Por Uriel Naum Ávila

El Covid-19 ha venido a sacudir a la mayoría de las industrias del mundo y en Latinoamérica no es diferente. Empresarios de sectores que en los últimos años han sido un motor importante de las economías de la región, como la turística en Costa Rica, por ejemplo, que participa con 6.3% en el PIB del país centroamericano, buscan adaptarse a los nuevos tiempos de cambio.

Un ejemplo de ello es la Asociación Costarricense de Profesionales en Turismo (Acoprot). Días atrás esta organización dio a conocer que impulsaría “acciones innovadoras” como ferias virtuales y promociones para “adaptarse a la nueva realidad” que ha impuesto la pandemia y que, hasta el momento, ha propiciado que se tenga una gran cantidad de habitaciones de hoteles desocupadas, aerolíneas en crisis, cese de cruceros y prohibición de viajes.

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La reinvención de las industrias tradicionales está en marcha en América Latina. El regreso de los autocinemas en México, Colombia y Costa Rica, es otro claro ejemplo de como la industria del entretenimiento busca conservar la “sana distancia” y los ingresos económicos que hasta 2019 le dejaban las salas de cines.

La pregunta es si la reconfiguración de esas industrias será suficiente para enfrentar el nuevo entorno de negocios, el cual parece no volverá a ser jamás el mismo. Un ejemplo de ello son los cientos y cientos de oficinas que venían construyéndose desde hace varios años en Panamá y que, en buena medida, fortalecieron la economía de ese país en los últimos años. ¿Qué pasará con esa rama de real estate ahora que el home office ha tomado fuerza y que los modelos de coworking parecen ser el término medio por el que optarán la mayoría de las compañías?

La situación es más complicada de lo que parece a simple vista. Cerca de 2.7 millones de empresas de la región podrían terminar cerrando por la pandemia, “la mayoría de ellas microempresas, lo que implicaría la pérdida de 8.5 millones de empleos”, señaló recientemente la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

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Los sectores más impactados en Latinoamérica por Covid-19, de acuerdo a la misma Cepal, son el comercio mayorista y minorista; las actividades comunitarias sociales y personales; hoteles y restaurantes; actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler, y las manufacturas.

Sin lugar a dudas el turismo, la industria maquiladora, tan relevante en países como México, Honduras, Guatemala y El Salvador, así como la de real estate en Panamá o la de entretenimiento en Colombia, tan vinculada a la industria naranja (industria creativa) de ese país, por la que hay una fuerte apuesta económica del gobierno, se deben reforzar, pero las tendencias indican que el futuro de la economía mundial no estará más ahí del todo, sino en la digitalización, la salud tecnificada, la automatización, la robótica, en las empresas-plataforma (un producto o servicio junto con tecnología que los ofrece), etc.

¿Qué se hace en Latinoamérica para impulsar a esas y otras industrias del futuro? Muy poco o no lo suficiente al parecer. Se conocen de esfuerzo aislados en países como Chile, Colombia, Argentina, México o Costa Rica, pero no pasan de ser casos de éxito que se pueden contar con los dedos de las manos. Sí hay que fortalecer las ramas que hoy están en crisis, pero no debemos perder de vista que el futuro nos está alcanzando y que las industrias actuales servirán de poco para hacerles frente.

*El autor es periodista de negocios de Latam y consultor en comunicación.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.

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