EFE.- El sector privado de Panamá, un país que vive una explosión de casos del coronavirus SARS-CoV-2, impulsa un plan para llevar alimentos y monitorear a pacientes aislados en sus casas, similar al que se implantó en Guayaquil y ayudó a controlar la epidemia en esa ciudad ecuatoriana que llegó a ser una de más afectadas en la región por la enfermedad.

La Cámara de Comercio, Industria y Agricultura de Panamá (CCIAP) está estructurando la estrategia, dijo este martes un portavoz del gremio a Efe, que establece la participación de empresarios, médicos, profesionales de diferentes ramas, representantes de clubes cívicos y sociedad civil en general.

La idea, indicó la Cámara, es respaldar en sitio la labor que adelantan las autoridades de Salud en la atención temprana y promoción de las medidas sanitarias, especialmente, en las áreas de mayor contagio, que son principalmente la capital panameña y la provincia aledaña de Panamá Oeste.

“Se busca tratar a los pacientes en sus propios hogares, dotándolos de dispositivos que faciliten monitorear la enfermedad en sus casas así como de alimentos e insumos básicos, de manera que no se vean en la necesidad de salir a buscarlos. Bajar los casos y evitar la saturación del sistema de salud es primordial”, dijo al CCIAP en un escrito.

Diferentes miembros del sector privado han estado intercambiando ideas y experiencias con pares de diversas ciudades de la región a fin de comparar sus prácticas frente a la COVID-19 y evaluar su aplicación en Panamá, entre ellas la de Guayaquil.

La empresaria ecuatoriana María Gloria Alarcón contó a la prensa local que una estrategia multisectorial, que incluyó asistir a la población con alimentos en tiempo oportuno, ayudó a controlar la pandemia en Guayaquil, una ciudad de 2,2 millones de habitantes que llegó a reportar más 400 muertes diarias por COVID-19, una cifra que ahora se reduce a máximo dos según el testimonio.

En la estrategia de Guayaquil participan empresarios, sociedad civil y médicos con el apoyo de la iglesia católica, el Banco de Alimentos y las Fuerzas Armadas, agregó Alarcón.

Panamá acumulaba hasta este lunes 61.442 contagios confirmados y 1.322 defunciones por la COVID-19, en medio de una desbandada que en semanas recientes ha ubicado al país como el segundo de América en numero de contagiados por millón de habitantes, después de Chile y por delante de EE.UU. y Brasil.

El país centroamericano también aparece como el cuarto con el mayor número de pruebas de detección aplicadas por cada mil habitantes, con 43,8, solo superado por EE.UU. (153); Canadá (99,6) y Chile, (78,7), como informó este martes el Gobierno del presidente Laurentino Cortizo.

“Los 60.000 positivos acumulados son la punta del iceberg. Lo que está debajo es enorme”, dijo el domingo Francisco Sánchez Cárdenas, integrante del Consejo Asesor Presidencial en materia de la COVID-19, y agregó que “tomará el mes de agosto el controlar la curva de infección” que se disparó hace unas ocho semanas.

Los focos de infección están en las provincias de Panamá, donde está la capital, y en Panamá Oeste, las pobladas del país y donde la mayoría vive en barriadas marcadas por el hacinamiento y servicios públicos deficientes.

El hecho de que el 45 % de la población panameña viva de la economía informal y de que se considere insuficiente e irregular la ayuda estatal de 100 dólares mensuales por familia, es señalado como uno de los factores que no ha permitido bajar la curva de infecciones pese a las estrictas normas de confinamiento vigentes desde hace cuatro meses.