Por Nelson Javier Mejia

Con el pasar del tiempo, vamos comprendiendo mejor la correlación entre la necesidad de innovar y los avances tecnológicos en las diferentes industrias. Podemos asumir que entre más se desarrolla la tecnología, con mayor urgencia necesitamos adaptar nuestros negocios a estos cambios;
ya que, de no hacerlo aumenta el riesgo de ser reemplazados por otras organizaciones que sí logran adaptarse y aprovechar los avances.

En especial durante los tiempos de crisis y gran revolución, como los que el mundo atravieza en medio de la turbulencia ocasionada por COVID19, negocios de todo tamaño se ven amenazados por una caótica ola de cambios acelerados con nuevos ganadores y perdedores. En tiempos anteriores, una mejora constante e incremental de nuestros productos o servicios era en su mayor parte una garantía suficiente para mantener las ventas en movimiento. Hoy en día, estas mejoras incrementales ya no son garantía suficiente y tenemos que ser muy hábiles para reinventar nuestros modelos de negocio.

Sigue la información sobre la economía y el mundo de los negocios en Forbes Centroamérica

La crisis, la tecnologia y la necesidad urgente de reinventarnos ha hecho que nuestra competencia, ya no solo sea el negocio de la esquina o negocios similares en el país o la región. Con las formas de trabajar a distancia que hemos descubierto y puesto a prueba en esta crisis, estamos claros que hoy la amenaza con potencial de sustitución puede estar al otro lado del planeta. Y precisamente por este desafio es que se han incrementado los proyectos de innovación.

La búsqueda de la verdad

Los últimos años he dedicado gran parte de mi tiempo para hablar con profesionales de diferentes perfiles, jerarquías e industrias, para preguntarles: ¿Qué es innovación? Las respuestas varían de boca en boca, pero la mayoría hablan sobre cambio, transformación digital, startups, marketing digital. Es muy común escuchar que la innovación se trata sobre tener los recursos adecuados, procesos establecidos o bien sobre ocupar ciertas metodologías. Sin embargo, la respuesta más peligrosa y frecuente que he oído, por la lógica superficial en la que se basa, es que la innovación se trata de extraer las mejores ideas de nuestros colaboradores. Esto es peligroso, porque nos concentramos solamente en el resultado final, las ideas, y nos despista de entender el lado humano de la innovación.

Aunque la mayoría aún no comparten mi opinión, yo estoy convencido que la innovación es ante todo un tema de cultura. No hay innovación sin cultura de innovadores. ¿Pero cómo podemos convencer a los gerentes de negocios tradicionales que para innovar tenemos que pensar de manera humano-céntrica y enfocarnos en la cultura de nuestros negocios?

La metáfora del casco

He creado una forma visual de explicarlo mejor: Imaginémonos que existe un “casco de innovación” con tecnología del futuro, que activa nuestra capacidad de pensar diferente. Al ponerlo sobre nuestra cabeza, por arte de magia, este dispositivo logra potenciar nuestra creatividad al máximo.

Si bien nuestro casco de innovación es pura ficción, a lo largo de la historia hemos soñado con crear tecnologías similares. De hecho, al día de hoy, existen startups muy populares dando los primeros pasos en esta dirección, un ejemplo es Neuralink de Elon Musk.

Sigue la información de la pandemia de coronavirus y su impacto en la economía

La innovación es similar a uno de estos cascos: ¡Funciona solamente en la persona que lo tiene puesto! Una persona que “se pone el casco” es una metáfora visual de una persona que adopta la “mentalidad de innovar”, ya que la innovación se origina en nuestra mente. Somos los humanos quienes podemos potenciar nuestra creatividad, nuestra imaginación y convertir nuestras ideas en acciones que generan innovación. ¡Nosotros somos el centro de la innovación!

Somos seres innovadores, está en nuestra naturaleza responder a los cambios externos con pensamiento crítico, creatividad y nuestra habilidad para resolver problemas. Entonces, ¿Por qué concentramos nuestro esfuerzo por innovar, en extraer múltiples ideas – un tanto a la fuerza- de nuestros colaboradores sin antes preocuparnos por crear una atmósfera de pensamiento abierto, una cultura de experimentación o empoderarlos con la actitud del innovador?

No son los recursos, ni las métricas, ni las ideas en sí quienes tienen las capacidad de innovar.

¡Somos nosotros mismos!

La innovación es un estado mental

Todos tenemos un genio interior, con capacidad de innovar y crear. Ocurre que la mayoría del tiempo, este genio interior se encuentra dormido. ¿Cómo despertamos y liberamos ese genio interior en cada uno de nosotros?

  • Primero tenemos que encontrar una causa que nos motive a mejorar en nuestros trabajos a largo plazo y que nos mantenga lejos de caer en perpetuo conformismo.
  • Debemos de rodearnos de personas con una actitud positiva y con personas que le hagan frente a los grandes retos para poder irradiarnos de la misma actitud.
  • Hemos de aprender que cometer errores es parte del proceso de innovación y crear culturas de trabajo que no castiguen fallar, siempre y cuando sigamos intentando.
  • Tenemos que convertir nuestro conocimiento en acciones que agreguen impacto positivo a nuestras sociedades, el tener ideas sin implementarlas es lo mismo a no hacer nada.

Estoy convencido que la innovación es un estado mental y se demuestra como la actitud con la que actuamos frente a retos y oportunidades. Eso significa que a nivel de empresa la innovación es un tema de cultura de la compañía.

La próxima vez que afrontemos un gran problema y que tengamos la necesidad de crear una solución, tengamos en mente que para salir victoriosos de este nuevo reto, tenemos que pensar que el futuro de nuestras compañias se decide y crea en las mentes de cada uno de nuestros colaboradores y colegas, antes de expresarse en acciones y resultados.

Una compañía con empleados felices, conectados, bien cualificados e inspirados, es la formula perfecta para afrontar cualquier crisis con innovación.  

Cuando el reto llegue, no nos vamos a regir por métricas, procesos o recursos. Nos vamos a regir en principio por cultura y actitud, y después, por todo lo demás que conlleve nuestro proceso.

¡Feliz innovación!

*Consultor de Innovación y fundador de WeSpark

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.