Por Mario A. Pacheco

La segunda quincena de marzo del 2020 dio inicio al período de letargo en Centroamérica relacionado a la pandemia de COVID-19, esto significó que los países de la región comenzaran cierres paulatinos en sus fronteras, tanto aéreas como terrestres y en algunos casos marítimas, el cierre de centros comerciales, fábricas de producción, así como diversidad de actividades económicas y la paralización del comercio como lo conocíamos hasta hoy, presagiando así un período oscuro para el desarrollo de Centroamérica, que es al caso que me refiero en esta ocasión.

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El desconocimiento, la falta información precisa, aunado a la gran cantidad de desinformación sobre el Coronavirus, su forma de transmisión y sus posibles tratamientos y cura, encendieron como un fuego sobre una mecha, la avalancha de compras de pánico que se generó en productos sanitarios y farmacológicos que se escasearon casi en un instante, lo que provoco una súbito aumento de los precios de estos productos a cantidades poco costeables para personas de bajos ingresos, por ejemplo: la caja de mascarillas que sin pandemia tenía un costo que rondaba entre los 6 y los 8 dólares, llegaron a venderse por 26 dólares lo que a todas luces representaba un riesgo a la población ya que al no estar accesibles a las personas de bajos ingresos se incrementaba el riesgo de contagio.

A medida que pasaba el tiempo y se sabía un poco más de la enfermedad comenzaron a surgir diferentes teorías sobre medicamentos que podrían ayudar a  tratar la enfermedad, como la Ivermectina, Azitromicina, ibuprofeno, antigripales y la ya altamente famosa Hidroxicoloroquina, algunas de estas de venta exclusivamente bajo receta médica, se acabaron de los anaqueles en la farmacias y cuyos compradores en su mayoría las resguardan como un tesoro familiar por si les tocaba la terrible lotería del COVID19 y tenían que usarla, lo que también puso en alerta a las autoridades de los países que sin embargo por si solos no han podido combatir el desabastecimiento, siendo ellos mismos victimas de tales efectos.

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Sin embargo hay un sector que ha sido clave en esta pandemia en nuestros países y que ha estado en primera línea del combate a la enfermedad, pero que muy poco se reconoce, me refiero al sector farmacéutico local, los países con laboratorios farmacéuticos fuertes han sabido hacer frente a la pandemia en la región y más aún cuando los gobiernos colaboran y reconocen que este sector es estratégico para la salud de un país, en una plática reciente con la Presidenta de la Asociación de Industriales Químico-Farmacéuticos de El Salvador (INQUIFAR) y miembro de la Asociación Latinoamericana de Industrias Farmacéuticas (ALIFAR), Carmen Estela Pérez, asegura que las plantas farmacéuticas de Latinoamérica han tenido que realizar esfuerzos extraordinarios para mantener abastecido el mercado, para el caso de El Salvador que es el que más conoce, asegura que pese al impacto de la pandemia en el sector y la dificultad en la compra e importación de materia prima, los laboratorios salvadoreños ha estado trabajando sin descanso, incluso han doblado turnos para que los medicamentos no dejen de producirse y estén al alcance la población, no solo el caso de alcohol gel, si no también multivitamínicos y otros que son altamente consumidos por un sector de la población con padecimientos crónicos como, Diabetes, Hipertensión, enfermedades coronarias y otras que en pandemia necesitan más atención, asegura la Presidenta de INQUIFAR.

Según la representante sectorial, la medicina más cara es la que no se encuentra, y por eso el compromiso ha sido mantener los mercados abastecidos, manteniendo el precio de los medicamentos pese a la elevación de costos de producción que ha significado la pandemia. 

Para este sector a excepción de Costa Rica cuyo mercado principal es la caja de seguridad social del Estado, el mercado privado ha tenido especial relevancia en los demás países de Centroamérica y ha ayudado a mantener económicamente activo al sector farmacéutico y evitando que el impacto por la enfermedad haya sido mayor  que como los ha sido en otros sectores que se han visto impactados grandemente durante la pandemia como ejemplo el turismo donde sus ingresos cayeron a niéveles de supervivencia.

Según datos de la región las exportaciones de productos farmacéuticos centroamericanos cayeron estrepitosamente durante los meses de Marzo, Abril y Mayo, logrando una tímida recuperación en los últimos meses, sin embargo se prevé que estas no alcancen ni siquiera las cifras del año anterior.

Pero volviendo al origen de este artículo esta pandemia deja una serie de lecciones aprendidas, entre ellas que los gobiernos deben apostar a la educación científica, médica y farmacológica, deben declarar a la industria farmacéutica como estratégica en incluirla en sus objetivos de desarrollo, ayudando a facilitar fondos para investigación y desarrollo de nuevos fármacos y preparar así las condiciones para enfrentar una eventual nueva pandemia que pudiera surgir en un futuro, solo de esta manera lograríamos minimizar el impacto en vidas y la economía que traen consigo este tipo de fenómenos virales que afectan la salud humana.

*Periodista Salvadoreño y conductor del programa Al Cierre.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.

 

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