Por Luz Adriana Santacruz *
No es secreto que la pandemia provocada por el Covid-19 trajo un escenario desconocido para todo el mundo. El golpe económico y en salud ha sido letal. Un sinfín de veces se ha hablado de la población vulnerable, compuesta por adultos mayores y personas con enfermedades crónicas, pero poco se ha dicho de otra de las caras que respira el abandono: los niños migrantes.

Y no es que sólo se haya dicho poco, sino que también se ha hecho poco para protegerlos de este enemigo invisible, llamado coronavirus.

La Unicef explicó en un comunicado publicado en abril de este año que el 99% de los niños y jóvenes menores de 18 años (2,340 millones) viven actualmente en alguno de los 186 países en los que se han impuesto medidas de restricción en cuanto a movilidad se refiere, como un escudo para evitar la rápida propagación de la enfermedad.

Le invitamos a leer: Niños migrantes, vulnerables a trata y violencia sexual: Unicef

Aunado a esto, agregó el organismo de protección infantil, el 60% (1,400 millones) de esta población infantil vive en alguno de los 82 países que han permanecido en aislamiento.

¿Viven estos niños en las condiciones adecuadas para darle frente al Covid-19? La respuesta es no.  La precaria situación monetaria de sus familias, la poca higiene que hay en los lugares donde se refugian, la carencia de oportunidades que se les desvanecieron con la falta de movilidad, la casi notable ausencia de ayuda económica, las nulas medidas de protección, sumado todo a los problemas ya existentes de desnutrición y maltrato, entre los que se incluye el abuso, hacen que su panorama sea muy poco alentador.

No olvidemos que muchos de los países se construyen en base al trabajo de los migrantes. Y estos niños que hoy están desprotegidos ante una enfermedad que no se sabe cuándo va a parar, en algún momento serán la fuerza laboral que empuje al mundo. Necesitan prepararse, crecer sanos, con alimento a su alcance. Necesitan tener a la mano herramientas que los enseñen a defenderse, a pelear por sí mismos, a ser grandes.

Kit de salud
No darles estos instrumentos es una tremenda violación hacia sus derechos, hacia su niñez. Y, no en menor grado, es no darles acceso a un sistema de salud que los atienda.

Cada día las víctimas del Covid-19 son más, incluso cuando llegue la tan esperada vacuna o medicamento que combata al virus. Seamos realistas, los niños migrantes no tendrán acceso a ella o difícilmente lo harán. Y están más expuestos que cualquiera, pues aún y con confinamiento salen a trabajar, a ayudar a sus familias como pueden para ganar el sustento.

¿Una nueva normalidad? Tal pareciera que para ellos no existe. Todos los días son iguales, con la diferencia que ahora enfrentan un reto más: el coronavirus. Es por ello que como sociedad necesitamos urgentemente mirarlos, ayudarlos a que dejen esa invisibilidad.

Los gobiernos deben de realizar campañas de salud que incluyan a estos menores migrantes, proporcionarles algunos kits de higiene y explicarles la importancia de su uso. En pocas palabras, se debe educar, educar y volver a educar. Sí, aunque parezca disco rayado.

Sólo con educación (que incluya algunos kits de limpieza, insisto) y acceso a los sistemas de salud es como estos niños podrán hacerle frente al Covid-19 desde su trinchera. Si no, ellos no notarán la diferencia, y seguirán viviendo en un ambiente lleno de precariedad y miseria donde un enemigo más estará dispuesto a extinguirlos.

* Periodista especializada en Latam, con experiencia en Univision.com y GFR Media Puerto Rico. Ganadora de Premio Rey de España y Premio en Periodismo Multimediático

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.