Por Mirna Gutiérrez
Centroamérica
enfrenta múltiples desafíos, que van desde reformas fiscales, alcanzar una mayor integración regional y restablecer la institucionalidad democrática en algunos países, hasta avanzar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para conseguir su cumplimiento en 2030.

Asimismo, ante un entorno económico externo desfavorable, el panorama es de desaceleración y de incertidumbre, pues la economía de Estados Unidos tiene un importante peso en la región, al ser el principal socio comercial, inversor y fuente de remesas familiares.

En los últimos cinco años, la región de Centroamérica y República Dominicana (CARD) ha tenido un desempeño superior al del resto de América Latina y el Caribe, debido a un entorno internacional mayormente favorable.

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Su crecimiento promedio fue de 4.4% entre 2014 y 2018, una expansión considerablemente superior a la del resto de América Latina y el Caribe (0.7%) y del mundo (3.6%), señala el reporte El futuro de Centroamérica: Retos para un desarrollo sostenible, elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el INCAE Business School de Costa Rica.

De acuerdo con el reporte, este crecimiento se asocia al dinamismo de la economía de Estados Unidos, aunado a que como importadora neta de bienes, CARD se benefició de una caída en los precios de los hidrocarburos que le permitió estabilizar la inflación y su déficit a la cuenta corriente.

Además, los países de la región han implementado una estrategia de apertura comercial y promueven la integración financiera, con lo que bancos, tanto de adentro como de fuera de la región, han aumentado su presencia, además de recibir mayores flujos de inversión externa. Entre 2014 y 2018 la inversión extranjera directa (IED) representó 4.6% del PIB.

Sin embargo, ante un entorno externo desfavorable, el panorama económico para la región es de una considerable desaceleración, en gran parte debido a la integración de la región con el resto del mundo, lo cual implica una caída de la demanda externa en un escenario de contracción de Estados Unidos y Europa, explica Verónica Zavala, gerente del Departamento de Países de Centroamérica, Haití, México, Panamá, y la República Dominicana del BID.

Los países de la región han implementado medidas de prevención y contención para reducir los contagios en plena emergencia sanitaria, lo cual implica enfrentar importantes costos económicos. Para Zavala es fundamental realizar un buen diseño e implementación de medidas para apoyar a la población y a los sectores afectados por la pandemia, y permitir una contención del coronavirus que reduzca el ritmo de contagios al menor costo económico posible.

En el frente político es importante alcanzar el consenso y la unidad entre las fuerzas políticas y sociales para aplicar medidas eficaces para enfrentar la crisis epidemiológica, con la dificultad añadida del estrecho margen de tiempo disponible y la velocidad de propagación del virus.

Desafío fiscal

Además del Covid-19, CARD deberá superar desafíos económicos y políticos que tiene pendientes como una reforma fiscal, y alcanzar una mayor integración regional para enfrentar las crisis sociales en algunos de sus países.

“Hace años que los economistas llaman a dos reformas fiscales para combatir las desigualdades y para una redistribución de las riquezas, empezando por invertir en servicios públicos, hospitales, escuelas y universidades”, dice Benjamin Moallic, investigador del Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (Cemca).

El asunto es que hasta ahora los diferentes gobiernos no han enfrentado a fondo este problema, y han buscado una solución fácil como el aumento del IVA, que permite recabar fondos sin meterse en una lucha con los sectores industriales y de la economía que sí tendrían la capacidad de pagar.

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Habría que pensar en reformas fiscales que a la vez luchen con la optimización fiscal y el fraude, e implementar un aumento sustancial de los impustos sobre la fortuna, puntualiza Moallic. En cuanto al tema político, el investigador resalta la importancia de conseguir una mayor integración de la región, pero con respeto de los derechos humanos y de las instituciones democráticas.

Al respecto, Zavala señala que el desafío es reforzar la unidad como región, y al mismo tiempo es la oportunidad para reflexionar sobre las ventajas de la integración apuntando hacia la creación de mecanismos para compartir las fortalezas individuales entre países, y tener una economía más diversificada y de mayor escala.

Con las crisis que se han desarrollado en Honduras y Nicaragua y menormente en Guatemala, ha quedado de manifiesto la falta de iniciativa a nivel regional para reestablecer la institucionalidad democrática, por lo que se necesita una coordinación basada en la sociedad civil porque los poderes del Estado están en ciertos países tan debilitados o sumisos que ya no tienen capacidad de actuar, afirma Moallic.

Y agrega que una de las mejores iniciativas para combatir esta situación surgió con la creación de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), que había hecho un buen trabajo de lucha de denuncia de la corrupción, pero que el actual presidente Alejandro Giammattei, no ha reconducido en su mandato.

El gobierno de El Salvador, de Nayib Bukele, está interesado en implementar un mecanismo de este tipo, en tanto que Guatemala debería de reestablecer la CICIG, y países como Nicaragua y Honduras tendrían que aplicarla de manera urgente, opina el investigador:

“Me parece que es una muy buena iniciativa siempre que no sea utilizada como instrumento de cacería de brujas o como objeto de presión”, dice.

Sectores clave

El ramo turístico y la infraestructura serán fundamentales para continuar con el desarrollo en la región.

En el caso del primer sector la clave está en alcanzar una integración que permitiría tomar ventaja de la experiencia de cada uno de los países. Para Carolina Briones, secretaria general de la Agencia de Promoción Turística de Centroamérica (Cata), el reto más grande es la consolidación de la oferta multidestino, para lo cual es necesaria una promoción conjunta que unifique esfuerzos.

Para ello trabajan con las diversas autoridades de turismo de la región y con la empresa privada a través de las cámaras nacionales de turismo para promover el destino. De igual manera han creado el Sistema Integrado Centroamericano de Calidad y Sostenibilidad Turística (SICCS), primera y única certificación de calidad turística en la región para elevar la calidad de los servicios.

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Por otro lado, los países realizan esfuerzos individuales para contribuir a la consolidación de un destino sostenible. A nivel regional la sostenibilidad turística se encuentra como eje base dentro del Plan Estratégico de Desarrollo Turístico Sostenible (PEDTS) actualmente en construcción para el periodo 2020-2024.

Este sector es uno de los más afectados por la pandemia, por lo que el mensaje desde Cata para los visitantes es de reprogramar las visitas, no de cancelar.

En el mediano plazo están trabajando en una estrategia de mitigación para reducir el impacto, y en acciones de recuperación que permitan al sector volver al estado inicial o mejor en el menor tiempo posible:

“Las acciones deberán enfocarse en las empresas pequeñas y medianas, considerando que son las más frágiles ante este evento por su capacidad limitada para absorber el impacto”, advierte Briones.

En lo que se refiere a infraestuctura aún está pendiente desarrollar y gestionar la red de transporte y logística de manera articulada entre países, pues mientras que en Centroamérica la velocidad media de un camión de carga se encuentra entre 4 y 18 km/h, en Estados Unidos alcanza aproximadamente 88 km/h en las principales áreas metropolitanas del país, según datos del informe Freight Facts and Figures 2017, del Departamento de Transporte de Estados Unidos.

“Al problema de la logística de carga también podemos agregar las necesidades de atender infraestructura de movilidad urbana, así como de agua potable y saneamiento, sectores con grandes retos pendientes”, subraya Federico Villalobos, director de Asesoría Financiera e Infraestructura de Deloitte.

Dentro de los principales factores que explican la significativa brecha logística se encuentra la limitada inversión en infraestructura (hoy la región invierte por año menos de 1% del PIB en infraestructura de transporte), pero sobre todo la carencia de lineamientos capaces de permitir la articulación de los esfuerzos y optimizar el uso de los activos desde una óptica regional.

Los mecanismos de Asociaciones Público Privadas (APP) y los modelos de esta naturaleza que permitan monetizar infraestructura existente, serán fundamentales en los próximos años.

Después del impacto de la actual pandemia, los gobiernos requerirán generar recursos y para ello es clave atraer capital privado y concesionar infraestructura existente a cambio de contraprestaciones del sector privado, lo que permitirá no sólo contar con capital fresco, sino también mejorar la calidad de los servicios, explica el especialista.

“Centroamérica se encuentra ante el reto de establecer una visión y acciones claras que permitan que la infraestructura se convierta en un facilitador de la actividad económica”, puntualiza.

Rumbo a la agenda 2030

Centroamérica también se enfrenta al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos por las Naciones Unidas en la Agenda de Desarrollo 2030. Zavala menciona que para que los países se encaminen hacia el cumplimiento de dicha agenda urge solventar las deudas pendientes incumplidas de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), especialmente en áreas como acceso a servicios de educación preescolar y secundaria, salud materno-infantil y saneamiento, principalmente en zonas rurales y con particular atención en grupos vulnerables.

Además del acceso a estos servicios, ahora los ODS apuntan también a elevar la calidad, proteger y ampliar los logros alcanzados en áreas de pobreza y empleo, así como enfrentar realidades sociales apremiantes como la desigualdad, la transición demográfica y epidemiológica, las migraciones internacionales, la precarización del empleo y la violencia.

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A decir de María Gómez, socia de Sustentabilidad y Riesgo de Deloitte Costa Rica, los mayores retos se centran en una verdadera inclusión social, económica y política de la población vulnerable, y en el acceso financiero para el desarrollo.

En América Latina la pobreza en zonas rurales alcanza 46.4% y para esta misma población rural la pobreza extrema llega a 20.4%, según datos de 2017 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Asimismo, más de 50% de las mujeres en América Latina enfrentan brechas salariales y trabajos de menor calificación, y en 2017 en Centroamérica, hubo un total de 903 feminicidios:

“La inestabilidad política y económica, así como la pobreza regional, dificultan la incorporación y priorización de los ejes de la sustentablidad dentro de los distintos gobiernos”, afirma Gómez.

Y añade que el desarrollo e inclusión de políticas, programas y planes en beneficio de perseguir los ODS para cada país, deben ser incorporados por la sociedad a través de políticas de estado, acompañamiento de empresa privada, ONGs, centros de enseñanza y otros actores sociales.

Para alcanzar un desarrollo sostenible, Moallic, del Cemca, dice que hay que mejorar los rubros de educación, seguridad social y vivienda. En el tema de educación la estrategia de la mayoría de los países es proveer herramientas para facilitar la llegada de los niños a la escuela, y lo que falta es combinar esa política con una estrategia de reforma profunda de los manuales escolares para generar contenidos de calidad.

En lo que se refiere a seguridad social, el especialista propone implementar un sistema que pueda asistir a las personas en extrema vulnerabilidad, similar a la ley Obamacare que se promulgó en Estados Unidos. En el tercer rubro la propuesta es contar con una política de desarrollo de vivienda de bajo costo.

En materia de sostenibilidad ambiental, la región enfrenta presiones sobre los recursos hídricos, una condición geográfica que la expone a la incidencia de fenómenos naturales, el avance de la frontera agrícola que genera deforestación, el uso intensivo de agroquímicos o el aumento de las emisiones por mayor consumo de energía, entre otros factores, señala el reporte El futuro de Centroamérica del BID.

Al respecto, Zavala menciona que se deben de redirigir esfuerzos hacia la sostenibilidad, ya que al encontrarse tan expuesta región, debe protegerse ante el cambio climático. Asimismo, un aspecto por considerar es el aprovechamiento de las riquezas naturales de la región como ventaja para el desarrollo de la ciencia.

Gómez coincide al indicar que deben incentivarse la innovación y adaptación en zonas vulnerables al cambio climático dejando de invadir ambientes frágiles y vulnerables para el desarrollo y actividad humana de cualquier tipo.

Y agrega que el crecimiento económico debe desarrollarse de manera sostenible con el entorno, donde exista la optimización responsable en el uso de los recursos naturales de la mano con una planificación urbana según los usos de suelo requeridos, donde impere el respeto al entorno físico y natural.

Moallic apunta que es necesario romper con una economía centrada en el extractivismo, e implementar políticas agrícolas, mismas que fueron abandonadas en la región a finales de la década de 1980:

No hay rumbo, no hay apuestas para la agricultura orgánica, de circuitos cortos (comercio basado en la venta directa de productos agrícolas frescos o de temporada) que pueda desarrollar un campesinado no dependiente de las importaciones y sobre todo de una agroindustria de agroexportación que es cíclica y altamente volátil”, explica.

El pronóstico

Considerando la posibilidad de que el crecimiento económico en Europa y en Estados Unidos sea negativo, la región tendría una caída. El impacto podría exceder de 4 puntos porcentuales del PIB, y en CARD sería mayor a ello. En buena medida, el decrecimiento final dependerá de la magnitud del retroceso en la economía estadounidense y a la fecha hay aún incertidumbre en términos de la magnitud que ello podría tener, estima Zavala del BID.

Asimismo señala que se prevé que para el segundo semestre de este año lo peor haya pasado gracias a una disminución sostenida en el número de contagios por Covid-19, y a que los sistemas de salud enfocarán sus recursos en la recuperación de los enfermos en el periodo de transición hacia una vacuna, de tal manera que se puedan relajar las medidas de contención, con lo que se podría observar una mejora.

Es vital que Centroamérica alineen sus políticas a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Es vital que Centroamérica alineen sus políticas a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Para apoyar a la región, el BID y BID Invest (brazo del grupo que atiende al sector privado) proporcionarán recursos financieros y técnicos. Para CARD en particular se reprogramará la cartera existente de proyectos de salud y se dirigirán hasta 1,700 millones de dólares (mdd) adicionales al programa de préstamos inicialmente planeado para 2020.

De esta manera se pondrán a disposición de los países más de 2,900 mdd que pueden ser destinados a enfrentar la crisis y sus consecuencias. Asimismo, BID Invest aportará alrededor de 5,000 mdd adicionales.

“Ofrecer una respuesta inmediata para la salud pública es la prioridad, en este panorama resulta vital una estrategia multisectorial, tanto pública como privada, que anticipe los impactos sociales y productivos en el mediano y largo plazo”, afirma Zavala.