Por Jazmín Fallas*

Hace un año un fuerte grito de auxilio de una mujer y un golpe a mi puerta me enfrentó de cara a la forma más cruda de violencia de género, fueron segundos entre su grito y un silencio más perturbador. En ese momento no perdí un segundo para solicitar ayuda al 911. Ver el rostro de esa mujer a quien esos segundos le salvaron la vida fue el momento que comprendí que esto es un mal que nos compete a todos.

En Costa Rica estas últimas semanas nos hemos enfrentado a una serie de casos estremecedores de feminicidios, que lastimosamente no son casos aislados. Según el  Observatorio de Violencia de Género contra las Mujeres y Acceso a la Justicia hacia agosto del presente año ha habido 58 muertes violentas y de estas, nueve se han tipificado según la ley como feminicidio y 36 casos aún se encuentran en investigación.

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Enmarcar la violencia de género únicamente en los femicidios es invisibilizar otras formas de expresiones violentas como los son: la desigualdad de oportunidades y la brecha salarial que llega al 27%, el acoso laboral y académico, la violencia doméstica que se refleja en las 132 medidas de protección que se interponen diariamente, el ciberbullying y el acoso callejero que de acuerdo al II Estado de los Derechos Humanos de las Mujeres en Costa Rica detalló que un 70% de las encuestadas se ha enfrentado a algún tipo de violencia en áreas públicas. En este último, Costa Rica dio un avance al aprobar la Ley de Acoso Callejero donde se aumentaron las penas y se incluyeron nuevas formas dentro de su tipificación.

Pero lo expuesto anteriormente nos lleva a cuestionarnos si al ser un tema que nos afecta a nosotras directamente por el hecho de ser mujeres nos debe competer únicamente a nosotras… la respuesta es no.

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Volviendo al panorama de descontento de la población costarricense, recientemente se llevaron a cabo distintas manifestaciones de malestar y donde se exigen soluciones gubernamentales. Una fue el movimiento en redes sociales “Nací para ser Libre, no para ser asesinada” frase que acompañaba a los marcos de las fotos de perfil. Como respuesta por parte de la comunidad masculina y en apoyo surgió “Nací para cuidarlas, no para maltratarlas” lo que desató toda una ola de opiniones encontradas… pero esto es un reflejo de la necesidad aún latente de educar y romper estereotipos ya que en este discurso se están replicando patrones que más que respetar nuestra libertad se nos condiciona a la necesidad de ser protegidas. Pero debemos ser cuidadosos y no caer en una lucha separatista de géneros buenos o malos, sino por el contrario de crear acciones en conjunto, dentro de las que propongo:

Reforma legal: que evalúe las penas que existen en la actualidad, los beneficios carcelarios de reducción de penas, los años carcelarios, la efectividad de las medidas cautelares y los procesos de denuncia e investigación para evitar impunidad en la violencia de género.

Creación de espacios para la información y educación: haciendo énfasis en los que se orienten en procesos de deconstrucción de roles tóxicos de género por ejemplo, los mandatos sociales de masculinidad que les impide mostrar abiertamente sus emociones y de intimidad, los que los hace pensar en una superioridad y por ende un poder sobre nuestro cuerpo o decisiones, o los que hacen que cuestionen la capacidad o inteligencia de una persona por ser mujer – el mansplaining y otros micromachismos.

Responsabilidad de los medios de comunicación: es vital aceptar el rol y compromiso de estos y cómo se puede cambiar los discursos de re-victimización a hacia otros que evidencien la problemática y se construya una narrativa de roles de género sanos.

Lo anterior es un esfuerzo y lucha en conjunto por una sociedad en donde cada ser humano pueda vivir libre y explotar su potencial sin vivir con miedo.

*Directora y fundadora de la Fundación BoaPaz para el empoderamiento de poblaciones en vulnerabilidad. Ganadora del Premio Nacional de Juventudes Jorge Debravo.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.