómo los países que han enfrentado con mayor acierto la pandemia tienen en común estar liderados por mujeres, ejemplos de ello son Taiwán, Alemania, Nueva Zelanda, Finlandia e Islandia, y pese a lo anterior, una mayoría de países excluyen a las mujeres de sus mesas de decisión en el manejo poscrisis.

Ese difícil equilibrio entre protección sanitaria y reactivación económica sólo se logrará con la acción hombro con hombro entre gobierno, sector productivo y sociedad civil, donde hombres y mujeres participen por igual en todos los centros de decisión, en los planes de respuesta, tomando en cuenta las necesidades especiales de las mujeres. Subvalorar las particulares necesidades del 50% de la población, que en el siglo xxi cuenta además con un mayor nivel educativo, nos podría pasar una alta factura.

* Empresaria y analista
Twitter: @Nuria_MarinR

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