Por Camelia Ilie-Cardoza*

Estamos viviendo de forma acelerada la desaparición de nuestros hábitos y la incursión brusca, repentina, hasta traumática, en un mundo que se rige por nuevos códigos de conducta.

Por otro lado, lo que estamos viviendo no es nuevo. Varios filósofos y sociólogos vienen señalando los signos de erosión de la sociedad por muchos años.  Precisamente, me voy a referir en esta columna a varias de las reflexiones del filosofo coreano Byung-Chul Han[1], que encuentro más actuales que nunca.

Por un lado, menciona Byung-Chul Han en su libro La Sociedad del Cansancio[2], la presión para producir, con el fin de aumentar el consumismo y no como un medio para generar un mayor bienestar, generó una sociedad cansada, en donde los seres humanos se transforman en sus propios supervisores que se autocastigan auto elevando sus niveles de exigencia.

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Así mismo, la presión por ser auténticos que se ha malinterpretado y mal aplicado. Según el autor, esto nos llevó a una carrera contra el tiempo por mostrarnos diferentes en el mundo. Ya no tenemos tiempo para parar, descansar, jugar, reflexionar, porque tenemos que estar en continuo movimiento, produciendo, interactuando, mostrando, comentando.

El autor ahonda aún más en los males de los tiempos que estamos viviendo, analizando, en su último libro, La desaparición de los rituales: una topología del presente[3], el efecto de la presión por producir sobre el tiempo y la desaparición de los rituales.

En particular, Han considera que esta obsesión por la producción priva las cosas de durabilidad. Si estamos siempre produciendo “al tiempo le falta hoy un armazón firme…Se desintegra en la mera sucesión de un presente puntual. Se precipita sin interrupción. Nada le ofrece asidero. El tiempo que se precipita sin interrupción no es habitable”[4]

Precisamente la perdurabilidad de las cosas, las rutinas y los rituales son los que hacen una vida “habitable, soportable”. La presión por hacer nos ha llevado a vivir vertiginosamente. Hemos olvidado descansar, contemplar, jugar o simplemente ser.  

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De nuevo, podemos sentir que esto ha llegado ahora de repente. Pero lo decía Carl Jung en el 1957, en la última entrevista que le hizo la BBC [5] “Cada vez se desconfía más del juego. Se trabaja más que se juega. El mundo es más una fabrica que un teatro.”

¿Cómo podemos aplicar estas reflexiones para mejorar la calidad de nuestra vida y de los seres cercanos, en la familia o en el trabajo?

Las cosas sencillas son las que hacen, muchas veces, la mayor diferencia. Establecer rituales en los equipos de trabajo o en la familia, dar tiempo a las personas para parar y reencontrarse con la esencia de su ser, despertar una consciencia más universal, volver a ser corteses, expresar gratitud por las cosas pequeñas, conversar y escuchar sin prisa, sin juzgar, son pequeñas cosas que pueden hacer la gran diferencia.

Todavía tenemos tiempo para revertir el vertiginoso declive en el que estamos viviendo. Para ello, necesitamos volver a mirar hacia dentro. Cómo decía Jung en su última entrevista, “…necesitamos má-s entendimiento de la naturaleza humana, porque el único verdadero peligro que existe es el hombre mismo.”[6]

Referencias:

[1] Han, B. C. (2015). The burnout society. Stanford University Press.

[2] Han, B. C. (2015). The burnout society. Stanford University Press.

[3] Han, B. C., (2020). La desaparición de los rituales: una topología del presente, Herder Editorial.

[4] Han, B. C., (2020). La desaparición de los rituales: una topología del presente, Herder Editorial.

[5] https://www.bbc.com/mundo/noticias-46079630

[6] https://www.bbc.com/mundo/noticias-46079630


* Decana y Chair del Centro de Liderazgo Colaborativo y de la Mujer de INCAE Business School.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.