Por Estuardo Gasparico M.
Dionisio Gutiérrez Mayorga se caracteriza por ser un hombre de negocios muy activo en la arena económica y política de Centroamérica. Durante varias décadas ha tenido que sortear diversas crisis, pero quizás ninguna tan compleja como la del Covid-19.

Desde su punto de vista, para revertir los efectos que la pandemia ha dejado en la población y en las empresas, durante los próximos meses habrá que trabajar muy duro para recuperar la confianza de la gente, reactivar la demanda de bienes y servicios, ser creativos pero, sobre todo, avanzar en la integración regional y reforzar las instituciones democráticas.

Y posee la experiencia para hablar del tema, pues durante más de 33 años fue presidente de Corporación Multi Inversiones (CMI), uno de los grupos con mayor importancia en el Istmo, que tiene presencia en 14 países, en áreas como producción de pasta y galletas, molinos de harina de trigo, industrias avícola y porcícola, fabricación de embutidos, alimentos para animales y mascotas, proyectos de generación de energía eléctrica, desarrollos inmobiliarios, servicios financieros, y los tradicionales restaurantes Pollo Campero.

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Además de ser accionista y uno de los fundadores de la compañía regional, desde la apertura democrática de Centroamérica, ocurrida en la década de 1980, ha tenido una importante y permanente participación en los momentos críticos, por lo que ha colaborado en think tanks.

Actualmente escribe columnas de opinión e imparte conferencias en varios países y tiempo atrás fue director general y presentador del programa de televisión Libre Encuentro, donde condujo análisis, debates y propuestas por 20 años. Posteriormente fue director general del programa Dimensión, y actualmente dirige y presenta el programa Razón de Estado.

También es sociólogo, comunicador y presidente de la Fundación Libertad y Desarrollo, desde la que dirige a un equipo de intelectuales con quienes desarrolla múltiples actividades cívicas y trabaja en la articulación de propuestas de Estado para Centroamérica.

En territorio chapín
En el caso de Guatemala, las medidas de combate a la pandemia han incluido restricción de movilidad durante la noche y los fines de semana (toque de queda); circulación vehicular por número de matrícula; cierre temporal de centros educativos, universidades y empresas no esenciales como restaurantes, bares, discotecas y centros comerciales; suspensión del transporte público en todo el país; y cierre parcial de los organismos del Estado, la industria, el comercio y la construcción, entre otras actividades productivas.

Gutiérrez Mayorga puntualiza que en el país las actividades económicas más afectadas por los cierres totales o parciales son los hoteles y restaurantes, transporte, comunicaciones, almacenamiento, el sector inmobiliario y la construcción, debido al poco ánimo de los compradores. En contraste, los rubros menos perjudicados son el agrícola y el financiero, lo que podría cambiar en los próximos meses, a medida que la crisis se profundice.

Por ende, dice que el gran desafío para iniciar la reactivación económica es que la población recupere la confianza: “Esa es la clave. Las economías pueden estar abiertas, pero si la gente tiene miedo a contagiarse, como está sucediendo, tendremos un serio problema”.

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El Banco Central de Guatemala proyecta para 2020 una caída del Producto Interno Bruto (PIB) que va de -0.5% a -1.5%, lo que ya se refleja en una recaudación tributaria que fue menor en 23.5% con respecto a lo esperado en mayo.

Esta crisis se puede agudizar mucho más, pues la economía y la salud son las dos dimensiones más perjudicadas por la pandemia, pero luego se sumará el tema político que, si se maneja mal, puede afectar a las otras dos de forma dramática durante mucho tiempo”.

En vista de lo anterior, el empresario asegura que durante los próximos meses el desafío principal estará en reactivar la demanda, lo que sólo se logrará con un crecimiento robusto que rescate los empleos que se perdieron y genere nuevos. Para esto, las políticas públicas en temas de inversión, recaudación tributaria, laborales y de infraestructura serán determinantes, por lo que los gobiernos deben jugar un papel protagónico positivo.

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“Todo el mundo fue desbordado por la pandemia, porque la especie humana no estaba preparada para una crisis como esta. Con los antecedentes que se tenían y las amenazas inminentes, el hecho de que este virus nos tenga así, dice poco de los gobiernos, las élites, la ciencia y entidades como la Organización Mundial de la Salud (OMS), pues los datos son muy distorsionados, las medidas que se han aplicado parecen salidas de un laboratorio peligroso y se juega con la población”.

Destaca que en Guatemala se pusieron en marcha varios programas que incluyen un bono familiar, transferencias a adultos mayores, apoyo a vendedores informales, un fondo para protección del empleo y otro de créditos para capital de trabajo.

“El problema de casi todos los gobiernos es la escasa capacidad de ejecución de sus recursos. El confinamiento y los toques de queda han afectado la actividad económica y no se logra contener la pandemia, por lo que el panorama es muy complejo. Reactivar la economía y aliviar el drama social que esta crisis dejará, requerirá no sólo de ayuda estatal, sino del apoyo del mundo desarrollado y de las instituciones financieras multilaterales”.

También se refirió a la disminución del ingreso de divisas por remesas familiares como un aspecto que puede complicar el panorama de la región, debido a que Guatemala, Honduras y El Salvador son economías de consumo que dependen de lo que envían los migrantes.

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“En Guatemala, las remesas representan casi el 14% del PIB y 6.2 millones de personas utilizan esos recursos para construcción de vivienda en un 50% y el resto para subsistencia, educación y salud. En El Salvador y Honduras, el impacto es mayor. El sector construcción también se verá afectado por un menor envío de dinero y se sufrirá un drama humano porque muchas familias no tendrán para su sustento diario ni para pagar la educación de sus hijos”.

En Centroamérica, ¿qué país está logrando mejores resultados contra el Covid-19?
Me parece que Costa Rica, pero tiene condiciones especiales, como una población más simétrica y dispersa, aparte del clima; ellos tomaron medidas importantes desde el inicio, pero el contagio comienza a subir también.

Los gobiernos ofrecen planes y programas, pero la incapacidad histórica de sus Estados les impide ser efectivos. No podemos cerrar las economías porque no tenemos los espacios fiscales para subsidiar a la gente.

El BM [Banco Mundial] y el FMI [Fondo Monetario Internacional] coinciden en que los más afectados de la región serán Nicaragua y El Salvador, seguidos por Honduras. Nicaragua acumulará tres años de contracción económica en 2020, reflejando las consecuencias de la crisis política que provoca su dictadura.

Las élites de la región, especialmente la económica, deben desarrollar un plan estratégico en detalle para identificar los elementos y las condiciones necesarias para una recuperación económica potente, buscarlas y pelearlas, así como reforzar nuestras instituciones democráticas.

¿Debemos buscar nuevos destinos para las exportaciones?
Después de la pandemia veremos cuánto cambió el mundo, pero la región debe fortalecer sus relaciones con Asia, que ha sido el motor del crecimiento mundial de los últimos 30 años.

Varios países sudamericanos diversificaron los destinos de sus exportaciones, estrecharon sus relaciones con Europa y China y les ha ido muy bien, así que Centroamérica debe hacer lo mismo. Además, América Latina debe estar muy atenta a las elecciones en Estados Unidos, ya que los resultados pueden implicar cambios.

¿Cómo mejorar la relación comercial con Estados Unidos y México?
El camino es la integración económica regional de Centroamérica y el Caribe.

Cada país en lo individual no tiene fuerza para negociar. Habría que aprovechar los acuerdos comerciales existentes e incrementar la competitividad de cada nación, porque si no logramos la integración vamos a negociar siempre como enanos.

Para interactuar mejor con el mundo y con nuestros vecinos grandes hay que actualizar la legislación existente, tener una agenda común, mejorar el libre tránsito de bienes, personas y capitales. Sólo entonces se potenciará la capacidad comercial de la región, pues las exportaciones conjuntas aumentarían hasta el 11% del PIB regional. Nuestras relaciones con estos países dependerán en gran medida de nuestra capacidad para integrarnos económicamente.

¿Cuáles son los principales retos para lograrlo?
Antes de la crisis, la integración económica ya era una condición deseable y necesaria para alcanzar un nivel de desarrollo aceptable en los próximos 30 años. Ahora es imprescindible. La devastación que dejará esta crisis y las amenazas políticas que vendrán para nuestros países nos pondrán en riesgo de caer en la irrelevancia por décadas y de quedar como miembros de una lista de países aislados y fracasados.

No tenemos la masa crítica ni las economías de escala que ya eran necesarias para defendernos y el futuro de la región como países en desarrollo (y no como condenados al subdesarrollo) dependerá de una integración económica estratégica que brinde estabilidad política.

La integración política es una utopía en la que habrá que pensar en los próximos dos siglos, pero con la económica ya se puede hacer mucho.
El fortalecimiento que debe venir dependerá de la institucionalidad democrática, el estado de derecho, la certeza jurídica y políticas públicas para atraer inversiones que brinden la oportunidad de evolucionar como sociedades.

Con 61 millones de habitantes entre Centroamérica y República Dominicana, seríamos la tercera región económica más poblada de América Latina después de Brasil y México. Con casi 550,000 kilómetros cuadrados seríamos la mitad de Colombia, pero más grandes que California; y con más de 350 millardos de PIB [350,000 mdd] seríamos una economía muy grande.

El desafío principal de la región es que las élites de cada nación se convenzan de una vez por todas que el único destino para nuestros países es la integración económica, con todo lo que esto significa, como salir de la cultura aldeana y provincial, pensar en grande y animarse a alcanzar el futuro que hace tiempo dejamos ir.

Nuevos líderes
Desde el punto de vista de Gutiérrez Mayorga, hoy es el momento en el que los habitantes de Centroamérica deben ser creativos, cambiar la forma de pensar y modernizar su cultura. En este sentido, hay elementos fácilmente identificables, como el desarrollo de las compras en línea, el teletrabajo y las plataformas tecnológicas en general, que han demostrado que es posible ser más eficientes con menos recursos.

“Las necesidades de recuperación serán tan grandes que tendremos que pensar de otra manera y aceptar cosas que antes eran impensables, como la relación de China con el occidente desarrollado”.

Como ejemplo, cita que compañías regionales o multinacionales como CMI se están defendiendo mejor de los impactos de la pandemia: “Hay enormes dificultades y una gran responsabilidad por estar produciendo bienes de primera necesidad, pero aprendemos a ser más eficientes y estamos haciendo el esfuerzo por ser parte de la solución de esta problemática, por lo que damos la mejor batalla que podemos”.

El guatemalteco destaca que será relevante el rol de los empresarios de la región para levantar la economía después del Covid-19, pero hace énfasis en que la élite económica de la región, y especialmente la de Centroamérica y el Caribe, ha marcado una enorme distancia del quehacer político y hoy más que nunca es algo peligroso.

Por eso asegura que se necesita formar una nueva generación de estadistas que gobiernen mejor, que incluya líderes empresariales, cívicos y académicos.

A esto hay que agregar que desde las élites empresariales debería haber un compromiso mucho más grande con el fortalecimiento institucional, porque el verdadero subdesarrollo de América Latina es político: “En la medida en que seamos capaces de construir un desarrollo político moderno, transparente, correcto y honesto, resolveremos los problemas económicos y sociales. Casi no importará el esfuerzo económico y social, si los grupos que siguen gobernando son mafias criminales, narcopolíticos y oportunistas”.