Por Paula Santilli

La palabra “tiendita” evoca, bajo distintos nombres en Latinoamérica, innumerables recuerdos para quienes crecimos con este referente en nuestra vida diaria. Nunca voy a olvidar cuando, siendo niña, mi mamá me mandó de regreso al “almacén” de mi barrio a devolver un café que parecía más bien un ladrillo. El almacenero, sin mediar una sola palabra, tomó una tijera, cortó la punta del envase y para mi asombro el ladrillo se convirtió en un aromático kilo de café molido. ¡Mi primer envase al vacío! ¡Como reí con ese almacenero educativo!

Las tienditas son ejemplo de comunidad y sentido de pertenencia. Los comercios de barrio representan la esencia de lo que es el consumo para millones de familias en la región. A lo largo del tiempo, los pequeños comercios han sabido reinventarse poniendo de manifiesto su resiliencia y, sobre todo, su importancia en el contexto local latinoamericano.

La situación actual presenta un escenario sumamente complejo que pone en riesgo no solo su supervivencia, sino también el futuro de todas las personas que dependen económicamente de este medio. Entre el 20% y el 25% de las tiendas de barrio corren el riesgo de cerrar, lo que pondrá en peligro más de 800,000 puestos de trabajo en Brasil, Colombia, México y Perú (Boston Consulting Group).

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La pandemia ha impuesto condiciones que dificultan la continuidad del canal tradicional de venta. Por un lado, las nuevas regulaciones conllevan cambios significativos en términos de logística y operación. Por otro lado, la situación económica se traduce en menor poder adquisitivo, mayor competencia y menores ingresos, entre otros. En Colombia, por ejemplo, más del 60% de los comerciantes ha reportado una reducción en sus ventas (FENALCO). 

Estoy convencida que, en una región como la nuestra, el papel de las empresas y de sus líderes es generar crecimiento en nuestros países y nuestras comunidades. Hoy más que nunca, debemos contribuir a la reactivación de la economía y apoyar a los más de 3.5 millones de pequeños comercios en Latinoamérica (FUNDES). En PepsiCo hemos analizado el tema a profundidad de la mano de expertos, organizaciones y otras muchas empresas para entender cuáles son los componentes clave que nos permitirán llevar a cabo esta tarea a corto, mediano y largo plazo:

  1. Enseñando protocolos de seguridad e higiene para que operen con medidas de salubridad adecuadas; incluyendo la instalación de mamparas de acrílico para garantizar la sana distancia.
  • Proporcionando información relevante sobre las regulaciones establecidas por las autoridades; creando plataformas digitales con acceso gratuito a herramientas que mantengan a los dueños de los pequeños comercios informados en todo momento.
  • Capacitando sobre estrategias alternativas de venta para que adopten nuevos canales de comercialización proporcionando servicio en línea o a domicilio.
  • Dando acceso a créditos para que puedan emprender y desarrollar sus negocios.
  • Permitiendo el acceso a nuevas tecnologías para que adopten sistemas de pago digitales que les permitan seguir siendo competitivos en el mercado.

Con entusiasmo puedo compartir que ya hemos activado, de manera intersectorial, diversos programas para dar a estos negocios el acompañamiento que necesitan. Ejemplo de lo anterior es “Movimiento NÓS” en Brasil; “Mi Almacenero” en Chile; “Mi Tienda Abierta, Mi Tienda Segura” en Colombia; “Mi Tienda Segura” en Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Panamá; “Mi Bodega de Barrio” en Perú y “Colmado Seguro” en República Dominicana.

A nivel regional, establecimos una alianza con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para financiar proyectos de innovación que contribuyan a que el canal tradicional opere de forma segura, a acelerar su digitalización, a aumentar sus ventas, y a mejorar las habilidades y estrategias empresariales de propietarios y empleados mediante líneas de financiamiento.

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Más del 80% de estos comercios nace como un negocio familiar y, de los 10 millones de personas que están al frente de ellos, 60% son mujeres (FUNDES). La derrama económica que esto representa es enorme si tomamos en cuenta que las mujeres reinvierten 90% de sus ingresos en su familia (OCDE).

Hoy tenemos una responsabilidad con millones de familias que dependen de estos pequeños comercios. Estas tienditas, pulperías, bodegas, almacenes, misceláneas o colmados como se conocen a lo largo y ancho de la región son indispensables para el abastecimiento de nuestras comunidades y  son un motor de crecimiento para Latinoamérica. Aquel antiguo almacén que abasteció a mi familia cuando yo era niña ya no existe. Sin embargo, hoy permanece en mí el deseo de apoyar a estas tiendas de barrio para que puedan crecer y desarrollarse. Hay espacio para todos. Asegurar su continuidad es labor de todos. 

*CEO para PepsiCo Latinoamérica. Co-autora del libro “El Poder de Poder. Mujeres Construyendo Latinoamérica”.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.