Por Francisco Coll Morales

La economía de Centroamérica se enfrenta a una dura encrucijada. La debilidad estructural que presentan estas economías, teniendo en cuenta la elevada dependencia de determinados sectores poco diversificados, así como los desastres que, junto a la corrupción y los elevados índices de delincuencia, lastran su progreso, están provocando que la región, se vea abocada a solicitar ayuda a terceros.

Ante la imposibilidad de actuar de forma unilateral para responder a la pandemia del nuevo coronavirus, los países que la integran necesitan mecanismos, así como recursos, para salir del atolladero en el que se encuentran inmersos.

Desde el deterioro que ha vivido el sector exterior, hasta los desastres que han acabado con las cosechas que sustentan el gran peso del sector primario en dichas economías, Centroamérica presenta un escenario que, ante la situación actual, ensombrece su futuro.

No solo hablamos de una pandemia que ha devastado al elenco de economías en el planeta, sino de una situación que, para la región, y antes de la pandemia, se mostraba complicada.

Hablamos de una situación en la que la economía centroamericana ya mostraba síntomas de una ralentización que, como avisaba el Fondo Monetario Internacional (FMI), se estaba dando de forma sincronizada en todas las naciones, con mayor incidencia en aquellas más vulnerables como Centroamérica.

Los desastres que han ido sacudiendo a lo largo de estos años a estas economías. La delincuencia en determinados territorios; la debilidad institucional y la evasión fiscal; la corrupción y el narcotráfico; los desastres naturales que se cebaban con un sector que presenta un gran peso para su economía.

Todo ello, en agregado a una pandemia que ha devastado a aquellos sectores que quedaban vivos y continuaban desarrollándose con normalidad, dejan un escenario insólito que no encuentra precedentes en su serie histórica hasta la década de 1930, cuando la región, así como todo el planeta, atravesaba los efectos de la Gran Depresión, ocasionada tras el conocido Crack de 1929.

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Por esta razón, la caída que han experimentado determinados sectores como el turístico, el cual soporta una gran parte de la economía de la región, el deterioro en los precios de las materias primas, así como la propia ralentización del comercio global, ante una paralización forzosa y el cierre de fronteras, ha llevado a la región a considerar la situación muy cuidadosamente; máxime, cuando el horizonte vislumbra la posibilidad de que nuevos rebrotes amenacen a la economía hasta el punto de volver a un confinamiento pleno.

Características de la región

A pesar de parecer una situación no tan preocupante por la brutalidad que presentaba la pandemia en su primera fase y la brutalidad que, esta vez, presenta, debemos tener en cuenta que hablamos de Centroamérica.

Una región que no cuenta con recursos como para afrontar los efectos de un nuevo confinamiento; pues si España, de acuerdo con los indicadores que ofrece la OCDE, se vería profundamente afectada de darse un nuevo confinamiento, ni que decir de la situación en la que quedaría Centroamérica.

Además, todo ello teniendo en cuenta la escasez de recursos en materia sanitaria, así como la imposibilidad de atender a los pacientes ante semejante escasez de personal sanitario para atender la pandemia, que, dicho sea de paso, compromete, también, a la región.

De esta manera, obligándola, de forma indirecta si quiere considerarse así, a adoptar medidas que impidan el descontrol del virus en dicho territorio.

Por tanto, para afrontar dicha situación, Centroamérica ya ha comenzado a identificar el camino a seguir; para ello, con ayuda del FMI, entre otros organismos, que tratan de paliar el efecto de dicha crisis en la región.

En este sentido, de acuerdo con los pronósticos, la caída del PIB que prevé experimentar la región es muy abultada. La paralización forzosa de la actividad, sin mecanismos para salvaguardar la pérdida de capacidad productiva, está agravando la situación en materia de desempleo y desigualdad.

Por esta razón, los pronósticos que se han ido publicando a lo largo de estos meses ofrecen una caída del Producto Interior Bruto (PIB) de la región que ya se sitúa en los 26,000 millones de dólares; equivaliendo dicha cuantía al PIB total de El Salvador y Honduras, así como dos veces el del Nicaragua.

Esto ha animado a estas economías, a la vez que a solicitar ayudas externas a países como Estados Unidos o México, a adoptar medidas que parten de la asunción de un mayor nivel de endeudamiento para, con ello, tratar de inyectar capital en la región que permita a esta salir más airoso de dicha situación.

Todo ello, teniendo en cuenta el esfuerzo que dicha deuda supondrá en el futuro para las economías, pues deberán reforzar su sistema fiscal, así como sus instituciones, para poder mantener la estabilidad presupuestaria en el elenco de economías, de la misma forma que pueden afrontar la deuda contraída sin necesidad de recurrir, como ha ocurrido en Argentina, al default.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.