Por Avil Ramírez Mayorga

Además de las dolorosas vidas perdidas, muchos contratos y relaciones comerciales se han visto afectados debido al nuevo coronavirus, modificando considerablemente las condiciones que imperaban al momento de la firma de los acuerdos.

Los efectos que ha tenido la pandemia del Covid-19 difícilmente pudieron haberse previsto. La idea de una catástrofe de tal proporción nunca pasó por la cabeza de los organizadores de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020
o de las principales aerolíneas.

Pensemos en un cinema que, luego de un estudio de factibilidad, decide abrir un local en el centro comercial más exclusivo de la ciudad.

La inversión será considerable, dado que se contará con las comodidades requeridas por el tipo de visitantes que concurren a dicho lugar. Ahora bien, sucedida la pandemia y tratando de regresar a la vida social, ¿usted cree que a corto o mediano plazo llegará un número de clientes similar a lo estimado originalmente?

Tomando este ejemplo, vemos un desproporcionado aumento en el valor pagado por el local, dada las nuevas condiciones. Y es acá donde surge la figura del Rebus sic stantibus o “Teoría de la imprevisión”, con el fin de ajustar los desbalances contractuales que se dan en hechos imprevisibles, como esta pandemia.

Ahora bien, no hay que confundir la Teoría de la imprevisión con otras figuras como la fuerza mayor o el caso fortuito, ya que, si bien comparten semejanzas, también se diferencian por un elemento clave, como es la posibilidad de ejecución del contrato.

Dicho de otra forma, y con el ejemplo del cinema, ante una situación de caso fortuito o fuerza mayor —pensemos en un terremoto— la ejecución de la obligación se torna imposible por el hecho de que el centro comercial se derrumbó.

En cambio, ante el hecho imprevisible de esta pandemia, amparado en el Rebus sic stantibus, las obligaciones se podrán ejecutar, pero la equivalencia económica entre las partes se verá seriamente alterada, debido a que el canon de arrendamiento que el cinema pagará será desproporcionado, de acuerdo con el bajo flujo de ingresos que tendrá el local, como resultado del temor de la ciudadanía a las aglomeraciones en espacios cerrados.

Esta figura puede ser una caja de Pandora por lo subjetivo del concepto de “hecho imprevisible”.

Alemania e Italia han sido cautelosos al tratar su invocación, por lo que su regulación sería conveniente para los países centroamericanos, con el fin de delimitar su aplicación.

En Nicaragua se infiere esta figura del llamado a la equidad, que hace el Código Civil en su artículo 2480, cuando afirma que “los contratos obligan tanto a lo que se exprese en ellos, como a las consecuencias que la equidad, el uso o la ley hacen nacer de la obligación”.

La doctrina identifica los siguientes requisitos para invocarla:

1) Ser contratos de tracto sucesivo;

2) Cambio extraordinario e imprevisible a las circunstancias originales;

3) Que tal cambio imponga una desproporcionada prestación con relación a lo pactado; y

4) Que no medie culpa o dolo de la parte afectada.

Asimismo, los efectos de su invocación son:

1) Revisión o reajuste de algunas prestaciones del contrato para equilibrar el desbalance;

2) Suspensión, si el hecho resulta que es temporal, en cuanto no se restituyan las condiciones originales; y

3) Terminación, de no ser posible el reajuste.

Así es como encontramos una valiosa herramienta en el Rebus sic stantibus o Teoría de la imprevisión, con la finalidad de proteger a las empresas de los efectos de hechos imprevisibles, como el de Covid-19.

*Abogado Asociado en CENTRAL LAW en Nicaragua

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