Por Uriel Naum*

Más de 75 millones de dólares es lo que pedían inicialmente unos hackers al gobierno de Argentina por devolverle unas bases de datos migratorias que secuestraron hace apenas unos días.

El riesgo fue no solo la posible desaparición de información crucial sobre quién entra y quién sale del país, sino que los propios migrantes que trabajan o estudian en Argentina quedarían prácticamente en el limbo de la “ilegalidad”.

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Y si para los gobiernos la ciberdelincuencia significa un gran reto en la nueva era digital, lo es mucho más para las empresas, sobre todo para las medianas y pequeñas (pymes) que realmente no cuentan ni con los recursos económicos ni humanos para hacer frente a esta situación.

El tema toma relevancia en este momento en que todas las empresas corren desesperadas hacia la era digital para poder sobrevivir, después de que Covid-19 ha venido a acelerar un proceso en el que debieron subirse mucho tiempo atrás.

Su desesperación por ser parte de la nueva era digital se observa en el boom de foros virtuales sobre el tema y en el crecimiento de la demanda de especialistas de TI, que son de los más beneficiados con la pandemia.

Todas las compañías quieren tener una interfaz de comunicación con sus clientes, todas quieren contar con procesos digitales internos, todas desean generar sus propios showroom virtuales para mostrar sus servicios o productos…

El tema es que, en su desesperación, muy pocas empresas piensan en este momento en la ciberseguridad y se toman enserio cómo la ciberdelincuencia pueden acabar con su empresa. Solo un dato: 60% de las pymes afectadas cierran en un lapso de 6 meses, según un estudio de la aseguradora Zurich.

La ciberseguridad no es un tema que no hayamos abordado antes en este espacio, pero esta insistencia busca ser una alerta más para el mundo empresarial, pues como el Covid-19 a los humanos, la ciberdelincuencia pone cada vez más en riesgo la sobrevivencia de las empresas.

*El autor es periodista de negocios en Latam y consultor en reputación empresarial.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.