Por Mirna Gutiérrez

Las aseguradoras se enfrentan a una nueva realidad en la que el Covid-19 ha impactado en la continuidad del negocio, por lo que ha obligado a reinventarse, implementar nuevos canales de venta y estrategias digitales, así como revisar y actualizar sus planes de gestión de crisis, ante una amenaza cuyo alcance y duración aún se desconoce.

La pandemia está afectando a la industria de múltiples maneras, desde problemas de atención a los clientes, impacto en la siniestralidad y la valuación de las reservas y temas de gastos, lo que repercute en los estados financieros, el flujo de efectivo y la apreciación de las agencias calificadoras, explica el reporte Sector asegurador, riesgos e implicaciones potenciales derivados del impacto del Covid-19, elaborado por la consultora Deloitte.

Las repercusiones económicas para América Latina y el Caribe se estiman en una contracción de -1.8% del PIB regional, de acuerdo con estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

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En Centroamérica y República Dominicana (CARD) las afectaciones serán mayores para las naciones más abiertas al comercio exterior y las más dependientes de la actividad económica de China, Estados Unidos y Europa.

Ante este panorama no hay buenas noticias para el mercado asegurador, ya que de acuerdo con análisis de la CEPAL, para las economías del Istmo se espera una caída de 2.3%, debido a los efectos negativos como la contracción del turismo, la Inversión Extranjera Directa, y las remesas, explica Marina Abal, socia líder de la práctica de Consultoría de Servicios Financieros de Ernst & Young Centroamérica.

Agrega que lo anterior plantea un panorama de perspectivas de crecimiento nulas o muy bajas para la industria.

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Toda la economía se contraerá y las compañías de seguros deberán luchar para conservar a los clientes actuales en la medida que llegue la renovación de las pólizas.

Fabio Salas, socio de Impuestos y Legal de Deloitte, coincide, al comentar que la caída de la economía en todos los países de la región pronostica una importante reducción en las expectativas de crecimiento de las empresas que operan local y regionalmente.

Industria resiliente

Factores como el aumento en las tasas de desempleo, la caída en tasas de interés, las modificaciones en el tipo de cambio y la reducción en los ingresos de sectores tan importantes como el turismo y el propio consumo, podrían presentar grandes impactos en la colocación de primas, en términos generales.

Sin embargo, a decir de José María Romero, CEO de la subregión América Central y República Dominicana de Mapfre, la industria es muy resistente en circunstancias extremas y la solvencia y capitalización de las compañías, en un mercado muy regulado, garantizan un entorno de estabilidad aún cuando habrá que enfrentar una caída importante de la facturación frente a unos gastos estructurales menos elásticos.

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En este sentido, la perspectiva de calificación otorgada por Fitch Ratings a la calidad crediticia de los emisores en la región se mantiene estable.

Para Salas, Panamá, Costa Rica, Guatemala y República Dominicana, han presentado cifras importantes en las compañías de este nicho. Los índices de penetración y el total de primas colocadas en estos tres mercados indican que existe mayor madurez del mercado que en el resto de los países de la región, por lo que podría considerarse que presentan mejores condiciones para enfrentar la crisis.

Por otro lado, mercados como El Salvador, Honduras y Nicaragua, presentan cifras menores en el total de primas colocadas y el porcentaje de penetración.

En diciembre de 2019, Fitch pronosticó una buena perspectiva 2020 para el sector en los países de Centroamérica, al considerar que 92% del portafolio de las compañías de seguros calificadas tenían asignada una Perspectiva Estable. Sólo Nicaragua entró en el rango de Negativo.

“Ahora se han presentado diversas variaciones debido al coronavirus y debemos ver cómo cada mercado va evolucionando y el tejido productivo va reaccionando a los efectos de la pandemia junto con su propia capacidad de innovar y elasticidad para adaptarse a la nueva normalidad”, indica Abal.

Sin embargo, se puede esperar que las proyecciones efectuadas a inicio de este año se mantengan, pues existe una cantidad de ingresos que provienen de contratos ya colocados previamente, que permiten pensar en un cierre con un impacto negativo moderado. Claro está, el panorama para el próximo año sí parece más complejo, advierte Salas.

Desde la perspectiva de Romero, la aplicación generalizada de políticas fiscales expansivas podría estimular la recuperación de la economía y del sector asegurador.

Sin embargo, no se espera que esto pueda suceder antes de 2021, por lo que existe una gran incertidumbre en cuanto a los efectos estructurales que pueden derivarse de la emergencia sanitaria.

Por otro lado, la reacción de los principales bancos centrales a nivel global ha sido prácticamente inmediata con el impulso de programas de adquisición de bonos (tanto soberanos como corporativos), que han resultado de gran ayuda para las entidades aseguradoras, al garantizar su liquidez:

“Los costos dependerán en gran medida de los escenarios que pudieran finalmente observarse. La afectación real dependerá de sus capacidades y de lo bien que las empresas hayan manejado sus inversiones y reservas”, afirma el directivo de Mapfre.

Cambios en la siniestralidad

Con las acciones que se están tomando como medidas de contención ante la actual situación, se espera un cambio temporal en la siniestralidad de diversos ramos, así como en la forma en la que se reportará y pagará la misma.

Salas menciona que con cambios abruptos y significativos imprevistos en el total de siniestros ocurridos y pagados por las empresas de seguros se podría producir una disminución importante en las reservas que las empresas deben tener para hacer frente a sus obligaciones con los tomadores de seguros.

El efecto de la pandemia será asimétrico en las distintas líneas de negocio. Romero da un panorama de cuál será el comportamiento: los seguros de autos, comercio, industriales y los de vida son los que más sufren y sufrirán las consecuencias a corto plazo.

Por otro lado, los de salud han demostrado gran resiliencia en estas situaciones, al comportarse incluso de forma anticíclica en los peores momentos de las crisis. Los seguros del hogar y de edificios tienden a ralentizarse, sin llegar a experimentar grandes retrocesos.

En el caso de los seguros de vida, ahorro y rentas vitalicias tradicionales, el efecto más desfavorable es el entorno de bajos tipos de interés, que hasta ahora era un problema propio de las economías de los países
desarrollados, pero que se está extendiendo a los mercados emergentes.

No obstante lo anterior, y en estos tiempos de dificultad, se observa una mayor preocupación y conciencia social hacia soluciones aseguradoras asociadas a productos con capitales garantizados, así como una mayor sensibilidad hacia la protección de las personas a través de los productos de vida y salud.

Otra consecuencia probable es la relacionada con la disminución de los tipos de interés, calidad crediticia y perfil de riesgo de distintas inversiones de sus portafolios, que afectará su margen financiero y de rentabilidad y, en determinados casos, causará un deterioro de algunas inversiones importantes que acarreará provisiones y pérdidas de riesgo de contraparte y, en otros, disminución del precio o valor de mercado, explica Abal.

“La preocupación más latente podría atribuirse a la contracción económica que afectaría las perspectivas de crecimiento y por ende de solvencia y rentabilidad de las carteras de seguros y una disminución de la base asegurada”, cita.

En reinvención

Las compañías han reaccionado de forma rápida y se han enfocado en mantener sus niveles de servicio con los asegurados e intermediarios y se encuentran trabajando para mitigar los impactos.

A decir de Abal, han buscado mantener el nivel de servicio frente a los clientes, además de ofrecer beneficios como la devolución de la prima por el periodo de cuarentena para el seguro de automóviles. También han desarrollado productos nuevos e iniciativas de apoyo.

“El sector se ha movilizado para poder teletrabajar activamente y estar más cerca de sus clientes y continuar ofreciendo servicio y soluciones, sin embargo deberá reimaginar muchos de sus productos y servicios para continuar siendo relevante en la nueva normalidad”.

Salas concuerda al señalar que en su gran mayoría las empresas de seguros han tenido que adaptar su operación para poder funcionar de forma remota, aplicando políticas de home office.

En países como Honduras y Panamá, las restricciones para movilizarse han sido muy severas, por lo que la rápida adaptación de procesos ha sido vital para continuar operando.

La industria también está redefiniendo los nuevos guiones de venta, capacitando a agentes e intermediarios para operar a través de canales digitales. En poco tiempo la inversión en tecnología se volvió indispensable para mantener la continuidad del negocio.

La capacidad digital de las empresas se está poniendo a prueba, y nunca antes se había necesitado apoyo tan grande como ahora de la tecnología a escala.

Los comportamientos de los clientes han cambiado y el uso de múltiples canales para hacer una única compra se está convirtiendo rápidamente en la norma y es importante que las empresas innoven para dar respuesta a esta nueva cultura, opina Romero.

La innovación

Se esperan tiempos difíciles, pero como en toda crisis, también se presentan oportunidades importantes que podrán aprovechar aquellas empresas que logren adaptarse mejor y más eficientemente a este nuevo ambiente.

“La innovación y valentía para tomar decisiones serán vitales para el crecimiento futuro de las empresas de seguros”, enfatiza Salas.

Abal indica que será prioritario reiniciar nuevas actividades comerciales, especialmente en seguros retail y acelerar el cambio en los canales de venta y la rentabilidad de los modelos tradicionales tan pronto como sea posible.

Asimismo, marcará diferencia el poner en marcha una nueva capacidad de desarrollo de productos dirigida a las necesidades y grupos de clientes recientemente identificados, donde la innovación y el entendimiento de las necesidades del consumidor post Covid-19 será crucial.

“Mantener un ritmo veloz y eficiente que permita crear las capacidades requeridas en la nueva normalidad será un factor diferenciador y clave para que las compañías de seguros puedan sobrevivir a los efectos de esta pandemia”, prevé la especialista.

A pesar de la incertidumbre, las empresas de seguros siguen apostando por la región. Por ejemplo, para Mapfre la estrategia estará basada en una fuerte implantación territorial. En este sentido, sus planes incluyen un modelo de transformación que facilite el día a día de los clientes, mediadores, y proveedores, con una respuesta integral que ayude al desarrollo de la industria.

Igualmente, Romero, de Mapfre, asegura que desde el sector se deben apoyar de manera decidida aquellas medidas que apuesten por el crecimiento y el bienestar social a través de reformas estructurales, así como buscar soluciones para abatir el principal problema: la dificultad de ahorrar en las familias y la consecuente falta de protección en sus patrimonios.

“Con ello avanzaremos en ir cerrando en nuestros países la brecha aseguradora, como ese valor que mide la diferencia existente entre la cobertura de seguros que es económicamente necesaria y beneficiosa para la sociedad, y la cantidad de dicha cobertura efectivamente adquirida”, puntualiza.