DW.- Hace relativamente poco tiempo, mucha gente aún pensaba que no había lugar para los árboles en las ciudades. Los habitantes, los coches, las casas y los edificios conformaban las zonas urbanas en las que no había mucho espacio para la naturaleza.

Pero los árboles tienen ahora un lugar fundamental en muchas grandes ciudades del mundo, dice Sonja Dümpelmann, historiadora del paisaje de la Universidad de Pensilvania. No obstante, en la mayoría de ellas siguen compitiendo por el espacio.

Si queremos cosechar los beneficios de los paisajes de árboles urbanos, los ecologistas dicen que es vital que los árboles sean vistos como algo más que una simple cuestión estética. Eso es especialmente cierto ahora que la mitad de la población mundial vive en ciudades y se prevé que otros 2,500 millones vivan en ellas en 2050.

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La importancia de los árboles en ciudades

Los árboles son poderosos cuando se trata de regular los microclimas de las ciudades: filtrando la contaminación del aire, proporcionando sombra, absorbiendo CO2, ayudando a prevenir las inundaciones repentinas, así como actuando como un importante antídoto para el efecto de calor urbano que hace que las ciudades sean mucho más calientes que las zonas rurales de los alrededores.

“Los árboles pueden hacer una gran diferencia en la temperatura de una ciudad”, dice Tobi Morakinyo, un climatólogo urbano que investiga el efecto refrescante de los árboles en Akure, al suroeste de Nigeria, y demuestra que el uso de árboles para dar sombra a los edificios puede enfriarlos hasta cinco grados.

En las calurosas ciudades del África subsahariana como Akure -donde las temperaturas máximas medias en verano pueden llegar a los 38 grados- Morakinyo dice que el efecto de enfriamiento de los árboles es una herramienta importante que los ayuntamientos pueden esgrimir contra el estrés por calor y los costes de refrigeración.

Junto a los servicios ecológicos que proporcionan los árboles urbanos, también están las cualidades “a las que no podemos dar un valor monetario”, añade Cris Brack, ecologista forestal de la Universidad Nacional Australiana y director del National Arboretum de Canberra.

Son “la biodiversidad, la estética y nuestra visceral necesidad de experimentar la naturaleza”, dice Brack a DW, refiriéndose al concepto de “biofilia”, la idea de que los humanos tienen un deseo innato de conectarse con la naturaleza. La evidencia creciente muestra que las personas que viven en lugares con más árboles experimentan niveles más bajos de estrés y enfermedades mentales.

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Los árboles nos hacen sentir bien… ¿devolvemos el favor?

Aunque nuestra necesidad de árboles en las ciudades parece ser cada vez mayor, ellos a menudo luchan contra entornos urbanos opresivos. Los árboles de las calles están “en una constante lucha” por el espacio en las ciudades -dice Brack-, donde bajo tierra sus raíces pueden ser asfixiadas por las tuberías de agua, las carreteras y los aparcamientos subterráneos, y en la superficie por la contaminación, las líneas eléctricas y el tráfico.

Sin embargo, tal vez el desafío moderno más perjudicial para los árboles de la ciudad, dice Somidh Saha, ecologista de bosques urbanos del Instituto de Tecnología de Karlsruhe en Alemania, es la sequía. Después de la ola de calor sin precedentes que tuvo lugar en Europa en 2018, un estudio co-elaborado por Saha encontró que, durante los cuatro años anteriores, el 30% de los árboles plantados en Karlsruhe, en el suroeste de Alemania, habían muerto, tanto directa como indirectamente debido a la falta de agua.

Los ciudadanos contribuyen…

Una solución para preservar los árboles de la ciudad que se ha vuelto cada vez más popular en los últimos años es la participación ciudadana en el cuidado de los árboles urbanos. El programa de poda ciudadana de la ciudad de Nueva York permite a los habitantes de la urbe tomar clases para convertirse en cuidadores oficiales de los árboles de la ciudad, y Berlín permite ahora a los residentes solicitar permisos para mantener los árboles y ha propuesto que rieguen los árboles de la ciudad en verano.

Involucrar a los ciudadanos tiene sus pros y sus contras, dice Dümpelmann, y este tipo de programas pueden ser o no ser efectivos dependiendo de la cultura de la ciudad -pero incluso regar los árboles por sí solo “ha demostrado ser un esfuerzo de mantenimiento realmente relevante”.

“Es algo en lo que deberíamos trabajar y al mismo tiempo abordar las causas fundamentales del cambio climático”, añade Dümpelmann.

Más allá del uso de los árboles como solución de geoingeniería, los ecologistas urbanos señalan que más árboles en las ciudades podrían cambiar las percepciones de la vida urbana y dar a la gente una mayor comprensión de cómo valorar la naturaleza como parte de una ciudad sostenible y habitable.

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