Por Banco Interamericano de Desarrollo

Casi como ninguna otra institución del Estado, la policía está presente en muchos aspectos cotidianos de los ciudadanos. En el ámbito local, constituyen a menudo el primer punto de contacto entre la ciudadanía y el Estado –y, al usar uniforme, son siempre visibles.  La naturaleza de su trabajo la posiciona siempre al frente en situaciones de crisis y emergencias que requieren su involucramiento inmediato.

La crisis desencadenada por la pandemia del COVID-19 ha tenido un impacto muy particular en los cuerpos policiales. En efecto, la policía, junto con los bomberos y otras unidades de rescate, están en la primera línea de respuesta, atendiendo las emergencias y nuevas funciones derivadas de la crisis sanitaria mientras continúan con todas las responsabilidades de mantenimiento de la seguridad pública.

Policía y COVID-19: Colectivo de alto riesgo

Estas nuevas funciones en la primera línea de respuesta del COVID-19 han convertido a las policías en un colectivo de alto riesgo. De hecho, algunas entidades policiales han tenido que hacer frente a un número significativo de bajas por enfermedad o por medidas preventivas de cuarentena. Todo esto, claro está, puede afectar a su capacidad operativa. Además, las medidas de confinamiento y cierre general de actividades no esenciales han modificado las rutinas y el comportamiento de las personas. Y los datos nos indican que estos cambios también estarían afectando los patrones de delincuencia.

Las policías de ALC afrontan la crisis del COVID-19 con un desafío mayor que otras regiones porque parten de niveles altos de criminalidad y percepción de inseguridad, y en algunos casos, con importantes desafíos institucionales.  Por ello, y ya que la crisis de salud pública es probable que continúe, es importante examinar hasta qué punto las policías pueden realizar este esfuerzo de manera sostenida en el tiempo.

En este contexto, se requiere analizar en detalle como la crisis del COVID-19 está generando cambios en el trabajo policial, y cuál es su impacto potencial en la efectividad y legitimidad de las policías de ALC.

Policía en pandemia: Más trabajo y responsabilidades con similares medios

Desde el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) hemos realizado un estudio comparativo para entender mejor cómo la llegada de la pandemia afectó a las agencias policiales de la región. En general, los resultados de este estudio realizado durante la etapa de emergencia del COVID-19 revelan como la pandemia ha obligado a las instituciones policiales a definir prioridades y racionar recursos limitados. Los principales hallazgos de este estudio fueron los siguientes:

  • La mayoría de las policías de la región se han preparado y tomado medidas rápido. Desarrollaron protocolos de seguridad, dotaron a sus oficiales de elementos de protección y elaboraron planes de contingencia.
  • Respecto a la actividad cotidiana, las agencias continuaron atendiendo llamadas por servicio (aunque con un mayor uso de herramientas virtuales).
  • La mayoría de las policías de la región no contaban con especificaciones para disminuir los arrestos físicos por delitos menores para minimizar el riesgo de contagio a la policía y entre los detenidos.
  • La mayoría de las policías en la región indicaron haber reducido varias acciones preventivas (como controles proactivos a vehículos o personas) y comunitarias habituales (reuniones comunitarias, grupos de trabajo de resolución de problemas, etc.).
  • En la mayoría de los países aumentaron la presencia policial en comercios (para prevenir robos), hospitales (para asistir en la emergencia sanitaria) y espacios públicos (para controlar la cuarentena y preservar el distanciamiento social).
  • Aunque existen protocolos sobre cómo la policía debe atender las llamadas por servicio, no siempre se contaban con protocolos específicos sobre el alcance de las responsabilidades de los agentes para hacer cumplir las medidas sanitarias.

Cada decisión policial implica un costo de oportunidad y este se acentúa en escenarios de crisis en donde existen mayores demandas y restricciones en las capacidades.  Por ejemplo, aumentar la presencia policial en una zona implica, necesariamente, reducir la presencia en otras, incluso priorizar la respuesta a incidentes a las actividades proactivas y comunitarias.

Blindaje a la legitimidad policial

Si algo se ha demostrado empíricamente es que la operatividad policial y la confianza ciudadana son dos variables interdependientes. Si las fuerzas de seguridad funcionan, los ciudadanos confían más en ellas y se activa un círculo virtuoso de colaboración y trabajo comunitario. Por ello, es esencial seguir muy de cerca cómo evoluciona el rol de la policía durante la pandemia para asegurar que no hay ningún impacto en la calidad de los servicios de prevención y reducción del delito, ni interferencias en la relación de los agentes con la ciudadanía.

¿Qué pueden hacer las policías de nuestra región para garantizar que todas sus responsabilidades se cubren con eficacia durante la pandemia?

  1. Favorecer nuevas maneras de interacción entre policías y ciudadanos, involucrando a la comunidad en la definición de las prioridades, los problemas y las soluciones locales y comunitarias.
  2. Seguir trabajando en el fortalecimiento institucional y la construcción de capacidades de las agencias policiales de la región.
  3. Continuar desarrollando una agenda de conocimiento que permita identificar las mejores prácticas de gestión para extraer lecciones aprendidas y casos de éxito que aporten a la actuación de las policías.

Los peligros y desafíos para las policías en la actual coyuntura son nuevos y de considerable magnitud.  Sin embargo, los retos también presentan oportunidades. Por tanto, las medidas que se tomen para atender esta crisis pueden tener a medio y largo plazo un considerable impacto tanto en las propias instituciones como en la valoración y confianza que tenemos los ciudadanos en ellas.

*Este texto se publicó originalmente en el Blog del BID