María se graduó de la universidad con el mejor promedio de su promoción. En su discurso de graduación compartió, de forma valiente, su más temible secreto: ser uno de los 700,000 jóvenes conocidos como dreamers, quienes han vivido bajo el temor de ser deportados por haber llegado de manera ilegal a Estados Unidos cuando todavía eran menores de edad.

Por muchos años el tema de la inmigración ha sido objeto de fuerte controversia entre los integrantes de los partidos Demócrata y Republicano, lo que ha descarrilado toda solución legislativa a esta población, que desde su niñez se siente estadounidense; inclusive muchos solamente hablan inglés y asistieron a centros educativos que procuraron su mejor integración.

Con la finalidad de brindarles una puerta de esperanza, en el año 2012 el presidente Barack Obama creó el programa de “Acción Diferida para los Llegados en la Infancia”, conocido como DACA, por sus siglas en inglés.

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Para obtener la protección era necesario contar con varios requisitos, entre los cuales está haber llegado a Estados Unidos como menor de 16 años, contar con una residencia continua desde 2007, haber concluido la secundaria o tener el Certificado de Desarrollo General y no contar con condenas, entre otros.

El poder del DACA

Hoy estos jóvenes, que en su media llegaron a la edad de seis, tienen 24 años; 91% se encuentra con empleo y 72% persigue el sueño de ser un graduado universitario (de acuerdo con datos previos a la pandemia del Covid-19).

Al integrarse al mundo laboral y contar con el DACA se les da la oportunidad de trabajar legalmente, obtener carné de seguridad social, abrir cuentas corrientes, tener récord crediticio, acceder a seguros de salud y, sí, deben pagar impuestos.

Un 90% de ellos provienen de América Latina, siendo el porcentaje mayor de México, pero también hay un importante número de centroamericanos, especialmente de Guatemala, Honduras y El Salvador.

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Su contribución a la economía y a las empresas es tan importante que, en 2017, más de 800 compañías pidieron a los congresistas solucionar de forma definitiva la situación de estos jóvenes, que son un talento muy apreciado por las empresas, entre las que destacan Amazon, Google, Facebook y Microsoft.

Sustentadas en el estudio Cómo la diversidad puede impulsar la innovación, publicado por Harvard Business Review en 2013, dichas empresas señalaban que contar con administradores diversos facilita el crecimiento en ventas y nuevos mercados.

El factor Trump

En los últimos dos años, estos jóvenes volvieron a temer a la deportación, pues la administración de Donald Trump intentó suspender el DACA, lo que se evitó por una resolución de la Corte Suprema de Estados Unidos en una reñida votación de 5-4 en la que John Roberts (conservador y presidente del organismo) dio la mayor sorpresa al sumarse a los cuatro magistrados liberales.

Esto fue un duro golpe para Trump, pero un respiro para miles de jóvenes, cuyo futuro será determinado por el resultado de las elecciones de noviembre, pues el tema no fue resuelto de fondo y la permanencia del programa podrá ser nuevamente impugnada.

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Un llamado también para los integrantes del próximo Congreso, cuya legislatura iniciará en enero de 2021: el país tiene una deuda moral con estos jóvenes, por ellos y por los 460,000 millones de dólares (mdd) que contribuyen al PIB, más los 25,000 mdd en cargas sociales e impuestos.

En una diplomacia inteligente, los dreamers podrían constituirse además en un poderoso puente con la región.

*Nuria Marín es empresaria y analista
Twitter: @Nuria_MarinR

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