EFE.- El nuevo arzobispo metropolitano de Ciudad de Guatemala, Gonzalo de Villa, clamó este jueves por el fin de las pandemias del COVID-19, de violencia y de “hirientes desigualdades” en el país, en un discurso proclamado durante la ceremonia de investidura.

“Dios quiera que esta epidemia que nos golpea hoy, la pandemia del COVID-19, pero sobre todo la pandemia más antigua de exclusiones y privilegios, de violencia y crimen, de hirientes desigualdades, vaya aplacando y que como iglesia sepamos contribuir a ello”, exclamó de Villa, quien sustituye a su predecesor, Óscar Julio Vián, fallecido de cáncer en 2018.

 De Villa, nacido en Madrid hace 66 años, será el arzobispo 37 de la Arquidiócesis de Santiago de Guatemala (en la capital del país centroamericano) después de haber sido nombrado por el papa Francisco el pasado 9 de julio.

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En su discurso inaugural, que comenzó con unas palabras en kaqchikel, De Villa aseguró que “Dios siempre consuela” y subrayó que en estos tiempos el país necesita consuelo, así como lo necesita “la iglesia, las familias, los sacerdotes, los más vulnerables de nuestra sociedad, los enfermos” y, sobre todo, “mucho ánimo a los trabajadores de la salud, médicos, enfermeras y al personal sanitario”.

Mencionó que era contradictorio de su parte pedir “cercanía” en “tiempo de obligado distanciamiento”, pero explicó que buscará una “cercanía con sacerdotes y religiosas, con parroquias y laicos, en gestos y escuchas, en dedicar lo mejor de mi tiempo a esa cercanía y acompañamiento. Es cercanía del corazón, es preocuparme por atender situaciones personales delicadas, por animar a desanimados, por fortalecer a desalentados”.

De Villa admitió que como enviado del papa Francisco “sólo muy poco” podrá “hacer”, pero confió que “en la bondad de tantas personas” para ayudarlo “a ser pastor”. “La gran misión no es mía, es la de esta iglesia en particular que lleva el nombre de Santiago Apóstol”, añadió.

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PARA LAS GRANDES MAYORÍAS

Durante su intervención, que fue atendida por el vicepresidente guatemalteco, Guillermo Castillo, De Villa sostuvo que “hablar de los pobres es hablar de aquellos que son bienaventurados. De las grandes mayorías pobres y tantas veces empobrecidas en nuestra Guatemala”, como en “el Corredor Seco y sus hambrunas”.

El nuevo arzobispo metropolitano esgrimió que su deber sagrado será “luchar contra la miseria y la pobreza” y concluyó que la iglesia que él dirige “es principalmente una iglesia de pobres, sociológicos y de espíritu, humillados y postergados, de presos encarcelados víctimas muchas veces de un sistema inoperante de justicia; de migrantes y refugiados, de familias ejemplares y rotas”.

De Villa, quien dirigió la diócesis de Sololá y Chimaltenango (departamentos al oeste del país) durante trece años, preside además la Conferencia Episcopal de Guatemala desde 2017 y este año fue confirmado por otro período de tres años más.

El nuevo arzobispo metropolitano ingresó en 1974, a sus 20 años, al noviciado de los jesuitas en la República Dominicana, estudió Filosofía en México y se especializó en la misma materia en Nicaragua.

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También estudió Teología en Caracas, Venezuela y en Canadá obtuvo un máster en Pensamiento social y político y un diploma en Estudios latinoamericanos.

De Villa fue ordenado sacerdote en Panamá, en 1983 e hizo “votos perpetuos” en la Compañía de Jesús en febrero de 1993, según indicó un boletín divulgado por El Vaticano.

De acuerdo a diversos sondeos, el 45 por ciento de los 16 millones de guatemaltecos profesan la religión católica y un porcentaje muy similar afirma ser evangélico o protestante.