Las mujeres de Centroamérica y República Dominicana (CARD) continúan ganando altas posiciones en la vida laboral de la región e incluso de otras partes del mundo, lo mismo en el sector empresarial, que en el público, en el deporte, la ciencia o en el arte. Sin embargo, a pesar de sus grandes capacidades, todavía tienen que abrirse paso en un entorno inhóspito.

Así lo demuestra el Índice de Mejores Trabajos, elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID, con datos de 2018), en el que sólo Panamá se ubica en las primeras posiciones a la hora de medir las condiciones de empleo para el sexo femenino en los rubros de participación laboral, ocupación, formalidad y trabajos con salario suficiente.

En Latinoamérica el número uno es Uruguay (64.37 puntos de 100), seguido de Chile (54.74) y del país canalero (52.67). Al adentrarnos en la región vemos que Costa Rica ocupa el lugar seis (48.50) y de ahí saltamos hasta República Dominicana, en el escaño 12 (45.36).

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Lamentablemente, los últimos cuatro de los 17 sitios son para El Salvador (37.37), Nicaragua (37.12), Honduras (37.01) y Guatemala (28.37).

Rendimientos millonarios

De este modo, CARD está dejando pasar una gran oportunidad de capitalizar talento y por lo tanto de lograr mejores resultados económicos a nivel gubernamental, pero también en el ámbito privado, como lo evidencian las ganancias obtenidas por diversas organizaciones que optaron por dar el mando a las mujeres.

Por ejemplo, el estudio Cuando las mujeres lideran, las empresas ganan, elaborado por Quantamental Research, de S&P Global, indica que las compañías con directoras de finanzas (cfos) fueron más rentables y generaron un exceso de ganancias acumuladas de 1.8 billones de dólares en un periodo de 17 años.

En los 24 meses posteriores a su nombramiento, las CEOs de las empresas estudiadas obtuvieron un aumento del 20% en el impulso del precio de las acciones y las CFO registraron un crecimiento del 6% en rentabilidad y 8% mayor rendimiento de las acciones.

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En su análisis, la calificadora concluye que las mujeres en los altos puestos directivos aportan factores como cultura de diversidad e inclusión a las compañías, tienen estándares más altos, así como los mismos atributos que se relacionan al éxito de los ejecutivos masculinos.

Poder femenino

Y por ejemplos no paramos en la región. Basta con ver la carrera de Ileana Rojas, quien tras 22 años en Intel, el año pasado alcanzó la Dirección General de la empresa en Costa Rica, donde conduce diversos centros vitales para la trasnacional y a más de 2,000 personas; como detalle, pasó mucho tiempo hasta que tuvo una computadora propia.

Lo mismo ocurre con la dominicana Neyvi Tolentino, quien implementó en su despacho jurídico el robot RoBerta, que responde consultas de los clientes al instante, además de que organiza expedientes.

Y así nos podemos seguir con la tica Elizabeth Odio Benito, presidenta de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Norma J. Torres, la única congresista de origen centroamericano en Estados Unidos o la hondureña Elena Aguilera, una ingeniera biomédica que cofundó Gualá, una ONG que dona prótesis impresas en 3D.

Las estadísticas y las historias de vida evidencian que si algo saben las mujeres es dar resultados, así que más vale darles el mando y capitalizar su potencial.

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