Los helicópteros Black Hawk, que la Guardia Nacional de Estados Unidos utiliza para misiones de combate y servicios humanitarios, sólo eran pilotados por hombres, hasta que la dominicana Marisol Chalas demostró que las oficiales también pueden encabezar con éxito los proyectos de una tropa militar.

La teniente coronel abrió las puertas al ascenso de mujeres latinas a posiciones del ejército estadounidense en el que prevalecía el liderazgo masculino, a base de mucha disciplina, constancia, formación académica y haciendo oídos sordos a quienes le auguraban el fracaso.

“Algunas veces no ha sido fácil. Cada vez que me dicen que no puedo, por ser mujer, es un impulso para mí para trabajar más fuerte. Nunca permitas que nadie te diga que no puedes y te quite tus sueños”, afirma.

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El origen

Chalas nació en Baní, una pequeña comunidad al sur de la República Dominicana, de donde emigró cuando tenía nueve años para reunirse con sus padres en Estados Unidos, quienes se habían adelantado en el viaje, a principios de los 80, en busca de una mejor calidad de vida.

Cuando a inicios de la década de 1990 cursaba el último año de la escuela secundaria, en el estado de Massachusetts, decidió integrarse a las filas de la Armada de Estados Unidos, con el propósito de costear sus estudios de Ingeniería Marítima en la Massachusetts Maritime Academy.

Una década más tarde se mudó a California para trabajar en General Electric, en el área de Generación de Energía de la planta nuclear de esa corporación, a la par de que ingresó a la Guardia Nacional de ese estado.

Al año siguiente, la empresa la trasladó a sus oficinas en el estado de Georgia, donde aprovechó para ingresar al programa de entrenamiento Army Initial Entry Rotary Wing, en Fort Rucker, de la academia militar de esa entidad; fue la única latina en medio de 3,000 pilotos que se entrenaban para volar un Black Hawk.

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El miedo

En 2001 se convirtió en piloto y más adelante concluyó maestrías en Administración de Negocios y en Asuntos Legislativos. A partir de entonces, participó en misiones en la zona de guerra al sur de Irak, trasladando soldados, pero nunca le tocó disparar un misil.

“Sólo una vez sentí temor cuando aterrizaba en Irak, porque esa vez supe que una semana antes habían derribado a un Black Hawk en esa zona; cuando eso ocurre no debes permitir que el miedo te paralice”, afirma.

Chalas ha participado en varias misiones humanitarias a bordo de un avión de combate que también funciona como ambulancia. Por ejemplo, ofreció asistencia cuando ocurrió el terremoto en Haití, que dejó alrededor de 300,000 muertes en 2010.

El vuelo

Pero su misión humanitaria más memorable es “Nuevo Horizonte”, en la que soldados norteamericanos trabajaron en la provincia Barahona, al sur de República Dominicana, por un periodo de cuatro meses, construyendo cuatro clínicas y ofreciendo servicios médicos a unas 18,000 personas.

Cuando vuelo un Black Hawk me siento libre, como si fuera un águila, me encanta”, afirma la piloto.

Desde el año pasado, Marisol forma parte de las filas de la Reserva del Ejército, en el que ahora cumple con un proyecto de dos años para asistir a las fuerzas armadas en los temas legislativos que le competen en el Congreso estadounidense.

Cuando culmine ese plan, el año próximo, le tocará decidir si regresa a la Guardia Nacional o asume otros roles como oficial en la Reserva.

Yo quisiera que muchas más mujeres que ya llegaron a la cima recuerden de donde vinieron y se dediquen a ayudar a las demás mujeres que también desean subir”, concluye la dominicana.

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