Por Liliana Flamenco

El 17 de julio el conductor de una grúa amenazó con arma de fuego a un motociclista luego de envestirlo, en el video grabado por el mismo motociclista, se observa con total claridad cuando el conductor saca un arma de fuego y le apunta. El hecho ocurrió a plena luz del día, pasadas las 2:30 de la tarde en una autopista de San Salvador.

Días antes que el gobierno decretara encierro por el Covid-19, Melvin Omar Quezada Hernández, de 34 años y jefe de seguridad del ministro de Medio Ambiente (Para ese entonces), disparó a un automovilista en el sector conocido como El Trébol, en el desvío al Puerto de La Libertad, en Santa Tecla, El Salvador. Hecho ocurrido también a plena luz del día, en horas de la tarde.

La misma violencia, la misma intolerancia. Dos momentos similares en dos circunstancias distintas, el antes y durante el encierro por la pandemia.

Recordemos que El Salvador es considerado uno de los países más violentos del mundo por las tasas de 103 y 36 homicidios por cada 100.000 habitantes de 2015 a 2019. La media mundial se sitúa en el 6,1.

Sigue la información de la pandemia de coronavirus y su impacto en la economía

Naciones Unidas considera que cualquier país que supera los 10 homicidios por cada 100.000 habitantes sufre una epidemia de violencia. Según los datos oficiales, El Salvador registró 3.340 homicidios en todo el año 2018.

Lo ocurrido me llevó a contestar la pregunta que en algún momento me hice –y creo que la mayoría- cuando nos encontrábamos en pleno confinamiento, ¿Cómo será la vida cuando el encierro o confinamiento se levante paulatinamente? ¿Cómo seremos por dentro? Será que habrá una cultura de empatía y menos actos de violencia y agresividad? El 2020 está dejando duras lecciones.

El gobierno de El Salvador se dispuso a reabrir su economía a partir del 23 de agosto, después de más de 100 días de paralizar casi el total de las actividades comerciales y otros sectores para poner freno al coronavirus que aun sigue azotando no solo al país, sino también a la región y a buena parte del mundo. Ese día, casi todo volvió a esa nueva normalidad, por ejemplo, el tráfico y sus congestionamientos. Pero fue desalentador observar el mismo escenario previo a la pandemia, agresividad al volante, homicidios, violencia contra la mujer, aunque éstos no pararon en el confinamiento, sí hubo una reducción considerable.

Siempre he creído que la salud física y mental son de los ingredientes más significativos para ser feliz. Además, un ciudadano necesita certeza estructural en su entorno, la cual es provista por el Estado. Y no, no estamos hablando de dinero, sino de, entre otras cosas, seguridad jurídica, cosa que los salvadoreños hemos extrañado en el entorno Pandemia, gracias a los constantes choques entre órganos de Estado.

Tanta ha sido la lucha de poderes, que decenas de organismos internacionales, como las Naciones Unidas y la Unión Europea, han manifestado su preocupación por la situación salvadoreña.

Definitivamente el virus del Covid-19 ha tocado a muchas personas, la pandemia, cambió por completo a la humanidad, su rutina diaria, económica, familiar, laboral, sin diferenciar estatus sociales, todos hemos vivido distintos tipos de luto, afectando la estabilidad emocional, es decir, las razones para estar estresados, ansiosos o deprimidos son muchas hoy en día.

Leer: Hoteles alojarán a víctimas de violencia intrafamiliar en México por Covid-19: ONU

La Organización Mundial de la Salud, recientemente, advirtió sobre los efectos de la pandemia en la salud mental, dijo que millones de personas de todas las edades están viviendo episodios de estrés, depresión y ansiedad a causa de la pandemia, no solo por temor al contagio del virus, sino también por los efectos colaterales, como el encierro mismo y todo lo que conlleva.

“Sabemos que estamos pasando por una situación muy estresante ahora mismo, no sabemos qué es lo que va a pasar, muchos conocemos o tenemos amigos o parientes que han enfermado o muerto por el virus y todo esto causa incertidumbre y nos hace preguntarnos qué pasará mañana”, dijo Devora Kestel, sicóloga y directora de salud mental de la Organización Mundial de la Salud en un seminario virtual.

Para la psicóloga y psicoterapeuta, Gloria Dada, “la depresión ha florecido con la pandemia, uno de los síntomas puede ser la irritabilidad, provocados por las alteraciones del sueño o ansiedad, las dinámicas de interacción social están interrumpidas, la inseguridad y duda, que está relacionado al autocuido en una cultura insegura y violenta, en la  que su desconfianza muchas veces la traslada precisamente en violencia”.

Esta situación ha alertado a especialistas en salud mental y organizaciones como la Organización Mundial de la Salud, OMS, para informar sobre el tema y desarrollar programas que puedan ayudar a las personas a combatir y prevenir los efectos en la salud mental debido a la pandemia.

La OMS ha desarrollado en su página web una serie de contenidos con el objetivo de ayudar a las personas combatir el estrés o las situaciones que pueden generar este y otros sentimientos como frustración y desespero. La sección se llama “Sanos en Casa”, se comparte información sobre cómo mantenerse activos físicamente, cuidar la salud mental y comer saludablemente.

Las preguntas y dudas no terminan sobre el futuro incierto, principalmente para las nuevas generaciones. A esta generación se le ha cortado en su pleno periodo de desarrollo social, aislados, con inseguridad y desconfianza. Pero ¿Hay esperanza? La vacuna sería un paso fundamental, la recuperación económica y social, etc. pero nada de esto será de mucha utilidad si desde dentro no hacemos un trabajo sincero hacia una verdadera Nueva Normalidad, donde reine la tolerancia, la empatía, pensar primero en las necesidades del otro (principalmente en el ambiente familiar) y tener una visión de país.

*Comunicadora, periodista y conductora del programa Al Cierre

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.