Por Mariana Alfaro

De acuerdo con la Escuela de Negocios Sloan del MIT y la compañía líder mundial de Inteligencia de Negocios SAS, hay una diferencia fundamental en lo que hacen las empresas actualmente exitosas del resto: su manejo de analíticos.

Cómo las organizaciones capturan, crean y utilizan datos, está cambiando la forma en que trabajamos y vivimos. Esta “gran idea”, que ha ganado adeptos entre los ejecutivos, académicos y analistas de negocio en años recientes, refleja la creciente convicción de que estamos en la cúspide de una revolución del análisis que bien puede transformar cómo se gestionan las organizaciones, así como transformar las economías y las sociedades en las que operan.

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A la vanguardia de esta revolución están las empresas que utilizan los analíticos para competir e innovar. La comprensión de estas compañías da una idea de la dirección y el ritmo de la “revolución” del análisis y la gestión de grandes bases de datos (Big Data). Lecciones sobre a qué obstáculos se enfrentan estas empresas y cómo se están abordando indican un camino a seguir para muchos otros negocios. Más ahora, luego de la devastación que el COVID-19 está propiciando en todos los órdenes de nuestro quehacer, se precisa recurrir a los analíticos para salir adelante. Centroamérica, como un solo bloque geográfico y cada uno de los países que la conforman, puede encontrar más fácilmente de lo pensado, soluciones inmediatas que apoyen una mejor toma de decisiones económica y comercial; el reto está en el poder de decisión que cada uno tenga para lograrlo.

Un dato poco conocido, pero que es de lo más relevante y motivante para sustentar el cambio de paradigma hacia la toma de decisiones basada en analítica de datos, lo brinda Deloitte: “Centroamérica es la región con mayor penetración de uso de redes sociales del mundo (84% de los más de 13 años). La población es joven y ultra conectada. Empresas y gobiernos están muy conscientes del potencial y de la importancia de la economía digital. Sin embargo, esta sigue siendo marginal a la fecha”.

En otras palabras, existe una base generacional que permitirá agilizar y dinamizar el cambio en el futuro inmediato: existe la garantía de una alfabetización digital. Sin embargo, para lograr la transición en el presente es urgente habilitar con sensibilización básica a quienes toman decisiones y dirigen las organizaciones, para que desarrollen las competencias necesarias que permitan la creación de intra-emprendimientos, detonando con ellos proyectos de transformación digital orientados en primera instancia en responder lo más rápido posible a las nuevas necesidades de sus clientes, usuarios, consumidores o ciudadanos. Esto a lo que llamamos “nueva normalidad”.

La reactivación de los negocios con el soporte de la analítica de datos deberá considerar un desarrollo por fases para construir los cimientos a futuro (evitando reactivaciones fugaces y corto placistas). Dentro de las fases críticas se consideran: el cambio en el enfoque de las organizaciones de producto a servicio (concepto conocido como “servitizar”, otorgando valor agregado al producto para ofrecerlo al cliente como un servicio); ubicar en el centro de los objetivos de negocio al cliente con sus necesidades urgentes y nuevos hábitos aprendidos a consecuencia de la pandemia; disminuir tiempos de desarrollo de nuevos productos o servicios e innovar aplicando todo el talento disponible; construir un enfoque de medir constantemente todas las acciones y resultados obtenidos, medir el día a día para ajustar con el mismo ritmo. Por último, establecer una tecnología mínima viable para la analítica de datos. Y en este apartado no hablamos de grandes inversiones en centros de datos virtualizados; basta ante la urgencia, de la instalación de una aplicación que centralice los archivos clave de la empresa para poder construir una base de datos sobre la cual realizar los análisis (a la que se conoce como Datawarehouse). Hoy el mercado nos ofrece alternativas de muy bajo costo para infraestructuras tecnológicas en la nube (PaaS, plataformas como servicio).

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Pero, por encima de todo, el factor clave más importante es comenzar a cambiar nuestra mentalidad de postergación de acciones o de dejarnos llevar por la corriente, por una en la cual asumamos la responsabilidad que nos toca en estos tiempos tan difíciles y que no es otra que tomar mejores decisiones. Hacernos cargo de nosotros y de nuestro entorno más cercano. Es momento de asumir un liderazgo como nunca antes para la transformación de nuestro país y de Centroamérica como colectivo regional.

Hoy, no podemos darnos el lujo de desperdiciar un tiempo que no tenemos, apoyados en recursos como la suerte, la serendipia o la toma de decisiones de alguien más. Aquí es donde la valía del análisis de los datos, de la inteligencia de negocios, juega el rol más importante de todos: brindarnos certidumbre en la era de mayor incertidumbre en la historia moderna de la humanidad.

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