América Latina y el Caribe (ALC) es un región donde no solo abundan las desigualdades sociales, sino las de género, en cuanto al acceso a oportunidades tecnológicas y laborales. La participación empresarial de mujeres es de 10.2%; apenas tres cuartas partes de la masculina.

Actualmente, las empresas son dirigidas en 13% por mujeres, 52% por hombres y 35% equipos mixtos, de acuerdo con datos del estudio: Aceleradores como impulsores de la igualdad de género, elaborado por Impact Hub y el Centro de Liderazgo Colaborativo de INCAE

“El simple hecho de ser mujer ya es una barrera. No real, sino social. Para los hombres es muy fácil, no tienen que esforzarse por ser escuchados y para nosotras se hace más complicado por la misma sociedad”.

Emprendedora de San José, Costa Rica.

Sin embargo, el origen de la poca participación de las mujeres en el sector empresarial proviene de las aulas. Únicamente el 35% de los estudiantes de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, son mujeres.

En disciplinas como Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) tiene la presencia de 3% de mujeres e ingeniería con 8%, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Esto se traduce posteriormente en una desigualdad laboral, donde las mujeres no tendrían las mismas oportunidades que los hombres para acceder a jefaturas, buscar inversiones al tratar de emprender o alcanzar un salario más alto.

A nivel mundial, 16% de las mujeres emprendedoras declararon que sufrieron por falta de financiamiento, lo cual que les impidió continuar con una startup o proyecto empresarial.

Recordemos que México es uno de los países de América Latina con una de las tasas más bajas de participación femenina en el mercado laboral; únicamente el 44% es parte de la fuerza laboral formal y el 52% se encuentra en la informalidad, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES).

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Otro obstáculo que las mujeres continúan enfrentando son los roles de género, donde no solo asumen un trabajo formal o informal, sino el cuidado de los hijos y las responsabilidades domésticas no remuneradas.

“El equilibrio en mi propia vida con mi hija es un desafío constante. Cuando necesito viajar debo coordinar muchas cosas en casa y eso requiere mucha logística. Este es un debate constante en mi vida: cómo equilibrar mi vida personal con la profesional”,

Emprendedora de Caracas, Venezuela.

 Sin duda el mercado laboral y acceso a la educación necesitan una transformación, donde se generen más oportunidades para las mujeres y se dirija financiación en proyectos que busquen la equidad de género. Además de impulsar la participación del sector femenino en disciplinas tecnológicas, científicas y de emprendimiento.